2 de January de 2012 00:01

‘Estambul formó mi vida, mi espíritu’

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‘Necesito un auto con chofer”, dice Orhan Pamuk al equipo de la editorial Random House, a pocas horas de aterrizar en Chile. Es sábado y tiene muchos compromisos planificados. Sin embargo, lo único que tiene en mente es descubrir sitios desconocidos.

“El arte de la novela es esencialmente un arte basado en vidas que transcurren en la ciudad, un lugar donde ocurren muchas cosas al mismo tiempo en distintos espacios, dándonos un sentido de la profundidad de la urbe. Las ciudades forman nuestra conciencia o retrato de la vida. Cada una de ellas tiene su atmósfera propia que, a su vez, deja una marca en la imaginación de sus habitantes”, explica el escritor turco.

En su autobiografía ‘Estambul. Ciudad y recuerdos’, Pamuk explica que su identidad creativa ha estado determinada por su permanencia en Estambul, su ciudad natal. Su apego a ese lugar y a sus raíces es tan fuerte, que incluso ha seguido viviendo en la casa que perteneció a sus padres. Pero la dependencia que dice tener con esa ciudad no significa que la idealice. “Estambul me dio una cierta melancolía, la cual asocio con lo que los japoneses llaman la nobleza del fracaso. La vida ahí, entre las ruinas del Imperio Otomano, era muy pobre y silenciosa. Eso formó mi vida y mi espíritu. La ciudad forjó mi identidad, pero como todas las buenas identidades, yo no la elegí”, afirma el escritor, quien en su gira por América Latina está presentando su libro de ensayos titulado ‘El novelista ingenuo y el sentimental’.

Hace cinco años ganó el Nobel, pero las políticas del Nobel no es un tema del que le guste hablar. Dice que obtener el galardón no le ayudó a calmar la polémica que se desató en Turquía luego de que afirmara en un medio europeo que su país era culpable del genocidio de kurdos y armenios, un tema tabú en la sociedad turca. “Mi perfil ha cambiado y ha mejorado, sobre todo este último año. Pero esos problemas ya pertenecen al pasado. Ahora estoy alejado de la política y más relajado”.

Por estos días, trabaja en un museo que inaugurará en Estambul, inspirado en su novela ‘El museo de la inocencia’, sobre un hombre que pierde a la mujer que ama y que comienza a coleccionar objetos personales de ella de los últimos 30 años, con lo cual Pamuk recorre el pasado reciente de Estambul. Sus libros siempre están cargados de historia, por lo que investiga mucho antes de escribir, costumbre que heredó, quizás, de su formación de periodista. Sin embargo, afirma que graduarse de la escuela de periodismo no le ayudó en nada en su trayectoria literaria. “Nunca ejercí. De hecho, estudié esa carrera solo para tener un título universitario”, confiesa.

Se formó como escritor situado entre la tradición oriental y occidental. ¿Cómo encontró su voz literaria en medio de estos dos mundos?

Yo seguía mis propios estados de ánimo. Quería escribir todas las historias sobre Estambul, todo lo que salía en los diarios, todo lo que veía, sobre fútbol, películas, calles, la belleza de la ciudad. Pero, por otro lado, me interesaba todo lo que estaba sucediendo en la literatura europea y mundial: Kafka, Borges, Mann, Proust. Leía intensamente y pensaba que la literatura era lo más importante que había en la vida y trataba de combinar estas cosas. Mi fórmula para la creatividad es unir dos cosas que no han sido unidas anteriormente y tratar de inventar una tercera entre ambas. En otras palabras, intentar producir electricidad a partir de dos fuentes de energía distintas, como pueden ser el modernismo y la literatura islámica tradicional. Yo soy una combinación de eso, de un modo posmoderno juguetón al estilo de Calvino y Borges.

¿Cómo ve la crisis económica y cultural de Europa?

Me siento desilusionado como un turco occidentalizado que siempre miró a Europa con admiración. En primer lugar, me sorprende la gravedad de esta crisis económica y lo escandaloso que es el resultado de una mala administración y de políticas equivocadas. Es un golpe a la idea de que Europa se estaba administrando bien debido a su sociedad abierta y a su democracia. Hay desilusión por esa causa y también por el hecho de que Turquía haya sido rechazada por Europa.

