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Edward y la soledad del monstruo rechazado

‘El joven manos de tijera’, de 1990, fue protagonizada por Johnny Depp. Foto: outnow.ch

‘El joven manos de tijera’, de 1990, fue protagonizada por Johnny Depp. Foto: outnow.ch

‘El joven manos de tijera’, de 1990, fue protagonizada por Johnny Depp. Foto: outnow.ch

Tim Burton nunca pudo igualar lo que consiguió en ‘El joven manos de tijera’, filme que hoy cumple 30 años de haber sido estrenado. Se ha acercado un par de ocasiones, pero el director, nacido en California y amante de lo gótico, los universos irreales y los personajes insólitos, jamás nos volvió a mostrar una obra tan personal.

Por eso, en todos los ‘rankings’ y análisis de la trayectoria de Burton, hoy con 62 años y 23 películas dirigidas, sin contar las cintas en que fue productor, siempre aparece‘El joven manos de tijera’ (o ‘Edward Scissorhands’ en su versión original en inglés) como su obra cumbre.

Burton venía de obtener un éxito arrollador con ‘Beetlejuice’ (1988, USD 15 millones de presupuesto y 74 millones de recaudación) pero sobre todo con ‘Batman’ (1989, USD 20 millones de presupuesto y 411 millones de recaudación).

La experiencia personal en estas superproducciones no resultó del todo satisfactoria porque se trababa de personajes ajenos a su inventiva. Deseaba filmar algo íntimo y poético, pero con el presupuesto suficiente para reflejar sus ideas.

El germen de ‘El joven manos de tijera’ fue un dibujo de Burton, cuando era adolescente. La pregunta que se hacía mientras graficaba al personaje principal, Edward, era: ¿cómo se sentiría una persona con manos en forma de cuchillos, pero también lacónica y solitaria, al fracasar en su intento por comunicarse con sus vecinos? Cuando tuvo tiempo para afinar la propuesta, cambió los cuchillos por las tijeras, aunque mantuvo el cabello alborotado, la palidez y la ropa negra.

Burton fue animador de Disney, así que desarrolló sin problema la estética, pero no era buen escritor. Por eso se apoyó en la novelista Caroline Thompson, quien había ganado notoriedad por su libro ‘First Born’ (1983), en que conjugaba el costumbrismo con la fantasía, dos elementos que seducían a Burton.

Ambos escribieron la novela Edward Scissorhands y la escritora se hizo cargo del guion. Con el tiempo, ellos trabajaron en dos proyectos de animación, ‘El mundo de Jack’ y ‘La novia cadáver’, alabados por la crítica.

La historia ponía el foco en Edward, un muchacho creado por un inventor (una clara referencia a Pinocho), pero el trabajo fue a medias así que el chico quedó con tijeras en lugar de manos. A lo largo de la película, el personaje atraviesa varias aventuras: la gente le teme o se aprovecha de su inocencia o lo lastima.

Como fondo, una historia de amor que bebe del conflictivo triángulo pasional visto en ‘La bella y la bestia’: el monstruo, la doncella y el hombre ‘normal’, que esconde una enorme crueldad.

Burton, quien de niño consumía con fanatismo filmes de terror de segunda clase, quiso mostrar el choque de dos maneras opuestas de ver la vida mediante Edward. Por eso, lo colocó en una kitsch y monótona urbanización. La ironía estaba en mostrar coloristas fachadas y perfectas arquitecturas en las que vivían personas no tan nobles.

Para el espectador resulta inquietante presenciar esa ‘extraña normalidad’, sobre todo por la lúgubre montaña en la que residía el personaje.

El actor Johnny Depp fue el encargado de dar vida a Edward o, mejor dicho, de transmitir las tres etapas por las cuales el personaje transita por el filme. Logró reflejar la (inútil) búsqueda de la aceptación, el cruel rechazo que sufre y su alejamiento de un grupo incapaz de ver la bondad de su interior.

Burton quiso explorar la figura del monstruo que altera el orden natural. Con Edward, logró reinterpretar el concepto y, quizás sin pretenderlo, inspiró a muchos adolescentes en una época en que la palabra ‘friki’ (raro) se había puesto de moda.

La música de Danny Elfman, a quien ya conocía desde ‘Beetlejuice’, fue delicada y llena de violines para resaltar la tristeza y la soledad del personaje y acompañar las escenas más importantes.

Esta fábula sobre la incapacidad de la sociedad para aceptar lo nuevo también fue un éxito de taquilla: el costo fue de USD 20 millones y recaudó USD 86 millones. Aunque el impacto fue más grande en la cultura de masas. Burton se ganó la reputación de un director agudo, que podía explotar las debilidades de la sociedad y contar una historia con fuertes implicaciones morales dentro de su particular estilo gótico.

Depp, que parecía estar predestinado a ser un actor de TV, logró fama y pasó a ser una estrella de Hollywood y, al igual que Thompson y Elfman, se convirtió en habitual colaborador de Burton. El director ha procurado desde entonces sostener su estilo. Obtuvo joyas como ‘La novia cadáver’. Pero el impacto emocional que logró con Edward y sus manos de tijeras fue irrepetible.

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