21 de junio de 2020 00:00

El coronavirus pone en riesgo a la cascarilla

La cascarilla es una planta de Ecuador y sus especies están distribuidas sobre todo en los Andes.

La cascarilla es una planta de Ecuador y sus especies están distribuidas sobre todo en los Andes. Foto: Cortesía Universidad Nacional de Loja

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Isabel Alarcón
Redactora (I)

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En el siglo XVII, cuando no se conocía un medicamento que pudiera salvar a la humanidad de la malaria, se descubrieron las propiedades medicinales de un árbol “milagroso” en Loja, que sirvió para curar esta enfermedad. La esperanza de que esta planta, conocida como cascarilla o cinchona, también ayude en la lucha contra el covid-19 está poniendo en peligro su existencia.

Felipe Serrano, biólogo y director ejecutivo en Ecuador de Naturaleza y Cultura Internacional (NCI), explica que después de cuatro siglos de explotación cíclica, las poblaciones de cascarilla han sufrido una disminución evidente en las zonas donde originalmente estaban distribuidas.
 
Las primeras cosechas de cinchona ocurrieron en 1633. Las personas la buscaban para extraer la quinina, un alcaloide capaz de eliminar al parásito causante de la malaria. Para obtenerla, se debe sacar la corteza del árbol. Al repetir el proceso, la planta pierde significativamente esta capa y muere.

En los primeros años, cuando no existía el producto sintético que ahora sustituye a la quinina natural, las cosechas eran masivas. A principios del siglo XX se sintetizó la cloroquina, por lo que ya no era necesaria la extracción de la corteza. El problema regresó con la Segunda Guerra Mundial, cuando se volvió a explotar masivamente a las poblaciones naturales del árbol de cascarilla en todo el mundo.

Para Serrano, la historia se repite con el covid-19. Los rumores de que la corteza de esta especie sea una potencial cura para el coronavirus están llevando a una nueva ola de sobreexplotación de cascarilla. Aunque no hay evidencia científica de que estas plantas sean eficaces para tratar el covid-19, en redes sociales y mercados se promocionan sus beneficios.

Omar Vacas Cruz, investigador de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y etnobotánico, explica que tradicionalmente los alcaloides de estas plantas -como la quinina y quinidina- han sido utilizados para tratar la malaria, problemas cardíacos, calambres nocturnos, dolores articulares, gripes y fiebre.

Además, hay pacientes resistentes a las drogas sintéticas como la cloroquina o hidroxicloroquina, por lo que recurren nuevamente a los compuestos naturales. Vacas explica que, al igual que todas las plantas, la corteza de la cascarilla puede ser tóxica si no es administrada con supervisión de un especialista.

Un exceso de estos componentes causa efectos adversos, como vómitos e incluso depresión. Además, el contacto directo con el árbol puede generar problemas en la piel debido a su alta toxicidad. En necesario conocer las propiedades de las 12 especies de cascarilla que hay en Ecuador, porque la cantidad de alcaloides presentes en cada una es distinta.

Vacas considera indispensable que se realicen planes de conservación y se difundan los componentes y los usos de las plantas medicinales, para evitar que este recurso desaparezca en el futuro.

La pandemia afecta principalmente a la Cinchona officinalis y a la Cinchona pubescens, las dos especies más utilizadas para extraer quinina.

Augusta Cueva, investigadora de la Universidad Técnica Particular de Loja, cuenta que los últimos estudios demuestran que hay solo seis poblaciones de cascarilla en Loja. De estas, tres están en reservas privadas y las restantes se encuentran en potreros, donde se contabilizaron 35 árboles.

Las investigaciones también revelan que, además de tener muy pocos individuos, su diversidad genética está disminuyendo.

Para evitar que estas especies continúen desapareciendo, NCI, UTPL y la Universidad Nacional de Loja se unieron para crear la campaña llamada: La cascarilla no cura el coronavirus. A esta iniciativa también se sumaron el Ministerio del Ambiente y Agua y el club Ecolíderes la cascarilla.

Alberto Vélez, coordinador del MAE en la zona 7, explica que hasta el momento se han realizado 19 controles y cuatro incautaciones. La cantidad más alta de corteza de cascarilla retenida es de 2 kilos.

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