5 de September de 2011 00:03

‘Nosotros vamos al trote de un asno’

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El escritor ecuatoriano Juan Valdano, habla sobre la cultura y el poder.

¿Qué implica la globalización del pensamiento?

Hoy vivimos una globalización que es producto de la tecnología y de la comunicación global. El intelectual, el escritor, el hombre de ideas era consultado muchas veces para las directrices de las grandes políticas del Estado, pero hoy día ya no.

¿A qué se debe esta transformación?

Siempre el hombre de pensamiento ha sido un poco visto con cuidado por el poder, pero hay un poder que puede ser tolerante o puede ser más ilustrado. Hoy me parece que la misma tecnología aporta al poder todos los supuestos medios para el Gobierno. La política yo la concibo como el arte de lo posible.

¿Cómo lograr acuerdos en una sociedad democrática?

El diálogo debe ser justamente de consenso.

¿Y cuando no hay apertura y se intenta imponer las cosas desde el poder?

Cuando dejamos de lado el diálogo, el consenso, yo creo que la democracia en general, si es que hablamos de democracia, es fundamentalmente esa política de llegar a grandes y amplios consensos. Yo creo que vivimos una época de transición un poco nebulosa y en este tipo de tormenta ¿qué es lo que surge? Justamente un Estado totalitario, pero totalitario no en el sentido antiguo, sino autoritario en el que se trata muchas veces de suprimir el diálogo.

¿Qué significado tienen sus libros ‘La Selva de los Caminos’ e ‘Identidad y formas de lo ecuatoriano’?

Lo que hago es un análisis de la sociedad ecuatoriana desde el punto de vista más bien de la observación cotidiana como un país desordenado, en donde impera más bien el caos, la desobediencia constante. Pongo una metáfora que es la selva.

¿Pero habla de un caos que funciona?

Eso porque ese caos ¿cómo así no nos ha llevado a la desintegración?, ¿cómo así este caos no ha llevado al Ecuador a la desaparición?, ¿por qué? Porque hay unos caminos de fondo que, a pesar de todo, nos cohesionan.

¿Cómo entender eso?

Con ese sentimiento de comunidad, tiene sentido la familia, un respeto al ser humano a pesar de todo. Una aversión al autoritarismo cuando surge este, pese a que persiste, pero no se queda. Hay una humanidad de fondo que busca la avenencia o la coherencia, no el choque.

¿Por eso se refunda el país cada cuatro años?

Ahí está la selva. La improvisación es una de nuestras características.

¿Puede alcanzar ese caos un estado de madurez?

El estado de madurez tiene que irse cimentando. No podemos quedarnos al margen de la historia cuando otros países van a un ritmo de avión supersónico y nosotros vamos casi a trote de un asno, muy lentamente.

¿Acaso se debe aprender con dureza?

No creo. Los excesos de poder represor nunca se han dado en nuestro país. Esa aversión al autoritarismo, tarde o temprano, hay una razón que sale desde el fondo que impide que eso continúe, no que sea necesario un poder omnímodo, irracional. Hay que construir un Estado plural.

¿Cuán generosos somos los ecuatorianos para eso?

Yo creo que sí somos generosos, somos tolerantes.

¿Generosos, pero también pendejos como decía Facundo Cabral?

No. Yo tengo fe, en primer lugar, que cada ecuatoriano tenga una visión más clara, más generosa de su realidad y luche por el futuro del país.

¿Cómo funciona una sociedad sin respeto a principios como la libertad de expresión?

Tolerancia es que yo puedo respetar su opinión así esa represente un punto de vista diferente al mío y en democracia lo que debe haber es tolerancia, consenso y respeto. La libertad de opinión e información es un principio universal lo mismo que el derecho a la vida, a la honra. Lo que sí pedimos es que ese poder sea tolerante y que busque cómo compaginar su visión de las cosas con esa visión que no coincide con él.

¿Por qué su afición a las letras y a los libros?

Yo estudié dos carreras en la universidad: Jurisprudencia y Filosofía y Letras. Me gradué en los dos campos, pero dejé la primera porque no me veía como abogado, discutiendo en tribunales, y más bien me dediqué por completo a la literatura.

¿Cómo fue su infancia en Cuenca?

Uno absorbía ese ambiente cultural. A los 12 ó 13 años me gustaban las novelas de aventura. Antes, en mi casa no había mucha tradición de lectura y, sin embargo, me gustaba ver los libros en una librería cuando no sabía ni leer ni escribir. Me entusiasmé por las historias y fantasías.

¿Cuánto bien hacen esas personas que nos ayudan a leer y comprender?

A ir descubriendo ese mundo paralelo que está más allá de un horizonte de lo material, de lo tangible.

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