Persiste la arrogancia europea respecto de Turquía .

Eso también es una desilusión, porque contradice la gran idea europea de democracia, igualdad, fraternidad. Estoy decepcionado, pero no me la paso llorando. Talvez algún día se solucione esto y Turquía y Europa puedan volver a pensar en unirse. Hay tergiversación en el modo en que Europa y EE.UU. presentan a las sociedades poscoloniales o periféricas, pero en esto hay un error. Existe orientalismo, pero también había harenes, y estos no fueron producto de la imaginación académica estadounidense. Por lo tanto, esto no es algo unilateral en que baste decir que no nos comprenden. Talvez no nos comprendan. Su falta de comprensión les sirve para sus fines, pero nuestros Estados y nuestros gobiernos tampoco comprenden a nuestros pueblos. Hay mucho más que criticar en nuestros propios países.

¿Y cómo funciona su proceso creativo?

Entre una y otra novela, me gusta leer. Tengo ciertos temas en mente y planifico mis libros con anticipación. No es que de la nada empiece a escribir. Tomo notas, pienso, converso, comparto ideas con mis amigos más cercanos y trato de formar una novela. Si esta requiere investigación, voy a los archivos, leo un montón de libros o como en el caso de ‘Nieve’, fui a Kars, una ciudad del noreste de Turquía, donde me quedé un tiempo entrevistando a gente con mi grabadora. Fui periodista en ese sentido; todo depende del tema. Me gusta investigar, pero luego uso muy poco y agrego mucho de mi imaginación. Varias veces pienso que lo que escribí en ‘Nieve’ y en todos mis libros es periodístico, pero al mismo tiempo antropológico, con algo de surrealismo, lo que le da un toque poético.

Muchos creadores rehúsan conectar sus obras con su vida personal. ¿Cuánto de su propia experiencia pone en sus novelas?

Mucho, pero cambiándolo. Mis libros no son confesiones sino que intentan ser una descripción cultural del camino que estoy viviendo. Pero sí, también hay una expresión personal.

¿Cree que solo se necesita una imaginación poderosa para escribir una buena historia o también se requieren suficientes experiencias?

Ambas cosas. Pero lo más relevante no es la vida que el escritor tenga, sino la voz que va a dramatizar para hacer esa vida más interesante. Tiene que ver con el modo en que miramos las pequeñas cosas de la vida, aunque no tengamos existencias muy interesantes. Pensemos en Kafka, en Borges: ellos vivieron únicamente en libros, pero lo relevante es cómo ellos transformaron cualquier cosa en algo interesante. Vidas aventureras como las de Jack London y Ernest Hemingway, en cacerías, en el Polo Norte o en la guerra, incrementan la comprensión del autor de la humanidad, y si el escritor además relata esas aventuras, eso hace atractiva su lectura. Pero la literatura no es un reportaje sobre cosas interesantes, sino escribir sobre la vida de un modo que nos haga ver algo con mayor profundidad. La novela literaria no busca la aventura palpable y visible, sino un sentido profundo sobre lo que se está describiendo. Para mí, escribir literatura no es contar lo que sucederá después, sino de qué se trata todo esto.

Uno de los temas que trata en ‘El novelista ingenuo...’ es la experiencia de la lectura. ¿Cree que ese gusto tenga que ver con el placer voyerista del ser humano de husmear en la intimidad ajena?

Son muchas cosas: ver las vidas de otras personas dentro del gran panorama de una ciudad o país, ver al país desde la visión de otra persona, tratar de ponerse en el lugar de otro. La empatía es una de las grandes características del ser humano, la de soñar que uno es otra persona, identificarse con gente distinta a nosotros. Esas son algunas de las cosas que hacemos cuando leemos una novela.

Orhan Pamuk
Antes de ser escritor quiso ser pintor. De hecho, todavía pinta de vez en cuando, pero dice que se siente “más profunda y dolorosamente involucrado con el mundo cuando escribo”. Para él: “Escribir es algo más calculado. Pintar es algo talvez más ingenuo”.   

En el 2006  ganó el Premio Nobel de Literatura. Empezó estudiando arquitectura, luego se inclinó por el periodismo; obtuvo su título pero nunca ejerció. Inició su carrera literaria a finales de los 70.


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