16 de February de 2011 00:00

Aires y sonidos celtas llegan a Quito

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En el equinoccio de Quito se cuelan melodías celtas. Los sonidos suben desde una terraza en el norte de la ciudad; salen de una gaita y pueblan ese aire que es más afín al silbido de la ocarina. La tarde es apacible pero, con esos ecos viejos de otras regiones, alcanza ribetes de magia y de celebración.En la azotea, los cinco músicos que integran Druida Ensamble Celta interpretan temas que nos llevan a cruzar mares, hasta Bretaña, Normandía, Hispania, subir montañas alejadas de los Andes, internarnos en bosques de vegetación diferente; son temas que, la noche del jueves 17, sonarán en el Auditorio Las Cámaras. El concierto es una manera de generar curiosidad sobre este tipo de música, de darle un espacio, y de difundir la cultura celta en el país.

El proyecto nació de Juan Fernando Sáenz, quien, por raíces y por transmisión oral, se pertenece a la cultura gallega (celta). Él, atraído por el sonido de la gaita, siendo músico desde la infancia, se volcó hacia el instrumento. Con viajes y literatura de por medio, Sáenz se envolvió más en ese mundo, llegó a adquirir una gaita en Galicia, España, y a aprender su interpretación en Buenos Aires (ciudad con tres millones de gallegos), puesto que en el país no existía quien le enseñase.

A la idea se sumaron su hermana Isabel, quien aprendió a cantar y tocar la pandereta gallega; Paula Terán, música de formación, que toca la flauta; Christian Munive, quien acompaña con la guitarra y los teclados; y Nicolás Schipper, de raíces británicas por la línea paterna, interpreta la gaita escocesa. Para entablar un diálogo entre los espectadores y las manifestaciones culturales de los celtas en sus presentaciones utilizan los trajes tradicionales de la región: las chaquetas o polainas gallegas, los ‘kilts’ escoceses...

Además de sus presentaciones, Druida maneja un sistema de clínicas musicales; es decir acuden a facultades e institutos para compartir enseñanzas sobre los instrumentos tradicionales celtas.

Algunos de los miembros del ensamble, como Sáenz, entraron a lo celta por la lectura, la mejor o, por lo menos, la más interesante puerta para hacerse de un conocimiento y de una pasión. Fue la literatura celta, esas baladas pobladas de faunas sorprendentes, esos cantos feéricos (relativos a las hadas), lo que los llevó de la palabra al sonido. Un sonido que califican de místico, mágico.

Aunque, el principio en ambas gaitas es similar (tener varios elementos sonoros conectados a una bolsa de aire hecha de materiales sintéticos y cuero o, antes, de vejigas y piel de animales), Sáenz y Schipper explican las especificidades de sus instrumentos. Cualidades que les vienen por historia y que se corresponden a los usos de la gaita en Galicia y Escocia.

En la primera región estaba ligada a la vida pastoril, pues Galicia “no vivió guerras tan fuertes”, explica Sáenz. Mientras que, en la otra, su función era marcial, “antes, cargarla, era como cargar una M-16”, dice entre risas Schipper. Así, desde una concepción distinta, las gaitas también difieren una de la otra en su musicalidad y en su digitación. A lo cual se suma que la gaita no es un instrumento temperado, por lo tanto no comparten la misma afinación.

No se puede hablar de una música celta, sino de géneros que comparten tonalidades y matices; es el caso de los jigas, los ‘reels’ o las muñeiras. Estas últimas se interpretaban mientras los campesinos trabajan en los molinos. También se han dado casos de fusión de ritmos, principalmente en asociación a los bailes.

Druida Ensamble Celta considera que su música no es del todo extraña al ecuatoriano pues ya varias de estas melodías han sido representadas en el cine o en la televisión. Incluso hay varios grupos de rock pesado y metal que tienen bases o conservan ritmos celtas en sus temas. Lo que sí los diferencia es la utilización de instrumentos tradicionales; además de las gaitas, están el ‘bodhrán’ (tambor) y los ‘whistles’ (silbatos).

Y sus sonidos se harán en la noche de mañana en Quito.

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