7 de January de 2012 00:03

La palabrería alucinatoria del ‘Tush’ Villalba

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Como para leerlo en voz alta caminando por La Mariscal, a la espera de que el alcohol no silencie tanta oralidad, de que el hampa se identifique con esas letras, de que algunitas salgan y se reconozcan con lo leído, como para eso y más lecturas está el reciente libro del quiteño Andrés ‘Tush’ Villalba, bajo el título de ‘Muñones’.

En la escritura de Villalba se diría que todo es verbo, porque hasta el sustantivo más monótono es acción en el ritmo que el ‘Tush’ da a las letras. Las grafías pasan por las páginas como corren ante los ojos del lector, con vigor e intensidad, con violencia, con lujuria. No hay pensamiento por breve que sea que no se construya en frase y pase por la escritura, in-cluso esa idea que no crece y queda como muñón mismo, esa que queda en la reiteración de la sílaba o en el tartamudeo o en la onomatopeya que raya en ruido o en los ligues con otros idiomas.

Y tanta sonoridad se recrea en la dispersión, no hay mayor lógica o linealidad en la escritura del ‘Tush’ que aquella que salta desde la búsqueda de sensaciones y el impulso por tantear la noche y los cuerpos, vivencias de ascensos y de caídas, experiencias ensayadas desde diferentes grados de conciencia.

La contemplación de lo externo y la recreación en imágenes responde al conflicto entre el sujeto del texto y su interior; pues atrás o abajo de ese vendaval de palabras se halla el sentido y la expresión del ser, solitario en medio de harto espectro, desesperado sin esperanza, mendigando amores desde el reclinatorio de las tentaciones. Por eso quiebra que después del exceso y la rumba en la palabra, siga una reflexión entre el padre y el hijo, la soledad de la madrugada, solo el recuerdo de la chica, o la desidia, o la culpa, o el dolor… el naufragio en la sociedad de traje y oficina.

Si en un libro anterior, ‘Cuaderno Zero’, el autor optó por cortar la escritura en versos o líneas, en este, ‘Muñones’, todas las palabras se agrupan desde la letra inicial hasta la final; el escaso orden se consigue con unos dos puntos o la mayúscula en media página. Tanta visión, alucinación y sonido se va configurando en una narración que se abre a la poesía, bajo 36 títulos, entre los que están 4:23 am, Sauce mortuorio I, Refill de copas en el sostén tribulativo, Thelos, Ottundimiento, Exceso de cardenillo en ley seca…

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