5 de mayo de 2019 00:00

Los desechos alimenticios producen energía

Al relleno sanitario de El Inga llega un promedio de 9 millones de toneladas de desechos al año. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (I)
gflores@eclcomercio.com

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En el Mercado Central, uno de los más concurridos de Quito, los desechos -reciclables y no reciclables- llegan a los camiones de recolección de basura sin un proceso de clasificación previa. Aquí lo único que se recicla es el aceite quemado de las pailas donde se preparan los platos típicos.

Según un informe del Banco Mundial titulado Los desechos 2.0, publicado esta semana, en América Latina y el Caribe se generan 231 millones de toneladas de desechos anuales, de los cuales el 52% es de alimentos.

En el Distrito Metropolitano de Quito se generan 750 000 toneladas de residuos al año. De ellas, el 78% -más del 20% de la media regional- proviene de alimentos y materia orgánica, según Jorge Sampértegui, gerente de la Empresa Pública Metropolitana de Gestión de Residuos Sólidos (Emgirs).

Eduardo Vergara, presidente del Mercado Central, explica que para que los 175 trabajadores de este espacio puedan hacer una clasificación de los residuos hace falta una de las cajas compactadoras que la Empresa Pública Metropolitana de Aseo (Emaseo) ha colocado en varios mercados de la ciudad, desde el 2017.

Los mercados y restaurantes no son los únicos generadores de residuos que provienen de alimentos. El estudio del Banco Mundial también calculó que en la región cada persona genera un kilogramo de basura por día. En Quito, esa cifra se coloca en 0,87 kilogramos de basura por día.

Frente a estas cifras Francisco De la Torre, consultor especializado en gestión integral de residuos sólidos, sostiene que es necesario un cambio de paradigma en relación al proceso del manejo de residuos que se maneja en una ciudad.

Este especialista afirma que una alternativa sería dejar de trabajar dentro de una economía lineal donde normalmente se obtiene materiales para producir un bien, que luego llega a alguien que lo utiliza y luego lo desecha.

“Deberíamos pensar en la posibilidad de una economía circular donde todo lo que se produzca regrese al ciclo productivo. Esa sería una forma efectiva que haya demasiado desperdicio”.

Incluso, el estudio del Banco Mundial destaca que en la región están surgiendo iniciativas para el manejo de los residuos entre ellos el reciclaje y el compostaje. Se señala que en ciudades como Montevideo, Bogotá y Medellín se recicla más del 15% de los residuos. En Quito esa cifra asciende al 33%.

Esto gracias, sobre todo, por el trabajo que realizan los 340 recicladores barriales que existen en la ciudad. El trabajo de los recicladores sumado a proyectos como Quito a reciclar ha permitido aumentar en 1 000 toneladas anuales la materia reciclable de la ciudad.

A criterio de las autoridades consultadas lo que hace falta para incrementar esta cifra es que más ciudadanos hagan una separación de residuos en sus casas. Para De la Torre los quiteños sí han incrementado el trabajo de reciclaje dentro de sus hogares. El problema -sostiene- está en la etapa de recolección. “El trabajo de la Asociación de Recicladores ha ayudado mucho pero en los sectores donde este tipo de iniciativas no llegan, no sirve de mucho que la gente saque sus residuos de forma separada porque al final todo se junta en el camión recolector”.

Otra de las alternativas para aprovechar los residuos es la creación de biodigestores que se usan para la generación de biogás. En el relleno sanitario de El Inga estos biodigestores también ha ayudado a que los residuos que se están depositando no generen gas metano. “Esta iniciativa ha reducido nuestra huella de carbono en 24, 5 millones de emisiones al año”, explica Sampértegui. El biogás generado en los biodigestores puede servir para estabilizar la materia y luego utilizarla para mejorar.

Las plantas de biogás producen metano a partir de los desechos orgánicos. Según Karen Guerrero, de la empresa alemana FWE GmbH de energía, el metano es un gas de alto poder calórico, que no solo produce combustible sino también energía.

Estos aprovechan todos los desperdicios, lo que deviene en un impacto positivo para el ambiente, porque toda la materia orgánica se aprovecha. Ellos se han aliado con Mesto Energía para desarrollar un proyecto en Galápagos, una zona considerada sensible.

Las investigaciones indican que invertir en la gestión sostenible de los residuos tiene sentido desde el punto de vista económico. Los desechos no recogidos y mal eliminados tienen un impacto significativo en la salud y el medioambiente. El costo de abordar este impacto es muy superior al de desarrollar y poner en funcionamiento sistemas sencillos y adecuados de gestión de los desechos. En Corea del Sur, por ejemplo, se implemento una ley que obliga a separar los desperdicios de comida de la basura en general.

Uno de los datos que debería preocupar a la nueva administración municipal en la recolección y tratamiento de residuos, porque en el relleno sanitario de El Inga cada año se aumenta alrededor de 150 000 toneladas de residuos. Según Sampértegui, la actual administración del Emgirs está dejando dos planes pilotos para la nueva administración: uno de compostaje y de biodigestores.

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