20 de noviembre de 2019 17:49

Bebés en Ecuador eran enterrados con 'cascos' hechos con huesos de otros niños, revela estudio

Un equipo internacional de arqueólofos halló en una excavación en Salango (Manabí) dos cráneos de infantes que fueron enterrados con 'cascos' hechos con los huesos de otros niños. Foto: captura/ Latin American Antiquity.

Un equipo internacional de arqueólofos halló en una excavación en Salango (Manabí) dos cráneos de infantes que fueron enterrados con 'cascos' hechos con los huesos de otros niños. Foto: captura/ Latin American Antiquity.

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Redacción Elcomercio.com

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En Salango, una parroquia ubicada en la provincia de Manabí, un equipo internacional de arqueólogos realizó un descubrimiento sobre los ritos funerarios con los que algunos bebés eran enterrados. Según la investigación, difundida el pasado 12 de noviembre del 2019 en el journal Latin American Antiquity, dos infantes "tenían cráneos adicionales". 

El estudio asegura que estos cráneos fueron hallados "depositados alrededor de sus respectivas cabezas, probablemente donde el rito funerario". De los cráneos hallados entre los años 2014 y 2016 todos "presentaron lesiones asociadas con malnutrición y enfermedades infecciosas".  Los investigadores situaron la fecha de creación de los montículos funerarios en los que se hallaron los huesos en el año 100 después de Cristo.

Los investigadores Sara L. Juengst, Richard Lunniss, Abigail Bythell y Juan José Ortiz Aguilu, arqueólogo de la Universidad Técnica de Manabí,  aseguran en el estudio que  si bien "la cabeza humana fue un símbolo importante para muchas de las antiguas culturas sudamericanas" el hallazgo de estos cráneos enterrados de esta forma fue sorprendente. Los 'cascos' que se encontraron alrededor de las cabezas de dos bebés fueron hechos con calaveras de otros niños. 

Uno de los cráneos hallados perteneció a un infante que tenía unos 18 meses cuando murió. Según informa la revista Forbes, los investigadores notaron que "El cráneo modificado de un segundo infante fue colocado como una especie de 'casco' alrededor de la cabeza del primero". En el hallazgo, los investigadores descubrieron que el rostro del primer individuo miraba por la bóveda craneal del segundo.

Los investigadores pudieron determinar que la calavera que fue utilizada como 'casco' perteneció a otro niño que tenía entre 4 y 12 años al momento de su muerte. En el segundo caso hallado se encontró el cráneo de un infante que tenía entre seis y nueve meses cuando murió y el 'casco' que lo 'protegía' fue hecho con los restos de un niño que tenía entre 2 y 12 años. 

La revista Forbes añade que los arqueólogos notaron que había poco espacio entre los esqueletos primarios y sus 'cascos' lo que sugería que el entierro se realizó de forma simultánea. 

Según Forbes, es común encontrar en yacimientos arqueológicos de Sudamérica cráneos aislados. Sin embargo, estos suelen pertenecer a adultos que fueron víctimas de la guerra o de ancestros idealizados. "Es mucho menos común que los arqueólogos hallen cabezas de niños", por lo que los investigadores sostienen la teoría de que lo que descubrieron en Salango "podría representar un intento de asegurar la protección de estas almas presociales y salvajes".

Los investigadores también descubrieron que los infantes estaban rodeados de estatuillas realizadas con piedras que, según sus teorías, servían para brindar mayor protección a estos individuos que fallecieron de forma prematura. 

La investigadora Sara L. Jungest aseguró por medio de correo electrónico a Forbes que el equipo se mostró bastante "sorprendido" por el hallazgo. "No solo es algo sin precedentes, sino que todavía hay tantas preguntas".

Por ahora la científica espera que análisis de ADN  e isotópicos brinden nueva información para entender quiénes eran los niños que fueron enterrados de esta forma y si estaban relacionados con los otros niños que fueron utilizados para 'protegerlos'. 

Jungest sostiene, siempre según Forbes, que hay "varias posibilidades" para explicar el hallazgo y que tienen muchas teorías sobre las que deben trabajar.  La investigadora concluye que "lidiar con la muerte de un infante siempre es algo emocional, pero en este caso fue extrañamente reconfortante que esas personas que los enterraron se tomaran el tiempo y la precaución adicional para hacerlo en un lugar especial, tal vez acompañados de gente especial con el fin de rendirles un homenaje". 

Por su lado la bioarqueóloga Sara Becker de la Universidad de California en Riverside calificó a esta práctica de entierro como algo "bastante asombroso" y aseguró que nunca había escuchado de algo similar en otro lugar de los Andes.  

Becker asegura que la práctica le recuerda a otras realizadas en el mundo en las que "las cabezas eran enterradas en los pechos, como si fueran 'semillas' para ayudar con la producción agrícola. Me pregunto si esto tiene algo que ver con la reencarnación y si estos niños pudieron haber sido símbolos importantes de aquello". 

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