28 de junio de 2020 00:00

Entomología forense, en Ecuador

En la imagen la especie Lucilia Sericata. Este campo es útil para determinar el momento y las causas de la muerte de animales y personas, mediante el análisis de moscas y escarabajos que se hallan en cadáveres. También sirve para el rastreo de paquetes so

En la imagen la especie Lucilia Sericata. Este campo es útil para determinar el momento y las causas de la muerte de animales y personas, mediante el análisis de moscas y escarabajos que se hallan en cadáveres. También sirve para el rastreo de paquetes sospechosos.

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Isabel Alarcón

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El tamaño, la especie y la distribución de un insecto pueden ayudar a determinar la hora, el lugar y las condiciones en las que murió una persona o un animal. Este tipo de investigación, conocida como entomología forense, se ha popularizado en el mundo, pero en Ecuador es relativamente nueva.

Series como ‘CSI’ se han encargado de difundir estas prácticas, que van más allá de la ficción. Álvaro Barragán, entomólogo e investigador de la Escuela de Ciencias Biológicas y del Museo QCAZ de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), explica que la entomología forense es la aplicación del conocimiento que se tiene de los insectos en el campo de la criminalística.

Aquí se estudian los grupos relacionados a los cuerpos humanos, más conocidos como necrófagos. Por un lado están los dípteros, que son todos los parientes de las moscas, y por el otro están los coleópteros, que son los escarabajos que se alimentan de cadáveres.

Barragán cuenta que a partir del estudio de los ciclos biológicos de las moscas, se puede establecer el intervalo post mórtem o tiempo que ha transcurrido la muerte del sujeto.

Necrobia rufipes

Necrobia rufipes


Los médicos forenses, por lo general, pueden determinar esto hasta 72 horas después de la muerte. Una vez que ha pasado este tiempo, la entomología forense aporta con más datos. Dependiendo de la especie hallada en el lugar, se puede calcular en qué estado se encuentra el cuerpo. Los coleópteros están presentes cuando el cadáver ya está en una fase avanzada de descomposición.

Además de los insectos, es necesario recolectar otros datos que son analizados por estos especialistas, como la temperatura del lugar, las características del ecosistema y las muestras del suelo.

Estos análisis también ayudan a determinar las causas de la muerte. Barragán explica que hay químicos que se degradan fácilmente en un cuerpo humano. Cuando los insectos comen estos cadáveres contaminados, guardan en sus sistemas los remanentes de estas sustancias. Esto permite determinar la presencia de drogas o plaguicidas.

Silphidea

Silphidea


Hay crímenes que se cometen en un lugar, pero se traslada al cadáver a otro sitio. Barragán dice que esto se puede evidenciar con la entomología: si se encuentran insectos que no pertenecen a la zona, significa que se movilizó al cuerpo.

Aunque este es un campo que está en crecimiento en otras partes del mundo, el especialista dice que en Ecuador todavía es nuevo, ya que ha experimentado retrasos por la falta de leyes que impulsen el uso de estas técnicas.

En el 2013, un grupo de investigadores empezó a crear la línea base de la entomología forense en el Ecuador. David Donoso, entomólogo en la Escuela Politécnica Nacional, explica que se realizaron avances por un convenio que hubo con la Fiscalía General del Estado.

En noviembre de ese año se inauguró el Primer Simposio de Entomología Forense y en el 2015 se presentó la Revista Ecuatoriana de Medicina y Ciencias Biológicas. Esta recogía los primeros estudios y planes de trabajo del primer curso de esta rama dictado en el 2013 como parte del convenio.

Los investigadores ofrecieron capacitaciones, crearon un catálogo de los insectos necrófagos del país y publicaron alrededor de 11 artículos científicos sobre el tema. Una de las publicaciones de Donoso demuestra que los insectos contribuyen con evidencias en alrededor del 7% de todas las muertes. Si se remueven de la lista los fallecimientos en hospitales, este es un porcentaje alto, dice el investigador.

El programa que se había impulsado por parte de las autoridades terminó y el apoyo a estas investigaciones cada vez ha ido disminuyendo. Donoso cuenta que en países como Estados Unidos, donde se especializó en este campo, los entomólogos forenses tienen una participación activa en la resolución de crímenes. Lo mismo en Colombia y en Brasil.

Ana Belén García es una de las investigadoras que continúa tratando que este campo no pierda importancia en Ecuador. García aún era estudiante cuando se llevaba a cabo el convenio con la Fiscalía y en ese momento pudo ser parte del grupo que colectó los primeros insectos de cadáveres humanos en el país.

García explica que estos conocimientos son útiles para estudiar muertes de animales, para investigar infestaciones de insectos o para determinar el ­origen de mercancía o paquetes sospechosos. Donoso recuerda un caso reciente en el que, gracias al estudio de ácaros, se pudo determinar que un paquete de dinero robado en Londres había pasado por Australia hasta llegar a su destino final en el mercado negro.

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