14 de September de 2012 12:09

El vidrio se hace arte en La Floresta

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Sin el pulcro mandil habano que utiliza habitualmente, Jorge Sandoval Terán podría pasar perfectamente por un tecnócrata de alta escuela... o un funcionario de cualquier ministerio.

De hecho, por un buen tiempo lo fue. Graduado en Administración Hotelera, este quiteño nacido el 29 de abril de 1968 trabajó en esa área hasta hace 19 años.

Entonces, un día a cualquiera y junto a su esposa, Katty González, decidieron dar un vuelco a sus vidas y convirtieron el ‘hobby’ de toda la vida en el proveedor principal del pan de cada día.

El pasatiempo no era otro que el fabricar lámparas, dijes y otros objetos en vitral. Actividad que este artesano realizaba como una extensión a la tradición, pues su abuelito, Carlos Terán, fue un contador carpintero, experto en fabricar vitrales sobre marcos de madera sólida, técnica que ya no se aplica en la actualidad.

De esa manera nació Artevidrio hace dos décadas. Ahora es un prestigioso taller donde, además del vitral y su técnica Tiffany, se diseñan y elaboran objetos en vitrofusión y en vidrio soplado.

Siempre en La Floresta, el tradicional barrio quiteño que para la familia Sandoval González es otra página más de su currículo. Con decir que en 20 años el taller solo se ha cambiado tres veces y a pocas cuadras del otro cambio.

Ahora funciona entre las calles Madrid E 13-77 y Pontevedra.

Con mucha ilusión, el maestro vitralista afirma que su oficio tendrá continuadores, pues sus cuatro hijos tienen sus propias tareas en estas materias.

Especialmente Claudia, una niña de 14 años que ya es toda una experta en diseñar anillos, aretes y otros dijes en vitrofusión. Aunque los dos menores ya pergeñan sus diseños de platos y cuadros con esta misma técnica.

Vitral, termofusión, soplado. ¿Qué distingue a cada cuál?

El vitral es la unión de pedacitos de vidrio por medio de cinta y cañuelas para formar objetos como lámparas, ventanas, avioncitos...

La vitrofusión, en cambio, es la consecución de un objeto por medio de vidrio flotado, esmaltes de colores y calor. Los objetos adquieren su forma definitiva luego de pasar por un horno, que alcanza temperaturas de 760° a 850°C, según el accesorio fabricado.

Con el soplado se obtienen delicadas figuras de vidrio (para aniversarios, bautizos, regalos) a base de varillas de borosilicato y un soplete de gas butano más oxígeno que quema a 960°C.

¿Los precios? Dependen del diseño, la técnica y el tamaño de la creación. Desde un anillito de USD 2,50 o un avioncito Tiffany de USD 5, hasta un vitral de iglesia, cuyo precio es elevado, por la complejidad del trabajo.

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