1 de July de 2012 00:00

Imaginarios y fragmentos de la urbe

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Son perspectivas sobre la ciudad, las artes y las letras. Son expresiones que fluctúan desde el video hasta la pintura, del dibujo a la poesía. Son obras que parten de un encuentro entre creadores y se muestran en las salas del Centro Cultural Benjamín Carrión, hasta el 27 de julio, para compilar esos imaginarios que supuran desde el asfalto y el peatón.

Visiones urbanas, como se ha llamado a este encuentro, bien podría llamarse visiones fragmentadas; como si la fragmentación de la ciudad y de los individuos que la habitan fuera una característica de la contemporaneidad que nos atraviesa. Ciudades esquizofrénicas, que son una y varias; de extremos que se chocan solo para saber que el otro existe; donde los ecos del pasado se cruzan con los ladridos de la modernidad. Allí, como si lo urbano no se refiriese exclusivamente a un territorio, sus límites se quiebran o se amplían más allá del tiempo, hacia la profundidad psicológica.

Se trata de un compendio de fragmentos que se arma como un caleidoscopio de lo urbano, más allá de las toponimias.

En las perspectivas de los artistas, las tradiciones perviven, acaso con nostalgia o como un deber de la memoria social. Así, el Colegio de Artistas Profesionales de Pichincha se da a los juegos infantiles o a los dulces de antaño, para interpretar las relaciones del individuo con un tiempo pasado y una inocencia ausente, con esa otra ciudad que lucha por su vigencia ante el progreso. Patricio Ponce también muestra esa tensión de tiempos en un mismo territorio, lo hace con una impresión donde dos trenes salen fugaces hacia el norte, bajo la mirada pétrea de la virgen.

Lo patrimonial de Quito se reformula en la estampa que Juan Carlos Morales escribe sobre las soledades de los artistas urbanos, grafiteros de la noche, ante la memoria frágil y la locura. Santiago Páez cede al enredo de intimidades que confluyen en el vertiginoso ritmo de la cotidianidad. Marcelo Báez mira a su Guayaquil, con los ojos puestos, cinematográficamente, sobre personajes desdibujados por la apropiación de una estética ‘cosmopolita’, que regenera identidades. Y Jorge Velasco Mackenzie, derrotado ante la poética de su ciudad, inventa un puerto que le impone sus rigores y sus cosas irreales.

Gráficamente, Carlos Revelo hace lo suyo al plantear el rostro del citadino delimitado por las señales que norman su vida, que lo tornan más civilizado y menos persona. Y, en ese frenesí, Nelson Santos se da el tiempo para cazar la sutileza de los cielos, con sus acuarelas y poemas de Rilke.

Las visiones de género se mezclan con la arcilla moldeada por Sara Palacios, donde los bustos de cuatro mujeres están bajo el peso de una cadena, que las ata y también ata sus identidades diversas. Ocurre también con la pieza de Magdalena Pino, mostrada antes en ‘Diálogos de imaginarios’. La serpiente de piel tejida a croché, abre su boca para engullir todas las ideas preconcebidas sobre el imaginario de la mujer a lo largo de la historia, su representación en las religiones y sus roles en una sociedad dispar.

Algunas obras escritas y gráficas no fueron creadas para esta edición del encuentro, pues han sido ya publicadas o expuestas con anterioridad; sin embargo en este espacio se recontextualizan. Así, la poeta Ana Minga dibuja una relación con los perros callejeros, quienes “con kilos de tos en la garganta / somos fieles hasta en la muerte”; un texto publicado en su poemario ‘A espaldas de Dios’.

También en aspectos etarios, la muestra plasma una fragmentación, pues los participantes pertenecen a distintas generaciones y, por ende, a diversas maneras de asumir el compromiso o la irreverencia, a otras lentes para ver al mundo sus virtualidades y a distintos formatos para expresarlo. Pero, en los muros del Centro Cultural Benjamín Carrión, estos fragmentos temporales dialogan.

Nelson Román presenta en ‘Un joven asesinado’ la violencia que cohabita en el género humano; lo hace con su propuesta neofigurativa de geometrías y tramas, que dejan ver el rostro cierto (y bestial) del ser urbano. Mientras que, La Emancipada se apropia del espacio público para proyectar los ‘flashes’ de esa vida de neón y desenfreno que también nos habita.

Y así, las visiones se fragmentan y se fragmentan las reflexiones, al mismo ritmo que se multiplican los nombres y las obras: Jenny Carrasco, Patricio Palomeque, César Carrión, Vicky Carrasco, Édgar Allan García, Sonia Manzano, Juan Secaira, Hugo Proaño, Cristóbal Zapata, Rosy Revelo... Quito, Guayaquil, Cuenca, ciudades, visiones, fragmentos...

Algunos textos

Espectros moleculares

Bajo este cielo torturado con los cepos del invierno, vuelvo a ver/
un océano de primates encerrados en sus cubos de aluminio/
sobre una turba de mendigos que rebusca entre millares de miradas/
una sola que le diga que la dicha ha comenzado con el cambio de la luz.
César Eduardo Carrión
(fragmentos de Limalla Babélica)

En la Foch (frag.)

...Yo estoy aquí
colegas, camaradas
de la Noche Antigua.
Chupando los residuos
del ocaso feroz, fugaz,
falaz,/
como un cero-negativo,
como un cero a la
izquierda/
de la ciudad ajena.
Carpe-diem
Carpe-noctem.
Hoy es la noche
de nuestra independencia.
Cristóbal Zapata

Mapasingue (frag.)

El aguacero ha caído recio durante toda la tarde, toda la semana, todo el mes. Las nubes negras se han apoderado de Guayaquil. El cielo no termina de derramarse sobre nosotros. Desde el ventanal de la sala, veo llover. La casa donde vivo es la número 644 de la calle Costanera, en Urdesa. Tiene un portón blanco, y en la esquina hay un ficus. Vivo aquí desde hace ocho años...
Marcela Noriega

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