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Vito Muñoz: ‘El mejor de los negocios es ser honrado’

Vito Muñoz como periodista deportivo cuenta con un canal nativo digital de televisión, Vito Tv. Es empresario agroindustrial del sector camaronero y bananero. Foto: Cortesía

Los que cuentan las grandes gestas pasan a menudo a formar parte de la misma épica que nos describen, a fundirse de cierta manera con el heroísmo de los protagonistas. El periodista deportivo Vito Muñoz Ugarte narró en medio del llanto la primera medalla Olímpica para Ecuador, el oro del marchista Jefferson Pérez en Atlanta 1996. De eso y de su faceta empresarial habla en esta entrevista.

¿Los hombres lloran de arrebato emocional pero también de rabia?

Se me fueron las lágrimas por la victoria de Jefferson y por la emoción, me salió del alma ese ‘gracias madre mía por haberme parido ecuatoriano’. Y sí, lloré también de coraje, porque ya me veía devolviéndome a Ecuador antes de tiempo o quedándome en rebeldía, en contra de lo que dispusiera el canal, como lo hice en la cobertura de Andrés Gómez, cuando ganó el Roland Garros en Francia en 1990. Diego Arcos, que había ido a cubrir los Juegos Olímpicos por otro canal, me comentó que se devolvía antes y le dije que yo también. Era mentira, no le di la información que tenía del secretario Mundial de Marcha, quien daba como favorito para medalla a Jefferson Pérez.

¿Los periodistas ahora carecen un poco de ese celo profesional?

Soy muy competitivo y en su momento hice cosas que rayaban en la trampa o en lo incorrecto, de lo que luego me arrepentí. En mis comienzos era inmaduro, muy vehemente y lo que quería siempre era dar una buena cobertura, un buen servicio de información, por encima de todo.

¿Como cuando quiso forzar una puerta a empujones?

En Atlanta, sí. Ese viernes 26 de julio llegamos temprano al IBC (centro internacional de transmisión) para la transmisión de la carrera de Jefferson y no había manera de abrir, se olvidaron la llave y estuvimos empujando, a punto de tumbar la puerta, hasta que apareció un guardia con la llave maestra. Fueron muchos obstáculos los que vencimos para transmitir.

¿Cómo cuales?

Nunca habíamos logrado ni siquiera un bronce. Cuando la empresa Teleamazonas ve que lo que estaba invirtiendo no estaba dejando réditos deportivos ni económicos se empieza a decepcionar y nos avisa para que retornemos a Ecuador. Me encontré con Jorge de la Canale, el secretario Mundial de Marcha, y me dice: “Ustedes tienen un ‘petisito’, que el viernes puede ganar medalla de oro si no hace tanto calor, de plata si circula el viento o de bronce si hace mucho sol, pero menos de eso no, che”. Esa declaración me permite que el canal nos de una última oportunidad y nos permita quedarnos hasta el viernes, a la prueba de los 20 kilómetros marcha.

¿No sabía usted nada de marcha?

Nada. Llamamos a la estación de Quito para el enlace y nadie contestaba, cuando al fin nos comunicaron resulta que el narrador a cargo, Patricio Díaz, no había llegado. Y me pusieron a narrar, yo había ido para la cobertura y entrevistas, tuve miedo de quedar en ridículo. Me quedaron cinco minutos para prepararme, para subrayar los números de los corredores. Ahí me envalentono y digo: ‘Aquí va a pasar algo igual o mejor a lo de Andrés Gómez’. Y fue como un ir entrando en éxtasis a medida que Jefferson Pérez pasaba a las posiciones de avanzada…

¿En otra vida usted sería militar?

Totalmente, desde el corte. Me ha gustado mucho la disciplina, el orden, la lucha, la competitividad. Me gradué en la Academia Militar Ecuador en Quito y si hubiera seguido en el Colegio Militar, a donde iba a ingresar, lo más probable es que me hubiera tocado luchar en el Cenepa.

¿Y qué le impidió ser militar?

Mi padre (Nelson Muñoz+), que toda la vida fue alguien muy organizador, no lo permitió. Quería que me fuera al Zamorano en Honduras a estudiar agronomía o a EE.UU. a cursar administración de negocios. Le dije que quería ser periodista y también se opuso, criticaba ‘eso de entrevistar a pateadores de pelota’. Siempre tuvimos un punto de vista distinto, cada vez que me decía un no, yo trataba de salirme con la mía. En el fondo creo que lo hacía por eso, me conocía. Oponerse o tocarme el amor propio era una forma de desafiarme.

¿Cómo fue entrar a la agroindustria, el mundo de su padre?

Me toca asumir los negocios familiares cuando mis padres mueren (2010), fallecen el mismo día con una diferencia de tres horas. Años antes había fallecido mi hermano. En la madrugada del día siguiente luego de enterrar a mi papá y mamá tenía dos opciones: o tomaba la pistola que tenía en el velador y eran cuatro los muertos o me levantaba como cadete a recibir el agua helada debajo de la ducha, pensando en que salía de allí a luchar por un legado. No a convertirme en un vulgar heredero, que despilfarra el patrimonio, sino en un responsable sucesor.

¿Cómo encontró el camino en ese mundo extraño para usted?

No sabía nada. Me puse en mano de los sabios, de los exitosos y escuché también a la gente que le había ido mal para que me digan en donde estuvo el fracaso. Me ayudaron mucho los empresarios de El Oro que habían sido amigos de mi padre. Hay que juntarse con personas de experiencia, saber delegar y no meterte a dar órdenes en lo que no estás seguro.

¿Cuál es la mayor enseñanza que adquirió en ese tránsito?

La más importante y la que ha regido mi vida: el mejor de los negocios es ser honrado. Eso me decía mi papá. Al honrado lo buscan para hacer negocios y las financieras lo apoyan.

¿Siente que superó el desafío póstumo que le dejó su papá?

Ahora exportamos banano, mi padre era un productor. Materialmente hemos ido más allá, pero en el señorío de mi padre, en su porte de caballero, en su enorme conocimiento, experiencia y sabiduría, no me alcanzarán los días que tenga de mi vida para poder llegar a la mitad de lo que la gente admiró tanto en él.

Trayectoria

Tiene 42 años como periodista deportivo y cuenta con un canal nativo digital de televisión, Vito Tv. Es empresario agroindustrial del sector camaronero y bananero. Y se reconoce como “un galán retirado”, luego de cultivar por años la imagen de un dandi.