18 de November de 2010 00:00

María Helena Barrera explora el país secreto

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Redacción Cultura

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Si fuese cierto aquello de que las canas son sinónimo de sabiduría, María Helena Barrera-Agarwal quizá debiera lucir una cabellera plateada. Pero la reciente ganadora del Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit no necesita más canas que las pocas que adornan su brillante pelo negro, para comprobar su conocimiento. Para eso, ella se limita a escribir.Su ensayo ‘Merton y Ecuador. En busca del país secreto’, ganador del Espinosa Pólit de este año, descubre la intensa relación intelectual entre el monje trapense y místico francés-estadounidense Thomas Merton y los artistas ecuatorianos Jorge Carrera Andrade y Jaime Andrade Moscoso. El motivo central de la correspondencia es el proyecto de Merton de construir un monasterio en Ecuador.

A través de este texto, Barrera-Agarwal evidencia un vibrante intercambio entre los intelectuales ecuatorianos de la década del 50 con el mundo. Esto siguiendo una máxima, de autoría, precisamente, de Espinosa Pólit, que rige su investigación, y que a su entender define al Ecuador: “Gran riqueza imperfectamente explorada”. Con esta premisa y una sencillez deslumbrante, comienza la entrevista.

¿Cómo llegó a Merton y a desarrollar la idea de ensayar sobre las relaciones de este monje trapense con dos intelectuales ecuatorianos?

Siempre he admirado a Merton y cuando llegué a su tercer diario, ‘A search for solitude’, encontré menciones sobre el Ecuador, algo que nunca esperé.

¿Y empezó a averiguar?

Fui a ver los archivos Merton que están en la Universidad de Columbia (Nueva York) y ahí encontré las cartas de Jaime Andrade Moscoso a Merton.

¿Después qué pasó?

Llegué a las cartas de Jorge Carrera Andrade, en la Universidad de Stony Brook. Poco a poco empecé a leer otros libros, conseguí documentos del centro Merton, pero lo más importante es que me contacté con los familiares del escultor Andrade Moscoso que tenían unas cartas de Merton a Andrade Moscoso. Son 12 cartas; ni siquiera el centro Merton sabía de su existencia.

¿Cómo fue el proceso de la investigación; vino a Ecuador a entrevistarse con la familia de Andrade Moscoso?

No vine, hablamos por teléfono. Por mi profesión (abogada) no puedo viajar cuando quiera. La investigación me tomó más o menos dos años.

¿Le enviaron las cartas?

Sí, me mandaron copias.

Acaba de decir que su profesión es muy demandante, ¿a qué hora escribía?

Usualmente me despierto a las 03:30 a escribir. De otra manera es imposible hacer nada.

¿Qué país secreto descubrió usted a través de esta correspondencia?Lo más importante de todo esto es reflexionar sobre los alcances que los intelectuales ecuatorianos han tenido; tuvimos a un hombre como Andrade Moscoso, que está hablando de igual a igual con Merton, sin adulaciones. Al mismo tiempo, Merton está en contacto con Boris Pasternak (Premio Nobel de Literatura 1958) en Rusia.

¿Y con Carrera Andrade?

Pasa lo mismo. Yo creo que se ha hablado mucho de que el acervo de los ecuatorianos es hasta cierto punto limitado. Y no es así. Galo Galecio, de quien hace poco terminé un ensayo, por ejemplo estaba de igual a igual con Leopoldo Méndez, quizá el mayor genio del grabado mexicano de su época. Eso ha pasado con Camilo Egas, otro hombre extraordinario. Investigando descubrí evidencia sobre un crimen que se cometió contra él.

¿Cuál?

La destrucción del mural que él creó para la Feria Mundial de 1939, en Nueva York.

¿Quién lo hizo y cómo pudo hacerlo?

Fue por acción y omisión de las autoridades diplomáticas ecuatorianas en 1942. Documentos de la Biblioteca Pública de Nueva York comprueban que porque ese mural no les gustó a dos o tres autoridades de aquí, se lo dejó dentro del pabellón hasta que el pabellón fue destruido.

¿Sabe qué molestó tanto a las autoridades?

Fue un mural muy fuerte para esa época, que hablaba sobre el poderío del espíritu nativo del Ecuador. Y estaba representado en una inmensa mujer con uno de sus senos descubierto. Sobre eso estoy publicando en el próximo número de la revista Procesos de la Universidad Andina.

¿Cuántas más cosas piensa descubrir en bibliotecas?

Es que los bibliotecarios colaboran muchísimo, cuando se enteran lo que uno está investigando. Les debo mucho.

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