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Tres novelas históricas para este cierre de 2021

‘El bicho que se bajó del tren’ es la segunda novela de Benjamín Ortiz. Foto: El Comercio

De manera casi simultánea han aparecido tres novelas de autores quiteños que vienen muy bien para que los lectores revivan sendos momentos de la historia: el asesinato de García Moreno en una novela de Diego Araujo Sánchez, la construcción del ferrocarril Guayaquil-Quito en una novela de Benjamín Ortiz Brennan y la corrupción en el reciente pasado correísta, en la novela de quien suscribe esta nota.

El asesinato de García Moreno


Objeto de múltiples indagaciones históricas y de varias novelas, el asesinato de Gabriel García Moreno (1821-1875) es un filón ­inagotable de historiadores y novelistas, y volver a abordarlo requiere de valentía y originalidad. De ambas cosas hace derroche Diego Araujo Sánchez.

Uno de los más reconocidos críticos literarios del país, Araujo, que estudió Derecho y Literatura, trabajó 20 años en el diario Hoy, donde fue editor de revistas, luego editor general y finalmente subdirector por una década, hasta poco antes de su cierre. Combinó este trabajo con el de profesor en la PUCE, donde fue director del Departamento de Letras y subdecano de la Facultad de Lingüís­tica y Literatura.

En 2016 publicó su primera novela, ‘Los nombres ocultos’, que tuvo una segunda edición en 2017. Es una novela relativamente corta, de 136 páginas, que se lee con gusto, en un par de tardes, intrigado el lector en averiguar si la muerte, el 27 de febrero de 1935, de Antonio Leiva, chofer del automóvil del presidente Velasco Ibarra en su primera administración, fue accidente, suicidio o asesinato.

En pocos días más aparecerá su segunda novela editada por Rayuela. De título poético, ‘Las secretas formas del tiempo’, es una novela donde tres personajes actuales (el padre, periodista e investigador; su hija, alumna de Historia de la Católica y el enamorado de esta, bisnieto de un contemporáneo de García Moreno, Quintiliano Sánchez), investigan a fondo el asesinato de Gabriel García Moreno.

El periodista, Mauricio Salvador, se interesa no solo por el magnicidio del pasado sino por hechos contemporáneos, como el supuesto intento de magnicidio del presidente Rafael Correa el tristemente célebre 30-S, supuesto que los protagonistas destrozan. La historia del presente se imbrica así con el asesinato de hace 146 años, incluida la historia de amor actual de Carlos Sánchez y Lucía Salvador y los escarceos amorosos de García Moreno y de los complotados para asesinarle.

Araujo construye su novela de una forma muy interesante: como buen investigador judicial que es, demostrado ya en su primera novela, ha revisado íntegro el proceso que se siguió para dar con autores, cómplices y encubridores del asesinato de García.

Moreno, para unos “mártir del derecho cristiano”, para otros “santo del patíbulo”. Cada capítulo con número par de esta novela se abre con un testimonio de uno de los testigos del asesinato: el que estaba en la pulpería, el que estaba en la Tesorería, el que estaba en la covacha debajo del Palacio (“donde la negrita que vende chicha de quinua”), el edecán presidencial, el sargento de artillería a la puerta del cuartel, varios transeúntes que se hallaban por allí.

A ese epígrafe cada capítulo añade sustancia sobre motivaciones, el complot, los inspiradores, a veces en forma de reflexiones en primera persona, basadas en textos reales, como las de Roberto Andrade, uno de los autores del magnicidio, que escribió después su propia explicación del hecho; otras veces como monólogos producto de la imaginación del novelista, como los de Juana Terrazas, amante de algunos de los complotados, cuyo papel Araujo destaca.

Esta manera de narrar da al lector una mirada caleidoscópica del asesinato. Como otras tantas tomas matriciales que ven el hecho de sangre desde tantos ángulos como sea posible, desde tantas subjetividades, lo que dicen los testigos y las investigaciones y supuestos del autor, son vueltas de tuerca que a cada giro van introduciendo al lector en el hecho brutal del asesinato pero también en sus ramificaciones políticas, psicológicas y hasta sociológicas del Ecuador de entonces, como el frustrado e ingenuo intento de los jóvenes conspiradores de hacer una revolución y ­liberar al país.

