22 de septiembre de 2019 00:00

Ahora los gobiernos hacen ‘lobby’ en las grandes empresas

Dinamarca designó un embajador para Silicon Valley y Francia tiene algo similar. Los Emiratos Árabes Unidos cuentan con un Ministerio de Inteligencia Artificial.

Dinamarca designó un embajador para Silicon Valley y Francia tiene algo similar. Los Emiratos Árabes Unidos cuentan con un Ministerio de Inteligencia Artificial.

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César Augusto Sosa

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La tecnología está cambiando el mundo de las empresas, pero también de los gobiernos, los cuales están incursionando en nuevos modelos de organización para adaptarse a la cuarta revolución industrial.

La primera exploración formal de un gobierno en el mundo digital la hizo Suecia, en mayo del 2007, cuando inauguró una embajada en Second Life, un popular videojuego que ofrece una vida virtual a los usuarios mediante un avatar.

Según el portal Vozpopuli, más de 45 multinacionales se promocionaban a inicios de este año en este videojuego, que tiene alrededor de 57 millones de ‘ciudadanos’.

El objetivo de Suecia hace 12 años era difundir información del país entre los jóvenes de todo el mundo. Y como los aficionados a los videojuegos venían creciendo, era previsible un resultado positivo.

“Second Life apenas empieza, aún no sabemos todo su potencial. Igual que hace diez años no sabíamos el potencial de Google”, señaló el ministro de Relaciones Exteriores sueco, Carl Bildt, durante la ceremonia de inauguración de la embajada virtual.

Diez años más tarde, y en medio de la cuarta revolución industrial, Emiratos Árabes Unidos se convirtió en el primer país en crear un Ministerio de Inteligencia Artificial. En octubre del 2017 designó como su titular a Omar bin Sultan Al Olama, de 27 años.

La idea no era descabellada, ya que la Inteligencia Artificial (IA) lidera la revolución tecnológica que está irrumpiendo con fuerza en áreas como la administración pública, las ciudades inteligentes, la educación, la salud y la economía.

Un ministerio tiene como objetivo organizar, controlar e impulsar áreas que merecen especial atención por su potencialidad para mejorar la vida de los ciudadanos. Por eso, la IA debe estar entre los asuntos prioritarios para cualquier gobierno, señaló Pedro Larrañaga, investigador en el Departamento de Inteligencia Artificial de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), en el portal Theconversation.

Larrañaga recordó que en 2016, Japón solicitó a los países del G7 el desarrollo de reglas básicas para regular la IA. “Si los gobiernos no avanzan en la regulación y la gobernanza de la IA, será esta la que finalmente se convierta en gobernante”.

Pero este es solo uno de los temas que mantiene en alerta a los gobernantes. El otro es el poder que están generando las nuevas tecnologías.

Si bien han aparecido muchas empresas con gran potencial en los últimos años, un grupo de ellas está concentrando cada vez más poder, no solo económico, lo cual ha generado cambios, incluso, en la concepción de la diplomacia.

En el 2017, Dinamarca se convirtió en el primer país en crear un cargo diplomático para representar sus intereses ante empresas como Facebook y Google. Las autoridades danesas vieron que los gigantes tecnológicos comenzaron a tener tanto poder como muchos gobiernos, o tal vez más.

Los ingresos de las empresas más grandes del mundo, según la revista Fortune, superan a la producción de decenas de países. Un estudio de la Fundación Global Justice Now, publicado por el diario El País en el 2016, señaló que si en el mundo se ordenaran en forma descendente las entidades según su potencia económica, Estados Unidos sería la primera, mientras que la multinacional Walmart sería décima.

Esta cadena de supermercados registró ingresos por USD 514 400 millones el año pasado, lo que equivale a cinco veces la producción anual de Ecuador.

