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La escultora Yela Loffredo falleció a los 95 años en Guayaquil

Yela Loffredo escogió el barrio Las Peñas cuando su esposo Paul Klein, un árbitro mundial de ajedrez, le propuso dos sitios para vivir en Guayaquil. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Yela Loffredo escogió el barrio Las Peñas cuando su esposo Paul Klein, un árbitro mundial de ajedrez, le propuso dos sitios para vivir en Guayaquil. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Yela Loffredo escogió el barrio Las Peñas cuando su esposo Paul Klein, un árbitro mundial de ajedrez, le propuso dos sitios para vivir en Guayaquil. Foto: Archivo / EL COMERCIO

El manso Guayas la vio partir. Yela Loffredo de Klein falleció la tarde de este sábado 16 de mayo de 2020 en su casa del tradicional barrio Las Peñas, junto al río que fue su inspiración. Tenía 95 años.

Escultora, maestra, gestora cultural. Así la recuerda la comunidad artística de Guayaquil.

“Ella fue nuestra fundadora”, rememora Víctor Hugo Peña, presidente de la Asociación Cultural Las Peñas. “La primera exposición como asociación se hizo en la calle Numa Pompilio Llona, afuera de su casa. Ella formó una agrupación con pintores y escultores de la época, en 1966”.

Desde entonces han organizado 53 exposiciones ininterrumpidas, hasta el año anterior. Ahora, con la pandemia de covid-19, difícilmente se realizará.

Yela Loffredo nació el 22 de julio de 1924. Fue la decimotercera hija de Salvatore Loffredo, un emigrante italiano, y Julia Rodríguez, guayaquileña. Escogió el barrio Las Peñas cuando su esposo Paul Klein, un árbitro mundial de ajedrez, le propuso dos sitios para vivir en la ciudad.

Su casa era una galería que conjugaba delicadas piezas de pintura y escultura con los recuerdos de sus cinco hijos, nietos, bisnietos, también marcados por el arte.

Estudió en la Escuela de Bellas Artes, donde el maestro Alfredo Palacio Moreno le enseñó a moldear el bronce y la piedra. Con el tiempo aprendió a diseñar con marmolina, cobre, aluminio y resina.

Una de sus últimas obras reposa a orillas del estero Salado, en el malecón. Caballo brioso es un monumento de cinco metros de alto, una cabeza de equino con su crin al aire.

Con sus manos, Loffredo moldeó una carrera de éxito. Fue ganadora de reconocimientos nacionales y locales, entre los que destaca el Premio Nacional Eugenio Espejo a las Artes Plásticas, en 1999. Y por más de 40 años fue la directora cultural de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).

“Era un ícono, un referente. No se puede obviar su trayectoria como escultora, como suscitadora del arte y la cultural”, recuerda Fernando Naranjo, presidente de la Casa de la Cultural Núcleo del Guayas. “Es una verdadera pena que se vaya en un tiempo así. Si hubiera sido en tiempo de multitudes, una multitud la hubiera despedido”.

Peña dice que no olvidarán tan fácilmente a la coordinadora vitalicia de la asociación del barrio que fue su galería al aire libre. Por ella lograron establecer la Casa del Artista Plástico en Las Peñas. “Ese es uno de sus grandes legados. A partir de este año la casa se llamará Yela Loffredo”.

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