30 de October de 2011 00:02

Un culto a la imperfección

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Hay películas que definitivamente rinden un culto a la imperfección. Son políticamente incorrectas, porque sus acciones, palabras, actitudes, incomodan el buen gusto y el buen vivir de los hacedores de la industria cinematográfica. Algunas pasan desapercibidas por el público y la crítica, sus recaudaciones en taquilla son casi nulas, pero tiempo después son revaloradas y reúnen, inexplicablemente, a un gran grupo de fans, dándose a conocer en el mundo a través de un solo hilo conductor: un público fiel que las venera. Son las denominadas películas de culto, o ‘ cult movies’.

Durante varias décadas, en Estados Unidos se gestaron este tipo de películas. Su forma de producción, generalmente de bajo presupuesto, y sus lenguajes, perturbaron las definiciones tradicionales del cine. Muchas de ellas, aunque no todas, se mofaron abiertamente de los mitos, tabúes y símbolos, y fueron incómodas para el sistema por las visiones mordaces que planteron del mismo. Otras en cambio, solo fueron películas que el público les dio varias lecturas para luego venerarlas y convertirlas en una especie de fenómeno de masas incomprensible para los cultos críticos de cine. Ed Wood y Roger Corman fueron dos de los representantes del cine de culto americano de los cincuenta –una época en la que el mainstream de Hollywood vivía un esplendor– a pesar de que sus películas se proyectaban únicamente en circuitos de cine de segundo orden o en proyecciones de medianoche. Ed Wood representó para Estados Unidos algo así como la enciclopedia de todos los errores posibles, algo que sus fans amaron desde siempre.

¿Hay en Ecuador películas de culto en una sociedad que -como la ecuatoriana- todavía se estremece ante lo nuevo, se incomoda con lo provocador, se ruboriza ante lo extraño, protesta ante la mezcla y vive un cambio en su cine, que para muchos todavía es ambiguo y desconocido?

Hay películas que se gestan en nuestro país que podrían entrar en esta categoría por lo imperfectas y por sus particulares formas de producción. Si bien no han alcanzado el nivel de fanaticada del “made in USA”, si exploran lenguajes de cómo hacer cine al límite del riesgo social y profesionalmente aceptado; cruzan la línea de lo imaginario, de lo permitido, de lo políticamente correcto y reproducen un culto a la imperfección y a la improvisación como forma de presentación.

Esas películas no se encontrarán en ninguna cadena de cine, solo hay que ir a la tienda pirata de la esquina o averiguar las más repudiadas por los críticos locales, rechazadas en festivales o estigmatizadas. Talvez ahí este el germen de la primera película ‘cult’ de nuestro cine.

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