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Margarita Laso: ‘La voz humana genera vínculos como un tejido’

Margarita Laso, cantante y poeta. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Apenas se llega a la casa de Margarita Laso, la música inunda al visitante. Ella y su esposo, el percusionista Pablo Valarezo, tienen su estudio musical lleno de instrumentos. Una de sus hijas ensaya con su banda durante esta entrevista en la que Margarita, quien también es poeta, reflexiona sobre la música en su vida.

¿Qué le llevó a la música popular ecuatoriana?

Bueno, a la música, ¿no? Siempre pienso en los ojos de mi papá (Alfonso Laso), en la capacidad de ofrecer a alguien esta lámina de dicha, de paz. Mi papá nos hacía cantar y él mismo quedaba encantado al cantar (sonríe). La música funciona en las celebraciones, las despedidas. La vida se llena de música y la gente acude a los músicos, que andan con sus estuches. Abren los estuches y tiene que salir el conejo, tiene que haber una magia. Antes de subir a un escenario, cuando aumenta el nivel de angustia, estoy esperando un conejo. ¡Y no sale el conejo!

¿Cree que si los poetas hubieran tenido buena voz se habrían dedicado a cantar?

Esto es algo recurrente para mí. El poeta colombiano Elkin Restrepo me decía que escribe porque no podía cantar. Son dos registros distintos. Para mí sí ha sido, también, como caminos que se bifurcan, pero, por otro lado, he tratado -y ha sido una búsqueda- de unir estos caminos. Algunas veces se han juntado y ahora cada vez trabajamos un poco más en eso. En el próximo trabajo, que tendrá forma de disco, aunque no como eran antes, tendrá algunas canciones que finalmente hemos trabajado con Pablo, en esa carpintería de poner a veces letras a una música dada, como en el caso de ‘Soñando con Quito’: Alex Alvear me ofreció la música y yo le puse la letra. Y otras veces, como con ‘Amante impar’, un soneto que tengo, Pablo le puso música. A veces me pregunto por qué he buscado eso, porque para mí la música no puede ser como en las canciones contemporáneas, que no traen rimas y que me gustan mucho (se ríe). Quizá no sea fundamental, tienen otro tipo de estructura del texto. Para mí hay una categoría de palabras poéticas. Me acuerdo que Jorge Enrique Adoum me decía “esas palabras científicas”, que no tenían que ver con la poesía.

El poeta francés Jacques Prevert no publicaba sus letras para canciones como textos autónomos.

Creo que son categorías distintas y algunos textos se deberían clasificar dentro del canon más literario. A mí me gusta mucho la poesía popular, la disfruto mucho por el tema de las coplas. Algunas son una verdad de Perogrullo… ¡ah, pero riman! (risas). Todo esto me parece que es parte de lo que puedo atesorar. Es difícil categorizar las producciones artísticas y los materiales del alma humana.

¿Qué onda con la palabra cantautor o cantautora?

A la cantautora la asocio con la soledad. En soledad hace sus propias canciones y en su propia voz. El compositor siempre es el que escribe la música y a veces puede ser su propio intérprete. Yo soy cantante y también autora, pero presentarme como cantautora no es tan exacto porque una cantautora, como Sandra Bonilla, elige cantar sus propias canciones. Casi cantan solo sus canciones. Para mí, la parte de la música otros la hacen mejor. Trabajar una letra para una canción ha sido un trabajo de taller, de carpintería, pero algunas cositas se han conseguido.

Cuando se habla de la música popular latinoamericana, uno piensa inevitablemente en Mercedes Sosa, que era intérprete…

Ella es una mamá diosa en nuestro continente por lo que representó y el momento en que su voz inundó el continente, y las razones políticas que permitieron que eso nos ocurriera. Y las razones técnicas. A todos nos acompañan ciertos momentos técnicos. Piensa lo que fue la radio para Carlota Jaramillo. ¡Qué increíble momento para rutilar! Y Violeta Parra no llega a tener ese recorrido nunca, no tiene esa voz, pero ella es la cantautora y es una compiladora. O sea, además, recoge la tradición popular, la canta y logra que esas canciones se queden aquí. Son estas tres mujeres las que sobresalen como cantantes, intérpretes, cantautoras y sobresalen como mujeres de la escena y como voces que debes escuchar, que permanecen y que hacen lo que logra la voz humana: generar vínculos, como parte de un tejido.

Cuando comienza su carrera, eran tiempos de la Nueva Canción, la relación música-política era una constante y una razón de ser. En Quito hubo el III Festival de la Nueva Canción, en el que durante siete días fue absolutamente revolucionario.

Y musicales también porque todas las utopías siguen estando ahí, pero la música va cambiando. Sí creo que la música hace parte de la política, como todas las actividades humanas. Acompaña al vivir, a las campañas, pero no en las campañas electorales, que son algo tan pequeño, tan parte del mundo de la ficción. Es como se dice: en Cuba no ha habido elecciones, pero aquí sí. Ah, qué lindo, como que con eso tenemos una sociedad más democrática, no será igualitaria, pero tal vez más democrática. Las utopías siempre van a estar en el horizonte y la música siempre las va a acompañar.

Las utopías siempre están, pero también las realidades siempre se imponen.

Y las realidades siempre cambian. Y a veces son circulares. Lo que estamos viviendo con los cambios de la tecnología, ¿es algo que la humanidad no ha experimentado nunca? Al contrario, cuántos oficios desaparecieron con l os cambios tecnológicos en distintos momentos de la vida. Los linotipistas, ahora que pienso en el periódico… ¿Las imprentas van a desaparecer? ¿Van a quedar solamente para lo exquisito? ¿Vamos a seguir utilizando cuadernos cuadriculados? ¿Vamos a olvidarnos de la caligrafía? Hay que ver que todo cambia y no debemos sentirnos tan desolados de ser parte de la humanidad.

Trayectoria

Es una de las mayores voces musicales del país. Además, es una extraordinaria poeta. Tiene 13 discos de música ecuatoriana (tradicional y contemporánea), canciones de navidad, tangos, boleros. Y ha publicado seis libros de poesía.

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