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La vivienda popular es...

Un postulado de la arquitectura dice que el arquitecto debe conversar con su cliente para conocer sus gustos, finanzas y preferencias antes de levantar un proyecto.

En la realidad, esto es una excepción, no la regla, sobre todo cuando se diseñan casas para familias pobres. En los programas habitacionales con contenido social, los necesitados nunca forman parte del menú.

¿Acaso ser pobre significa no tener noción del espacio en el que se desea vivir? Una prospección por los arrabales, donde se ubica la mayoría de la gente sin recursos, es un tapabocas para esa conclusión antojadiza.

Quienes viven en las periferias, por ejemplo, no conciben su casa sin la chacra adjunta, de la cual extraen parte de su sustento.

¿Cuál conjunto de vivienda social considera esta variable en sus proyectos? Y ese es el quid del asunto: la vivienda popular actual no se hace para la gente pobre; es pensada y hecha desde la lógica de los arquitectos.

¿Por qué no permitir que los pobres opinen sobre lo que puede ser su hogar, que lo personalicen, que se apropien? ¿Por qué no generar más mecanismos de participación y espacios de intercambio, para conocer las verdaderas necesidades y deseos de esa clase social?

Ese es el reto y la obligación que tienen los gremios, las universidades, los entidades públicas que manejan la vivienda y, en general, todos quienes construyen vivienda popular.

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