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¿La crisis hará sensibles a los acreedores?

Los peatones circulan junto a carteles colocados en las paredes que dicen “No pago de la deuda. Ruptura con el FMI”, en las céntricas calles de Buenos Aires, Argentina. Foto: AFP

Los peatones circulan junto a carteles colocados en las paredes que dicen “No pago de la deuda. Ruptura con el FMI”, en las céntricas calles de Buenos Aires, Argentina. Foto: AFP

Los peatones circulan junto a carteles colocados en las paredes que dicen “No pago de la deuda. Ruptura con el FMI”, en las céntricas calles de Buenos Aires, Argentina. Foto: AFP

El complejo escenario económico que vive el mundo plantea el debate de buscar mecanismos para aliviar el peso de la deuda en los países, sobre todo en los más pobres. “Debemos hacer todo lo posible para evitar lo que podría ser una crisis de deuda devastadora, con impagos incontrolados”, decía el 17 de abril, el secretario general de Organización de las Naciones Unidas, Antonio Guterres. El llamado lo hizo al finalizar el encuentro primaveral del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

La organización defiende la necesidad de aplicar una moratoria para permitir ‘respirar’ a los Estados que lo necesiten e impulsar una revisión de los pagos, para aquellos que no tienen acceso a los mercados, en un mecanismo de cooperación entre deudores y acreedores.

Pero esta exclamación de la ONU no es nueva. En septiembre del 2015, la Asamblea General ya aprobó nueve principios básicos para que el proceso de reestructuración de la deuda soberana de los países sea justo y económicamente sostenible; aspectos que se aplican a un ritmo pausado.

No obstante, estos pedidos a los acreedores de aliviar la deuda pública se profundizaron por el covid19. El más reciente es el que hicieron España, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Paraguay, República Dominicana y Uruguay, cuyos mandatarios se reunieron vía teleconferencia, el 24 de junio, y formularon una declaración conjunta. Uno de los puntos destacados es el llamado a “estudiar posibles reestructuraciones de pagos de deuda, caso por caso, para países altamente endeudados por la pandemia”.

A las peticiones se suman personajes como el Nobel Joseph Stiglitz. “La reestructuración de la deuda necesita ser sostenible”, dijo en una conferencia a propósito de los 50 años del Banco de Desarrollo de América Latina CAF. “Los acreedores estrangulan a los países de modo irracional”.

Stiglitz participó en el evento virtual junto a la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, y el secretario general de la Organización para el Comercio y el Desarrollo (OCDE), Ángel Gurría. Bárcena planteó que tras el coronavirus, 215 millones de personas caerán en la pobreza y Gurría remarcó que los impactos que está generando la crisis de coronavirus, “en términos de desempleo en las pymes, son brutales, y las autoridades no saben cuánto va a costar, entonces siguen lanzando paquetes de ayuda”.

El Nobel de Economía del 2001 hizo estos comentarios en el contexto del proceso de renegociación de la deuda que lleva a cabo Argentina con un grupo de acreedores. Este pleito arrancó el 22 de abril y en varias ocasiones se ha postergado la fecha de cierre de un eventual acuerdo. En principio este desenlace se esperaba para el 19 de junio, pero la nueva fecha prevista es el 24 de julio.

¿Quiénes son los principales acreedores externos de los países? De modo general se ubican en tres grupos. Uno corresponde a los tenedores de bonos (‘bondholders’) como bancos y fondos de inversión; otro involucra a la banca multilateral y en tercer lugar están los países (deuda bilateral).

¿Es posible esperar ‘sensibilidad’ de los acreedores? Olga Cavallucci, PhD, politóloga y experta en negociación, señala que una respuesta a la pregunta es compleja, en la medida en que depende de distintas variables y de cómo cada una de estas influye en el planteamiento final de cada país.

En términos muy generales, dice, esas fuerzas podrían reducirse a tres: los recursos económicos de los que cada país disponga en un momento dado; el tipo de política y de políticos que negocian (no es lo mismo un presidente autoritario y negociador duro al estilo de Donald Trump que otro perfil más conciliador); finalmente, los antecedentes del país acreedor. “Obviamente, si el país ha tenido una actitud desafiante y se han desconocido deudas del pasado, esos precedentes no favorecerán una actitud ‘comprensiva’ hacia el país”, señala Cavallucci.

El economista Ramiro Crespo señala que hay que tener en cuenta dos aspectos en este pedido de sensibilidad en la deuda. Uno, que detrás de los acreedores también hay miles de personas que han invertido su dinero y esperan una rentabilidad. Y otro, que siempre hay posibilidades de ir a una renegociación, con base en análisis técnicos, en donde se pueden posponer pagos, revisar tasas de interés, etc. Lo importante es que exista seriedad y compromiso de pago; y que esos recursos que se piden a través del endeudamiento no se desvíen hacia la corrupción.

Más allá de esperar o no sensibilidad de los acreedores, Susana Malcorra, decana de IE School en Asuntos Globales y Públicos y excanciller de Argentina, asegura que es urgente, para lograr una recuperación equilibrada y sostenible, que las instituciones involucradas revisen la situación de deuda de estos países, con el objetivo de encontrar soluciones creativas que generen los márgenes de maniobra requeridos. “De no tenerse en cuenta, las consecuencias sociales serán severas”.

De hecho, el FMI dijo el viernes que el virus amenaza con “reavivar las tensiones sociales en Latinoamérica y el Caribe”, por el alza de la pobreza.