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Andrea Vela: ‘El país debería esforzarse por sus talentos’

Andrea Vela, directora de Orquesta. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

La vida de Andrea Vela ha estado marcada por su pasión por la música académica, sobre todo, por la dirección de orquesta, que la llevó a vivir en China. En esta conversación habla sobre esa travesía, de su trabajo en Loja y su visión de la cultura en el país.

Vivió en China durante cinco años, ¿qué fue lo más duro de su estancia en Shanghái?

Quizás el inicio. El primer año fue muy duro por el tema de la comunicación. Me dieron ocho meses para aprender el idioma y cuando fui a las clases técnicas de música no entendía nada. En el segundo año todo mejoró porque ya podía comprender mejor el idioma, además ayudó mucho que la música sea un lenguaje universal. Tuve la suerte de ser aceptada por el maestro Zhang Guo Yong, que es uno de los mejores de Asia. Él me decía que tenía una vena latina que me da una originalidad y otra vena china que está relacionada con mi constancia. Vivía en un ambiente sumamente competitivo, pero al final me sentí como una china más.

En China pesa mucho el tema de la disciplina, ¿cómo le fue con eso?

Con la disciplina me fue bien. Mi maestro decía que es algo que llevo en la piel. Desde niña fui sumamente disciplinada y organizada con mi trabajo musical. En el colegio cumplía porque no me gustaba, pero en el conservatorio era otra cosa; ir a las clases de música me llenaba de alegría y de una energía inmensa. Estuve en el conservatorio desde los 7 años y siempre demostré empeño y disciplina.

¿La cultura ecuatoriana y la china están en las antípodas?

Hay pocas similitudes. En el trato cotidiano los chinos son más cerebrales y más fríos. La competencia es terrible. Sus más de mil millones de habitantes hacen que sea un lugar muy duro para vivir. Los jóvenes que no aprueban los exámenes para entrar a la universidad se van a trabajar a los campos, por eso los niños desde chiquitos viven con ese estrés permanente de hacer una carrera. Acá, si un músico no rinde no pasa nada, allá es reemplazado al día siguiente. 

Cuénteme, ¿cómo nació su amor por el violín?

Una orquesta sinfónica está conformada por cuerdas, vientos y percusión; y las cuerdas se ubican en la parte de adelante de la orquesta. Cuando tenía tres o cuatro años iba a los conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional con mi padre y lo primero que veía era la fila de violines. Pienso que me llamó la atención el instrumento no solo por su bella forma, su registro tan amplio, sus efectos sonoros y su timbre, sino porque el violín, por lo general, lleva la melodía en las obras musicales. Ver ese rol tan decidor dentro de una orquesta me cautivó.

¿Cuántas horas ensayaba?

Me dedicaba mínimo seis horas diarias al violín, los fines de semana eran más. Para ingresar a la Sinfónica Nacional tuve que hacer una audición técnica y eso me llevó muchas horas de ensayo. Lo curioso es que años después, cuando tenía 23 años y ya estaba estudiando dirección de orquesta, me hicieron una prueba para dirigir una obra con la OSNE. Fue algo que me sorprendió mucho; me imagino que me vieron joven, o mujer, o ecuatoriana, pero tuve que hacer la audición. Mi vida ha estado llena de momentos así, de demostrar que soy capaz; aún más en la dirección porque sigue siendo un campo considerado solo para los hombres.

¿Y del violín cómo pasó a la dirección orquestal?

Desde que tenía 16 años decidí tomar la batuta y me propuse ser directora de orquesta. En ese entonces no tenía referentes. Me lancé al abismo. Fue un salto de fe y de valentía que tiene que ver con la pasión que tengo por la música bien hecha. Cuando tocaba el violín siempre me cautivaba lo que hacían los demás instrumentistas y el trabajo del director. Nunca me centré solo en mi partitura, mis ojos siempre estaban por todos lados. 

Dirigió a la Orquesta Sinfónica de Loja por varios años, ¿es cierto que en Loja uno levanta una piedra y encuentra un músico?

La verdad es que sí. Cuando recién llegué estábamos preparando un concierto con unos cantantes y resultó que el tono de la música les quedaba muy alto y me preguntaron si podíamos bajarlo y yo les dije que se podía, pero no en ese momento; los músicos de la orquesta me dijeron que no me preocupara, que ellos de oído podían bajar el tono. En ese momento sentí una emoción muy grande. 

¿Qué es lo que más recuerda de sus años como directora de la Orquesta Sinfónica de Loja?

Mi vida en Loja fue importante. La orquesta creció muchísimo desde el punto de vista técnico, musical, e inclusive humano. Se volvió una orquesta más unida y más compacta, pero no solo fue un trabajo mío sino una cuestión grupal. Maduré mucho como artista con ellos. Ese trabajo conjunto es inolvidable. Hicimos proyectos para la formación de públicos, galas didácticas para niños, obras con formatos teatrales. Sin ayuda del Gobierno armamos un proyecto de jóvenes solistas. Asimismo, fuimos a colegios, reformatorios y hospitales. Había música por todos lados.

¿A la música académica le hace falta salir a otros espacios?

Si el público no viene al teatro, porque hay gente que tiene miedo de ir, los músicos tienen la obligación de salir. Hay que ir a los colegios, a las iglesias, a los parques y a las plazas, más aún en estos tiempos de pandemia. Es necesario que las orquestas vayan donde está la gente.

¿Es necesario salir del país para  vivir de la música?

A este paso creo que sí. Imagínese que regresé al país y me encontré con las puertas cerradas. Si no logro dirigir orquestas voy a tener que irme nuevamente. Ahora soy docente de la Universidad Central, ahí doy clases de dirección de orquesta, pero si me voy eso se va a perder. Pienso que el país debería esforzarse más por atrapar a sus talentos y no dejarlos ir.

Entonces, las últimas declaraciones de Richard Carapaz también se aplican a la cultura.

Tengo tres títulos y dos de especialidad en dirección de orquesta y todos han sido triunfos míos. Cuando solicité ayuda para representar al país en el Palacio de Bellas Artes, en México, me la negaron. Mi trabajo como directora de la Orquesta Sinfónica de Loja fue con plata y persona; constantemente nos decían que no existía presupuesto para nosotros. Afuera mi trabajo siempre ha tenido gran acogida. He dirigido en muchas partes y nunca he sentido un gesto o una manifestación de machismo, o de egoísmo por parte de nadie.

Trayectoria

Tiene una Maestría en Dirección de Orquesta por el Conservatorio de Shanghái, China y un Artist Diploma en Dirección de Orquesta y Ópera, por la Catholic University of America, de Washington DC. Fue Directora Titular de la Orquesta Sinfónica de Loja.

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