21 de August de 2012 00:00

Pablo Corral: este es el mejor momento para la fotografía

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El número 37 de la revista Anaconda llegó con una sorpresa, que también es una propuesta prometedora: una selección fotográfica documental, ‘made in’ Ecuador y salida de la mirada de hombres y mujeres que aún no alcanzan los 40 años. Pablo Corral –quizá el fotógrafo ecuatoriano más internacional– fue el curador de esta muestra a la que define como “arbitraria”, y que después de verse, uno encuentra necesaria, como punto de partida.

Con buen humor y mucho optimismo hace un recorrido breve por el momento actual de la fotografía y por esta selección en particular, de la que dice: “¡Qué alivio no ver siempre a los mismos, no ver más fotos de Pablo Corral! Hay que ver fotos de otras personas”.

Dice que están pasando muchas cosas en la fotografía documental ecuatoriana, mencione algunas…

Estamos viendo una democratización radical de la imagen. Muchísima gente nueva está trabajando en fotografía y está haciendo cosas interesantes. Es el peor momento para los fotógrafos profesionales, pero es el mejor momento para la fotografía, porque hay nuevas maneras de mirar.

¿Qué Ecuador muestran estas nuevas imágenes?

Una de las cosas más importantes es que nos estamos alejando del exotismo y del costumbrismo y eso es realmente una maravilla. Hemos pasado tantos años haciendo las mismas imágenes una y otra vez que es bueno ver fotos distintas, imágenes de la clase media, de gente divirtiéndose, de situaciones más cotidianas. Nos estamos empezando a fotografiar nosotros mismos; antes siempre fotografiábamos al otro, al pobre, al marginal, al distinto.

¿Por qué empezamos a vernos a nosotros mismos?

Creo que es algo que viene de la estética de Facebook y de Flickr.

¿Esta fotografía un poco más doméstica y personal es la que está en esta selección?

Yo creo que son tan válidas las fotografías que tienen un gran valor documental, que denuncian y que provocan, como las fotos que no dicen nada o que me dan simplemente una sensación, que me hablan acerca de la vida; estamos usando la fotografía para hablar de cosas más personales.

¿Esa es ya la tendencia: narrativas interiores, mínimas?

Nosotros como fotógrafos profesionales debemos quitarnos este enorme peso de los hombros, que implica querer transformar el mundo. Nos hemos puesto esa misión absurda de que vamos a cambiar el planeta con nuestro trabajo y hemos perdido el gozo.

Y el trabajo se les volvió denso, algo triste...

Claro, porque no vas a cambiar nada. El hecho de que una foto haya tenido algún impacto en la historia es anecdótico.

La niña de Vietnam (de Nick Ut), por ejemplo.

Sí, pero son poquísimas las que han llegado a tener ese impacto. El 99,9 de las fotografías no cambian el mundo. Es muy importante entender a la fotografía simplemente como un lenguaje. De lo que se trata es de gozar con el lenguaje para hacer algo interesante.

¿Son solo los fotógrafos jóvenes los que vienen con otras miradas y propuestas?

Esta es una ola que nos va a arrastrar a todos y es muy poco lo que podemos hacer, porque millones de personas se apropian de la fotografía para hablar de lo propio. Hay muchos fotógrafos profesionales que siguen obsesionados con ciertos temas, como la guerra, y es importante que lo hagan. Pero en general es muy saludable el descargarnos de ese peso terrible de tener que hacer siempre cosas serias e importantes.

En medio de tanta frescura ¿surge la necesidad de curadores para diferenciar fotos de Flickr comunes de las que dicen algo, o no?

Es muy subjetivo. Lo que estamos haciendo los fotógrafos profesionales es reciclándonos, porque como el secreto ha sido revelado, nosotros estamos perdiendo espacio. Nosotros hacíamos algo que la mayoría no sabía hacer.

Por falta de la herramienta.

Sí y porque tampoco sabía revelar, ampliar, conseguir calidad. Ahora todo el mundo con una cámara sencilla puede conseguir calidad. Perdimos la posibilidad de ser diferentes y únicos y por eso pretendemos mantener la autoridad en qué es interesante y qué no. Pero eso es muy subjetivo, porque las imágenes tienen una vida propia.

Dentro de su texto en Anaconda repite varias veces la palabra ‘misterioso’, para definir los trabajos que publicó la revista, ¿por qué?

Creo que la palabra más bien es ‘ambiguo’; me refiero más a la ambigüedad que al misterio. La imagen documental es muy descriptiva, en general uno puede saber lo que está pasando, cuál es la historia. Los nuevos fotógrafos están menos preocupados en esta diferenciación entre el documentalismo y el arte, simplemente están jugando, haciendo cosas que a ellos les parecen interesantes. Muchas de esas imágenes cotidianas son ambiguas, porque no entendemos muy bien lo que está ocurriendo. Al ver una foto de lo cotidiano, ¿cuánto sabe uno?

Nada, pero se puede imaginar mucho más…

Eso es precisamente lo que hace interesante a una imagen, el hecho de que haya algo que no se pueda definir, que sea ambiguo. Lo que el observador aporta enriquece mucho al arte. Si es que la imagen te da demasiadas pistas no resulta tan interesante.

¿Qué se gana teniendo este registro fotográfico mucho más cercano a la clase media, estética y socialmente?

Es que hasta ahora la clase media no ha existido. Son los extranjeros los que han definido la imagen de lo que somos; los extranjeros y los políticos. La fotografía se ha utilizado como herramienta política. La foto de denuncia fue una parte muy importante de la historia fotográfica del siglo XX. Los extranjeros vienen y toman fotos de los indígenas, a veces de una forma muy superficial. Obviamente los de la clase media ecuatoriana somos bastante aburridos porque nos parecemos mucho a otras clases medias del mundo. Y por eso hay que trabajar mucho más para encontrar algo interesante. Ahora hay toda una tendencia a buscar cosas simples, no dramáticas, con ángulos aburridos. Hay toda una búsqueda de la fotografía aburrida.

¿Por qué?

Porque hemos visto tanto que es refrescante ver cosas que no sean tan perfectas, más asequibles.

En esta selección no hay paisajes, por lo menos no aquellos a los que estamos acostumbrados. ¿Cuáles son los nuevos paisajes?

Son urbanos, son paisajes intervenidos. Uno viaja por este país y es casi imposible encontrar un espacio sin un poste de luz, sin una casa de bloque sin terminar, sin propaganda política… El paisaje idílico ya no existe. Hemos intervenido todo. Por eso creo que es interesante empezar a ver las cosas de otra manera, sin necesitar de paisajes perfectos.

¿Hay mucho de identidad en estas fotos?

La única conclusión a la que llegas viendo a estos nuevos fotógrafos es que somos muy diversos y que hay muchas perspectivas posibles y maneras de vernos. Y esa diversidad es una parte esencial de nuestra identidad.

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