20 de mayo de 2018 00:00

La diplomacia de la fuerza demuele el orden mundial

Con acciones como romper el pacto nuclear o mudar la Embajada de su país a Jerusalén, Donald Trump refleja la visión estadounidense de dar la espalda al mundo.

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Agustín Eusse
Editor (O)

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En una primera escena Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, e Ivanka Trump aplaudían el discurso del incontrolable Donald Trump que, mediante videoconferencia desde Washington, inau­guraba la Embajada de Estados Unidos en Jerusalén. En una segunda escena, a 65 kilómetros de ahí, en Gaza, miles de palestinos que protestaban eran reprimidos con balas y gases lacrimógenos israelitas. La jornada violenta dejó 60 muertos y
2 800 heridos.

El paso drástico de Trump de trasladar la Embajada de su país de Tel Aviv a Jerusalén pone a tambalear viejas realidades y sacude el frágil equilibrio en Oriente Medio. El manotazo que dio para impedir la solución a la histórica disputa entre israelitas y palestinos, la ruptura del acuerdo nuclear con Irán, el ataque israelí a Irán en Siria y el bombardeo estadounidense al régimen de Bashar al Asad han ensanchado la grieta entre la potencia norteamericana y sus históricos aliados europeos.

La conclusión, dicen analistas, es que Trump complace los caprichos de Netanyahu, quien reniega de la solución de dos Estados y además quiere eliminar el poder nuclear de su archienemigo Irán.

Aunque el Congreso estadounidense decidió el traslado de la Embajada de Tel Aviv a Jerusalén en 1995, ningún presidente antes de Trump había querido asumir ese riesgo. Pero Netanyahu -y el ‘lobby’ evangélico y proisraelí en EE.UU.- lo pedía. Y Trump, que lo prometió en campaña, cumplió.

La potencia ha pasado de ser pilar del orden mundial al país de “¡Trump primero!” tras los relevantes acuerdos internacionales que ha abandonado su Presidente. Primero fue el Tratado de Asociación Transpacífica (TPP), el 23 de enero del 2017. Luego amenazó con acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). El 1 de junio le tocó al Acuerdo del Clima de París. El 13 de octubre rompió con la Unesco. Después con el Pacto de Refugiados y Migración de la ONU. El 9 de mayo con el JCPOA, que es el nombre técnico del pacto nuclear con Irán, y el lunes 14 despertó la ira palestina. A los acuerdos que ha abandonado Trump se suma la guerra comercial con China y Europa. La primera potencia mundial se ha convertido, así, en “el país que se retira”, como tuiteó el presidente del ‘think tank’ Consejo de Relaciones Exteriores y ex alto cargo del Departamento de Estado, Richard Haas. Por irse, EE.UU. hasta ha anunciado que se va del Acuerdo Internacional del Café.

Pero desde el punto de vista histórico y cultural, no es tan sorprendente esta ruptura. “Aunque ese país lleve siete décadas como el centro del sistema económico y político mundial, EE.UU. siempre se ha visto a sí mismo como una isla. Y, con la certeza de que su superioridad militar es imbatible y de que la globalización solo favorece a las élites, ha vuelto a su esencia, que es dar la espalda al mundo”, opina el analista y escritor español Pablo Pardo.

Las decisiones de Trump, sobre todo la de abandonar el acuerdo nuclear con Irán, marcan el final de años de diplomacia cuidadosa y lleva el enfrentamiento con Teherán a un nuevo territorio peligroso. Hay voces que aseguran que la táctica de “máxima presión” de Trump no tiene como fin un acuerdo más duro sino aplastar la débil economía de Irán para derribar a su régimen.

Las medidas abrieron una brecha con sus aliados europeos. Ángela Merkel lo resumió bien: “Si cada uno hace lo que le apetece, es una mala noticia para el mundo”, dijo la Canciller alemana. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, fustigó la actitud caprichosa del magnate. “Cuando vemos las últimas decisiones del presidente Trump, podemos decir que con estos amigos no necesitamos enemigos”.

Los europeos descubren poco a poco la doctrina de Trump de la ‘papa caliente’, explica la analista francesa Celia Belin, profesora en Brookings Institution de Washington, describiendo el hábito del Presidente estadounidense de provocar innecesarias batallas diplomáticas para hacer que las re­suelvan otros.

La tensión en las relaciones transatlánticas con la imposición de aranceles a las importaciones de acero y aluminio por parte de Washington y el rechazo de Trump a asumir más gastos bélicos en la OTAN, hace que los países europeos se muestren dispuestos a emanciparse económica y militarmente de EE.UU.

El titular de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, advirtió: “Washington ya no quiere cooperar con el resto del mundo, y estamos en el momento en que debemos sustituir a EE.UU.”. El Consejo Europeo, que representa a los 28 Estados miembros, prometió que habrá una estrategia europea unida para responder a las políticas de Trump.

El diario alemán Suddeutsche Zeitung resume así la diplomacia de la fuerza: Trump solo conoce la sumisión, e incluso quienes obedecen no saben nunca cuánto tiempo gozarán de su beneplácito.

Los comportamientos de Trump demuestran que no es un hombre de estrategias, sino de amenazas. Su carácter explosivo añade incertidumbre a su política internacional.

“Los ojos del mundo están puestos en lo que puede ocurrir en noviembre. Si Trump gana las elecciones intermedias, no solamente se va a mantener sino que su legado -que consiste en la desestabilización general del mundo que conocimos y no solo por su culpa, sino por el agotamiento de los modelos- habrá entrado definitivamente en vías de liquidación”, sostiene el columnista Antonio Navalón.

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