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El arte de editar libros para los más pequeños

Este libro de María Baranda fue ilustrado por Cecilia Varela; la primera es mexicana y la segunda, argentina.

Este libro de María Baranda fue ilustrado por Cecilia Varela; la primera es mexicana y la segunda, argentina.

Editar para lectores preescolares no es cosa fácil, se requiere concentrar en pocas palabras y páginas información, lenguaje e lustración de fuerte impacto para pequeños de entre tres y seis años.

No ha sido sencillo pero México ha logrado consolidar una industria de literatura infantil competitiva a nivel mundial: vende derechos internacionales de sus libros a varios idiomas y países, obtiene premios prestigiosos en la Feria del Libro Infantil de Bolonia -la más importante de su tipo-, ha forjado una generación de autores, ilustradores y editores especializados en niños.

Editoriales como CIDCLI, con 33 años de historia; Ediciones Tecolote, con 18 años; Ediciones El Naranjo, fundada hace nueve; y 3 Abejas, que arrancó hace unos meses, evitan editar libros “fáciles”, los clásicos con sonidos y peluches; esas editoriales independientes y 100% mexicanas, dedicadas a la literatura infantil, apelan a crear un catálogo de libros literarios y apuestan por la poesía, el cuento, las rimas y las pequeñas historias creadas por escritores e ilustradores mexicanos, y algunos extranjeros, profesionales. E ditar esos libros es costoso pero igual lo hacen, pues prefieren publicar poco y de gran calidad.

Cristina Urrutia, directora de Tecolote, la editorial que ha ganado dos premios en Bolonia: uno por ‘El libro negro de los colores’, su título más emblemático comprado en 13 países, incluido China, y por ‘Migrar’, que han vendido a una editorial de EE.UU. y otra de Italia, está interesada en hacer libros inteligentes, bellos y que propicien la imaginación. “Estamos muy convencidos de que hay que hacer libros bellos que desarrollen su sensibilidad y sentido de la estética”, dice.