Hace tres años, el valor combinado de las 10 multinacionales más poderosas del planeta era comparable al PIB de los 180 países más pequeños del planeta, entre los cuales estaban Irlanda, Indonesia, Israel, Colombia, Grecia, Sudáfrica y Vietnam. “A este ritmo de crecimiento bastará solo con una generación para que el mundo entero esté dominado por grandes corporaciones”, señaló Nick Dearden, director de Global Justice Now en el 2016.

Dinamarca reconoció el poder de las grandes empresas tecnológicas y por eso designó a Casper Klynge como embajador en Silicon Valley.

Durante una reunión anual de los cuerpos diplomáticos de Dinamarca, realizada en agosto pasado, Klynge planteó a los asistentes dos preguntas clave: ¿Qué tiene un mayor impacto en la sociedad actual: un país en el sur de Europa o en el Sureste Asiático o Latinoamérica? ¿O tal vez las grandes plataformas de tecnología?

Y respondió: “En mi opinión, nuestros valores, nuestras instituciones, la democracia, los derechos humanos, están siendo desafiados por el surgimiento de las nuevas tecnologías”, según recogió el diario The New York Times, el 5 de septiembre pasado.

Francia también creó el cargo de Embajador para Asuntos Digitales. Lo hizo seis meses después que Dinamarca y el argumento era recuperar su tradicional protagonismo.

Francia vio que muchos empresarios franceses huyeron a Silicon Valley para evitar los obstáculos regulatorios en su país. Cuando el presidente Emmanuel Macron asumió el cargo en 2017 prometió convertir a Francia en una “nación emergente”, optimizó la regulación, emitió leyes laborales menos restrictivas y redujo los impuestos para alentar la inversión de capital.

Henri Verdier, el segundo embajador francés para Asuntos Digitales, explicó en el portal GovInsider, en mayo pasado, que el plan del Gobierno es inyectar en la burocracia francesa el dinamismo del mundo digital, con el fin de resolver problemas cotidianos.

“Mi trabajo es unificar cada parte de nuestra diplomacia digital global, y también discutir con las grandes compañías tecnológicas porque, por muchas cosas, necesitamos que sean parte de la solución”.

Verdier se ocupa principalmente de problemas tecnológicos que traspasan las fronteras como el contenido terrorista en línea, el odio en línea, la ciberseguridad y la regulación de la Inteligencia Artificial.

Francia, además, quiere convertirse en el referente europeo de GovTech, con el fin de mejorar los procesos de contratación pública y la prestación de servicios. La tecnología puede cambiar la relación entre gobiernos y ciudadanos, lo cual es crucial con el aumento de las fuerzas populistas en Francia y en toda Europa.

Pero la relación de los embajadores tecnológicos con las empresas de este sector está en una etapa inicial y cargada de procesos burocráticos.

Tras dos años en su puesto, Klynge reveló que nunca se ha reunido con Mark Zuckerberg de Facebook ni con Sundar Pichai de Google ni con Tim Cook de Apple. Los funcionarios daneses comentaron que era como tratar con una nueva superpotencia mundial incomprensible.

Algunas empresas de tecnología dijeron al Times que estaban comenzando a entender mejor el trabajo de Klynge. Brad Smith, presidente de Microsoft, mencionó que con regularidad habla con Klynge, cuyo nombramiento, según él, le otorgaba a Dinamarca una “influencia impresionante”.

Y Klynge no lo oculta. Dinamarca, como miembro de la Unión Europea, puede influir en las normas acerca de la privacidad, la competencia, la moderación del contenido y los impuestos a los gigantes tecnológicos.

De hecho, su equipo de 11 personas envía mensajes de inteligencia a los dirigentes gubernamentales sobre lo que está sucediendo dentro de las empresas, así como informes sobre temas que incluyen la seguridad cibernética, el uso cada vez mayor de datos relacionados con la salud y los referentes a vehículos autónomos. Luego los funcionarios daneses pueden emplearlos para informar a quienes diseñan las políticas públicas.

Hasta hace poco, las grandes empresas tenían equipos especializados para hacer ‘lobby’ con los gobiernos. Ahora es al revés, lo cual refleja que las relaciones de poder están cambiado en el mundo.

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