15 de mayo de 2020 13:04

¿El dióxido de cloro para combatir la covid-19 es considerado un veneno?

Imagen referencial, El dióxido de cloro sirve para desinfectar las superficies del nuevo coronavirus, pero beberlo podría causar la muerte ya que se trata de un veneno. Foto: Pixabay

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Andrea Rodríguez

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En el mundo proliferan las terapias alternativas para supuestamente prevenir o curar la enfermedad covid-19 provocada por el nuevo coronavirus. Una de las más promocionadas en estos días es el tratamiento basado en la ingesta de dióxido de cloro.

Aunque hay quienes lo defienden, sus aparentes beneficios no tienen ninguna base científica. Así lo señala Fabricio González-Andrade, médico investigador y especialista en medicina Interna y genética médica. Él afirma que no hay ninguna evidencia que demuestre que el dióxido de cloro sirve para curar ni covid-19 ni ninguna otra enfermedad.

González-Andrade explica que el cloro y sus derivados fueron diseñados para aplicarse en objetos inanimados, por eso es útil para limpiar superficies, potabilizar el agua o desinfectar piscinas. El médico internista recuerda que en redes sociales se promociona una solución de dióxido de cloro en una concentración al 28%. “Un desinfectante común tiene 5% de cloro y el cloro industrial llega al 10% de concentración. Así de dañino es lo que se promociona”, dice el especialista.

Para el galeno, lo único que está logrando el dióxido de cloro es intoxicar a las personas y ve que los testimonios en redes sociales solo muestran que la gente está desesperada, desinformada y vulnerable a propuestas sin sustento científico, ante la falta de una terapia efectiva contra la pandemia.

Mientras tanto, el médico farmacólogo e investigador Enrique Terán también afirma que el dióxido de cloro no tiene ningún valor terapéutico contra el virus sars-cov-2 y más bien incrementa el riesgo de toxicidad. Terán alerta que hay una diferencia abismal entre los resultados in vitro que se pueden tener con una sustancia y lo que sucede in vivo, es decir, dentro del organismo.

El hecho de que el cloro pueda eliminar al coronavirus en una mesa no significa que sea una estrategia de prevención dentro de un ser humano. Terán puntualiza que todo producto que ofrece mejorar el sistema inmunológico, aumentar las defensas y prevenir infecciones, hace publicidad engañosa, pues la inmunidad solo se potencia con una buena nutrición, actividad física y bajo nivel de estrés.

Una muestra de que el organismo ha sido afectado al ingerir cloro o dióxido de cloro es que habrá un mayor nivel de esta sustancia en la orina. Esto evidencia que el cuerpo lucha por deshacerse de este elemento dañino. Posteriormente, el cloro reaccionaría con el oxígeno y se generaría la toxicidad.

El internista González-Andrade precisa que el dióxido de cloro hace que el oxígeno disminuya en la sangre. Sin este, los glóbulos rojos mueren prematuramente, causando una anemia hemolítica. Esto afectaría a órganos como los pulmones; en el corazón se producirían arritmias, bajaría la presión arterial, habría deshidratación, y sufrirían daño las células del hígado, considerado nuestro gran filtro, que sentiría cómo el cloro se acumula en sus células, bloqueándolo y provocando insuficiencia hepática.

De igual manera, ingerido el cloro causaría daño gastrointestinal que se expresaría con vómito y diarrea, dice el especialista. Para él, si alguien pretende tomar dióxido de cloro poco a poco y de forma espaciada, por ejemplo cada mañana, para supuestamente evitar efectos nocivos, solo provocaría intoxicación crónica.

González recalca que el consumo de sustancias dañinas en poca cantidad durante tiempo prolongado genera, en el mediano plazo, los mismos efectos que una intoxicación aguda. Para el experto en medicina interna, una muestra de lo que es capaz de hacer el cloro y sus derivados en el organismo se evidenció en el episodio trágico ocurrido en la piscina de Miraflores en Quito, pues ahí se lo vertió mientras había gente en el agua. Los nadadores sufrieron graves lesiones.

El dióxido de cloro como supuesta terapia apareció por primera vez en el libro publicado en 2006 ‘The Miracle Mineral Solution of the 21st Century’. De ahí que, por las siglas del libro en inglés, se conoce al dióxido de cloro y a otras sustancias como MMS o Solución Mineral Milagrosa.

El libro fue escrito por el estadounidense James Humble. De la divulgación del texto y de la sustancia –consistente en una solución al 28% de clorito de sodio en agua destilada- se encargó la Iglesia Génesis II de Cura y Sanación, también fundada por Humble. Esta es una organización que tiene la sede en República Dominicana y que cuenta con sucursales en Chile y Colombia. Las redes sociales hicieron el resto para popularizar el dióxido de cloro.

El ingeniero químico Pablo Araujo dice que no puede ser el mismo dióxido de cloro que él conoce y estudió, porque él aprendió que del clorito se obtienen: un gas, que es el dióxido de cloro, y otro elemento que es el hipoclorito, conocido porque con él se hace el cloro, con el que, entre otras cosas, trapeamos el piso.

Para Araujo, el elemento mencionado para tratar la covid-19 no puede ser ese conocido material, porque, de inicio, la molécula de dióxido de cloro es una sustancia tóxica, lo cual se aprende en la universidad. Araujo recuerda que incluso para manejar este elemento se tiene que usar ropa especial, guantes de nitrilo, etc.

La concentración máxima del gas conocido como dióxido de cloro en el aire puede llegar a una o dos partes por millón para no intoxicar a la persona que lo maneje, o sea máximo un gramo de dióxido de cloro en un millón de gramos de otro elemento, y lo advierten las etiquetas de seguridad de productos químicos, recuerda Araujo. Por eso, para él es muy difícil pensar que el dióxido de cloro pueda ser ingerido, inyectado o inhalado sin efectos dañinos.

Araujo considera que tomar una infusión con dióxido de cloro no es real: “tal vez la llamen así, pero no puede ser la misma sustancia que conocemos los químicos”. Para él, los frascos con el supuesto derivado del cloro contienen otra sustancia en la que se pide tener fe para que funcione, pero considera que no se trata de dióxido de cloro. De hecho, no cree que alguien sea capaz de aconsejar a la gente tomar un veneno.

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