La construcción del ferrocarril

La de Benjamín Ortiz Brennan es también su segunda novela. En 1917 apareció ‘A la sombra del magnolio’, que curiosamente cuenta también dos historias: una de la época de García Moreno (aunque no su asesinato, sino su primera presidencia) y otra que tiene lugar entre 2011-2015, es decir en tiempos de Rafael Correa.

El libro va y viene entre las dos épocas, con episodios intercalados en los que el autor presenta, con ingenioso paralelismo, dos generaciones de la misma familia, muy separadas por tiempo y circunstancias, pero unidas por la sangre y la casa en que habitan, en el barrio de San Marcos, en Quito, en cuyo patio crece un centenario árbol de magnolia.

Ortiz estudió también Derecho en la PUCE y obtuvo una maestría en la Escuela de Gobierno de Harvard. Fue director del diario Hoy por 18 años. También fue gerente general y director de Noticias de Canal 8, Quito; gerente regional de TC Televisión y Ministro de Relaciones Exteriores. Desde hace 20 años es consultor en comunicación política, empresarial y negociación.

Ortiz Brennan novela la construcción del ferrocarril, a través de un personaje central, William Joseph Walsh, que viene con Archer Harman, el principal contratista del ferrocarril, como director de campo. La novela describe el avance de la obra, el cambio de ruta del Chimbo al Chanchán, el tallado de la vía férrea en la inmensa montaña de piedra que es la Nariz del Diablo, la vida de los campamentos… pero sobre todo el choque cultural que implica el tren, la apertura a la modernización y la lucha de fuerzas que se resisten, no solo en los pueblos a los que llega, como Huigra, Sibambe, Alausí, Guamote, Riobamba, sino en la mentalidad de una región cerrada y conservadora como la Sierra ecuatoriana.

Hay también una historia de amor, cuando ‘El Bicho’ Walsh -a quien llaman así porque alguien le dice ‘Bishop’, porque su nombre es igual al de un obispo irlandés-, se enamora de una maestra de escuela e hija de un hacendado de Alausí.

La novela fue presentada la semana ­antepasada y aparece bajo el sello de Ediciones El Nido.

La corrupción en la década correísta

En mi caso escogí hacer una novela policial, del género que se conoce como novela negra, para describir el mundo del crimen profesional que se instaló en la década correísta, con un Gobierno dedicado a esquilmar al país para beneficio de sus dirigentes.

Es la historia de la guapa Bernarda Araya, quien regresa divorciada de Estados Unidos e ingresa a trabajar en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas. Sin saber cómo, la involucran en los extendidos actos de corrupción del Gobierno de Coalición Patria, presidido por Ciriaco Rasguíñez.

Cuando comienza a recibir amenazas anónimas, para proteger a sus hijos y protegerse ella misma contrata a Gregorio Uriel, un curtido investigador, quien, con su equipo, enfrenta a las mafias que acechan a Bernarda y explora pista tras pista para aclarar de dónde viene el peligro, metiéndose él mismo en más de una aventura. Los tentáculos del crimen empiezan a producir víctimas y el detective encuentra ramificaciones insospechadas, hasta que llegan escenas de gran crudeza.

Se trata de la descripción, en clave novelada y policial, de muchos hechos recientes, que, al quedar en una obra de ficción, no van a esfumarse tan fácilmente de la memoria. O, al menos, esa es la intención.

El libro, que aparece con la Editorial Plaza Grande, se presentó este miércoles 24 en un acto que fue transmitido por las redes sociales de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. Los comentaristas fueron muy generosos y destacaron el interés que despierta la obra, que, dijeron, atrapa al lector, quien no puede soltarla hasta el final. Es el mayor halago que puede recibir un novelista.

 (*) Escritor, periodista. Miembro de la Academia de la Lengua

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