29 de October de 2011 00:02

Tomás González habla de ‘La luz difícil’

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No lo pude ver en persona, pero horas después de una charla telefónica, lo miré en una foto. Lástima que el sonido de su voz no pueda también ser visual... si fuera imagen, acaso se vería como el último fulgor antes del ocaso.

Y empiezo con imágenes, porque Tomás González construye con ellas su más reciente novela, ‘La luz difícil’. El escritor colombiano se da a la poesía para narrar cómo un padre anciano recuerda, a la distancia de los años, la eutanasia de su primogénito; para contemplar y comprender la existencia a través del dolor.

Su tono es desolador y es estoico, es lacónico y es reconciliado, incluso amable. A Tomás le comparto mi lectura de su libro y él se da a comentarla, a completarla, a abrazarla. Suelto la charla tal cual... Y si algún ‘spoiler’ (adelanto de la historia) se cruza por ahí, que sea un motivo más para que lleguen a ‘La luz difícil’.

El título funciona en varias dimensiones, en algún momento topa la luz perpetua…

Cuando el título me llegó una de las cosas buenas que le vi era que podía funcionar en muchos niveles. Uno tiene que ver con la muerte, en el punto en el que se toca la eternidad o cuando el personaje, David (el padre), empieza a vislumbrar esa luz perpetua… Tiene un toque fúnebre, pero también esa luz es de alegría.

La novela carga un tono triste; pero, tras la comprensión de la vida, la muerte es una liberación…

Correcto. La muerte no siempre es algo negativo o terrible, es un punto de redención. La otra cara de la muerte es la serenidad que logra el personaje a medida que entiende lo que pasó 20 años atrás con su hijo.

La ancianidad se presenta como una paradoja. Es la decadencia física pero el despertar de la sabiduría, como si precisamente lo inmaterial fuera lo bello...

Sí, llegué a ese punto. La misma paradoja se manifiesta en que a medida que David, el padre, va perdiendo la vista, gana profundidad de visión espiritual… se apaga una luz y nace otra.

David es espiritual, pero no religioso…

No es religioso en el sentido de que no cree en una realidad a la cual reverenciar, sino que está muy consciente de que vivimos en un mundo infinito y eterno.

De ahí la forma de escribir Mundo y Tiempo, como Dios, como nombre propio…

Son como entidades tan vastas, que nos sobrepasan e instintivamente les pongo mayúsculas. Es que son tan grandes y yo me siento tan efímero.

Mmmm. Y como dice tu personaje ‘mejor saber que ignorar’. ¿Tomaste alguna referencia de la ‘katabasis’ (descenso al averno) de la literatura clásica, para que David descienda a un infierno emocional y luego comprenda su rol en el mundo?

Ahora que lo mencionas, sí. Pero a conciencia. Es algo recurrente en mis libros, en este más.

Por la imágenes poéticas de ‘La luz difícil’, el personaje tenía que ser un pintor.

Fue pintor, porque a mí me hubiera gustado serlo; no lo fui por falta de habilidad en las manos. Siempre hubo imágenes que hubiera querido hacerlas cuadros. En la novela me ocupé de la manera en la que el personaje utilice el lenguaje, que esté cercano a lo que un pintor haría si tuviera que expresarse con palabras… aparece mucho el color, la forma…

¿La escritura y la pintura son modos de perpetuarse ante la muerte?

Creo que sí. Las artes son una manera de entender lo que le ocurre al ser humano, y de eso la muerte es lo más importante. El arte, la literatura parten de ese impulso, de esa necesidad de aceptarla, comprenderla, trascenderla y… admirarla.

David pinta un cuadro: el mar, un ferry y la espuma… la vida, el trayecto que uno toma y lo que va quedando…

Es una metáfora de eso, sí. Pero es una espuma que es al mismo tiempo fugaz y permanente, no es muy sólida, es como imaginaria… la permanencia de la impermanencia. (Es lo que David tarda más en completar).

Ya el espacio queda corto y quedan cosas por redactar, entre ellas las diferencias entre lo que es EE.UU. y lo que es Colombia en la novela (a través de sus relaciones con los perros callejeros); también del uso de la primera persona para narrar: tan cercano, bondadoso, amable... Quedan cosas y quedan sus acercamientos, lector. Que el fulgor en la voz de González les guíe hasta ‘La luz difícil’.


HOJA DE VIDA

Tomás González

Nació en Medellín, Colombia, en 1950. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional de Bogotá. Vivió en EE.UU. donde escribió gran parte de su obra.    
Su obra incluye  las novelas  ‘Primero estaba el mar’, ‘Para antes del olvido’, ‘La historia de Horacio’, ‘Los caballitos del diablo’, ‘Abraham entre bandidos’, ‘La luz difícil’; los cuentos ‘El rey del Honka-Monka’; y el poemario ‘Manglares’.


“(Mundo y Tiempo) son como entidades tan vastas, que nos sobrepasan (...) son tan grandes y yo me siento tan efímero”.

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