11 de February de 2011 00:00

Relatos con denominación de origen andina

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Un chamán shuar fue invitado a un encuentro mundial sobre las tradiciones espirituales de los pueblos milenarios. En la cita, que se realizó en Francia, había curiosidad sobre la ayahuasca, una bebida elaborada con vegetales, que utilizan los indígenas amazónicos en las ceremonias de curación. Ante el asombro de todos, que escuchaban en cinco idiomas distintos, el ecuatoriano advirtió que solo los shuar pueden tomar este sacramento y recibir sus enseñanzas. Ante el silencio general, el indígena aclaró que shuar significa ‘gente’ en su lengua nativa y entre la risa general invitó a todos a tomar la bebida considerada sagrada. La moraleja: las palabras no son lo importante sino el mensaje. Como esta, a lo largo de 130 páginas, hay 36 anécdotas en el libro ‘Historia de chamanes’, de Santiago Andrade León, que fue presentado la semana pasada en Ibarra.

El investigador y practicante de los ritos originarios de los pueblos nativos de América, nacido en Ibarra hace 40 años, aclaró que no se trata de un texto que ofrece recetas ni caminos.

Las vivencias del libro fueron recopiladas por el autor a lo largo de 20 años de convivencia entre chamanes, sabios, ancianos y maestros que cultivan la medicina de los pueblos originarios. Hoy son una propuesta para que cada uno labre su propia ruta.

Con ejemplos sencillos ofrece enseñanzas. Son historias que hablan, por ejemplo, de que el mejor amuleto es tener fe en uno mismo; o que un deseo intenso puede influir en la vida de una persona; también que hay que tener cuidado de los falsos maestros, que en vez de profesar amor profesan odio hacia los demás; que la soberbia nos nubla la visión; o que vivimos rodeados de prodigios... pero, para verlos, no hay que utilizar solo la cabeza sino también el corazón. Sin llegar a serlo, y sin pretenderlo, los textos de Andrade son una mezcla de autoayuda y parábola bíblica, con una fuerte marca andina.

En el texto están las danzas, el llanto, la tolerancia, el miedo, la fortaleza, la debilidad. Es decir, nosotros mismos, los seres humanos, como parte del agua, el aire, la tierra y el fuego.

Andrade dice estar feliz de haberse convertido en guardián de los conocimientos que han sobrevivido a la conquista española. “La vivencia es lo que sirve y lo que compartes es lo que vale. Eso es el conocimiento. Pero para pensar así ha tenido que recorrer montañas, selvas y valles”.

“En América siempre hubo una manera de pensar la vida. Esos saberes se mantuvieron a través de la tradición oral”, comenta. Inicialmente pensó que no era una buena idea escribir un libro, porque no se puede recopilar toda la tradición. Pero luego decidió redactar lo que consideró lo mejor de sus vivencias, para que más personas puedan incursionar en este mundo, que mezcla lo real con lo mágico.

El libro, que fue editado en Venezuela a través de la fundación El perro y la rama, está escrito en un lenguaje sencillo, alejado del léxico complicado de los antropólogos y del estilo new age. “Más allá de reivindicar el pensamiento de los indígenas, el objetivo es compartir que hay una forma de vida, de pensamiento y de medicina que aún está vigente, como una alternativa al mundo materialista”, dice Andrade.

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