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Artistas contemporáneos cultivan el pasillo como un reflejo social

Álvaro Bermeo es uno de los artistas contemporáneos que ha incorporado ritmos tradicionales en sus proyectos musicales. Foto: Facebook Álvaro Bermeo

El pasillo, que se forjó como un ritmo tradicional y mestizo desde inicios del siglo XIX en la Gran Colombia, actualmente es parte de una expresión cultural viva que se sigue cultivando en sus formas más tradicionales, así como en procesos que lo integran a las más diversas corrientes musicales. 

Desde el lunes 13 de diciembre, el canto y la poesía del pasillo ecuatoriano son parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, declarado por la Unesco. Entre los artistas nacionales existe un sentir colectivo de satisfacción y orgullo por este reconocimiento internacional. 

El pasillo ecuatoriano es un espejo en el cual decidimos reflejarnos sin imposiciones porque tiene una sonoridad que junto con la palabra y las cadencias musicales nos conectan con la tierra y una cosmovisión común”, asegura Carlos Grijalva.  

Para el músico y cantante ecuatoriano con más de 20 años de trayectoria, la vigencia y popularidad del pasillo no sería posible si la gente que lo escucha no se vería reflejada en las temáticas y formas narrativas y sonoras de las canciones. 

Grijalva ve en el pasillo un elemento musical lleno de matices locales y regionales que, al mismo tiempo, es capaz de diluir las diferencias geográficas al adoptarlo como un espacio colectivo de pertenencia e identidad nacional. 

Vuela cantando es el más reciente aporte musical de Grijalva en forma de pasillo. El tema reflexiona sobre la necesidad humana de reencontrarse tras un inesperado distanciamiento. “La música necesita contar la realidad de su tiempo”, dice sobre un tema que en forma de pasillo se convierte en un testimonio musical para las siguientes generaciones. 

Aunque es un ritmo que se comparte con Perú, Colombia, Venezuela y Panamá, el pasillo ecuatoriano es más lento y cadencioso, como evocando un lamento, explica Juan Fernando Velasco, quien inició su carrera como solista justamente con un pasillo. 

Para que no me olvides fue mi primer intento por escribir un pasillo, enfrentado al desafío artístico de imaginarme como solista y después de un largo periodo creativo con Tercer Mundo”, recuerda.  

Con esta canción, que se convirtió en la más importante de su primer álbum como solista, clasificó al Festival de Viña del Mar en representación del Ecuador. El tema también llegó a Colombia como parte de una telenovela y le permitió iniciar una larga carrera internacional.  

Posteriormente, Velasco se reencontró con el pasillo en el álbum ‘Con toda el alma’ que estuvo nominado al Latin Grammy. Su relación con el pasillo continuó desde la gestión pública cuando asumió el cargo como Ministro de Cultura, desde donde también participó en el proceso de nominación ante la Unesco. 

Velasco reconoce con satisfacción que en los últimos años se ha generado un cambio de percepción acerca del pasillo y otros ritmos tradicionales, sobre todo, en las generaciones más jóvenes que se sienten identificados en el género.  

“El pasillo reúne varias características de la cultura de los ecuatorianos, como esta manera de cantarle con alegría a la tristeza”, dice Velasco sobre un género que lleva a “niveles insospechados” la poesía y la tristeza. 

“Reír llorando” dice Guanaco acerca de esa mezcla de sensaciones que provocan el pasillo ecuatoriano, que en su génesis como baile de salón tenía un “caminadito” particular, pero que al mismo tiempo exhalaba una “melancolía potente con letras poéticas”. 

Como un elemento embebido en la cultura popular, para el artista ecuatoriano no es extraño que ritmos tradicionales como el pasillo se integren en proyectos de diversas corrientes musicales. En el hip hop, por ejemplo, el pasillo convive como un elemento que apela a la nostalgia, así como al arte local. 

Álvaro Bermeo es un artista que se inclina por la experiencia del pasillo en “estado puro”, refiriéndose a las formas más tradicionales de la interpretación. Eso no descarta, dice Bermeo, los procesos de experimentación que son parte del desarrollo natural de cualquier género musical. 

Olvida es el título del último pasillo que Bermeo grabó junto con Julio Andrade en la guitarra, como una muestra de ese interés personal por la forma más tradicional del género. 

Al ser un elemento que atraviesa transversalmente la cultura y la sociedad, el pasillo vive asociado al ámbito familiar y en ese contexto “al pasillo no hace falta que lo rescaten”, dice el músico ecuatoriano.  

Igor Icaza creció escuchando pasillos y otros ritmos tradicionales por los que profesa un especial afecto. Si bien sus proyectos musicales en Sal y Mileto y como solista se han consolidado desde el rock, el blues, heavy metal y otros géneros, también les han dado cabida a ritmos tradicionales como el albazo y el pasillo. 

Además de un reconocimiento internacional que puede ayudar a visibilizar la música ecuatoriana en el mundo, Icaza cree que la revalorización del pasillo debe trabajarse con el público en su cuna de origen con proyectos que resalten esos atributos sonoros del pasillo, sin caer en la tentación de las fórmulas comerciales. 

“He encontrado la mejor música y poesía en el pasillo”, dice el artista que ha incursionado en el pasillo como integrante de Sal y Mileto, con el tema Mi vida es un yahuarlocro y como solista, en la interpretación de Por amarte.  

Ambos temas escritos por Paúl Segovia antes de su fallecimiento en 2003 y que ahora son parte de su legado y de la historia musical del pasillo

En lo que coinciden los artistas es que la inclusión del pasillo ecuatoriano en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad es un merecido reconocimiento que puede poner el arte musical ecuatoriano en los ojos del mundo. 

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