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Lucía Chiriboga: ‘En el futuro no se hablará del álbum familiar’

Lucía Chiriboga ha desarrollado distintos trabajos en la investigación sobre la fotografía del Ecuador. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO


Lucía Chiriboga es una de las pioneras en la investigación sobre la fotografía hecha en el Ecuador. Asimismo, es una de las fundadoras de la Corporación Centro de Investigaciones Fotográficas y de Comunicación Taller Visual.

¿De dónde salió la idea de abrir un espacio como Taller Visual?

Apareció en un momento de mi vida en el que decidí que, más que hacer mi obra, quería dedicarme a investigar cómo se había fotografiado a los pueblos indígenas del país. Con Lourdes Rodríguez, Soledad Cruz, Erika Hanekamp y Silvana Caparrini nos preguntamos cómo la historia y el devenir de la fotografía va influyendo en tu propia obra. Ahí decidimos crear el Centro de Investigaciones Fotográficas y de Comunicación Taller Visual. Eso fue en 1992. La primera investigación fue bella, pero difícil porque había muy pocos vestigios.

Cuénteme de esa investigación.

El trabajo de Taller Visual se inició con la publicación del libro ‘El retrato de la Amazonía, Ecuador 1880-1945’. Lo hicimos con Soledad Cruz y lo publicamos con Libri Mundi. La mayoría de información salió de lo que fueron los vicariatos de la Amazonía. Nuestro primer gran encuentro fue con Juan Botasso, él nos enseñó archivos de varias misiones. Luego fui de sacristía en sacristía y de sacerdote en sacerdote en busca de más archivos.

¿Qué personas aparecían en esas fotografías?

Los sacerdotes dando la comunión, bautizando y enseñando el catecismo. También había retratos de los indígenas. Para ese libro trabajamos con la antropóloga canadiense Blanca Muratorio. Ella sostiene que las mujeres y los hombres indígenas fueron obligados a posar para esas fotografías y que, sin embargo, en sus gestos y en su cuerpo se puede ver la resistencia a esa imposición.

Dicen que la fotografía es la puesta en escena de una  época, ¿usted cómo la ve?

El daguerrotipo, el ambrotipo, el ferrotipo y las primeras tarjetas de visita que se hacen en el país inminentemente son de la élite política y religiosa. Una de las fotografías más antiguas que se hicieron es el retrato de Juan José Flores. Son imágenes que fueron realizadas con el objetivo de que la sociedad visualice al poder en una imagen. En el siglo XIX también aparece la fotografía del otro, pero visto desde una mirada exótica.

Asimismo, eran tiempos en que se borraban a los indígenas.

Justo el segundo libro de Taller Visual es ‘Identidades desnudas’, en el que consultamos la obra de José Domingo Laso. Él, en un álbum de fotos sobre Quito, dice justamente que ha evitado sacar aquellos elementos que ‘afean’ el paisaje. Laso trabajaba con placas de vidrio del tamaño de una tarjeta postal. Sacaba la emulsión fotográfica donde estaba el indígena y ahí quedaba un espacio en blanco.

¿Y qué pasaba con las mujeres?

Si revisamos el archivo que tenemos el porcentaje de retratos de mujeres es mínimo, diría que no supera el 30 por ciento con respecto al retrato de los hombres. La presencia de la mujer se integra en el contexto de la aparición del retrato de familia, más como madre que como la representación de un individuo. En la fotografía históricamente ha sido una presencia marginal. Con Ana María Goetschel trabajamos en una investigación sobre el origen del feminismo en el país y en relación al retrato de la mujer y lo que encontramos fue mínimo.

Y en el siglo XX, ¿cómo cambió esa puesta en escena?

Con el avance de la técnica, la fotografía se desarrolló muchísimo. Aparecieron los estudios de fotografía en las ciudades y pueblos de todo el país. En el 2000, con Pepe Avilés, trabajamos un libro que se llama ‘Vecinos’, son fotografías de Fernando Zapata, que era el fotógrafo de Latacunga. Él iba de casa en casa fotografiando a toda la vecindad. Recuerdo que de niña iba con mi mami al estudio de Hugo Cifuentes. Uno se hacía fotos para el carné, pero también iba con la familia para el retrato. Luego, esas fotos formaban parte del álbum familiar.

¿Qué papel juegan los álbumes?

Si es que hay una huella del desarrollo de nuestras ciudades y de nuestros pueblos está justamente en los álbumes de familia, que en el país se conforman desde el siglo XIX.

¿Qué recuerdos tiene de su álbum familiar?

Mi álbum familiar es algo que tengo absolutamente presente. A través de mi padre recuperé los álbumes de mi abuelo, que era un dentista. Él aparece en una imagen de 1880. En ese tiempo la mayoría de retratos eran individuales, el lente de la cámara no daba para ampliar a un retrato grupal.

¿Qué estamos perdiendo las nuevas generaciones sin los álbumes familiares?

Evidentemente ahora hay un exceso de imágenes en el mundo. Son fotografías que con la misma facilidad que las haces las borras. Seguramente en el futuro no se hable del álbum familiar y ese es un problema porque la fotografía es memoria. Maurice Ponty dice que toda cultura es una continuación del pasado en el presente. Lo que estamos perdiendo sin el álbum familiar son esas fuentes de memoria.

¿Cómo nació su pasión por la fotografía?

Estudié psicología pero la fotografía se convirtió en mi opción cultural. Coincidió con el nacimiento de mis dos hijos. Me encontré con amigos que me invitaron a acompañar la protesta social. Mi trabajo estaba vinculado a las movilizaciones indígenas de los 90. Mucho de lo que fotografié  lo entregué al diario Hoy.

Cuénteme de las imágenes más dolorosas que haya capturado.

Hablar de ese tema es entrar a un momento delicado de mi vida. Otro de mis compromisos de trabajo, por esos años, también era con la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (Cedhu). Son las imágenes más duras a las que me he acercado. Me tocó ver personas muertas por excesos policiales. Eso me empuja demasiado a lo que está pasando en Colombia en estos momentos. Eran los años ochenta y noventa del siglo pasado.

Trayectoria
Es fotógrafa e investigadora de la historia de la fotografía en Ecuador. Fue directora del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. Su obra ha estado en muestras dentro y fuera del país, entre ellas ‘Desmarcados. Indigenismos, Arte y Política 1917 – 2017’.