5 de November de 2011 00:03

El orense que saca brillo al vidrio

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Al ingresar al sencillo taller de Víctor Torres, nadie se imagina que este artesano ha trabajado con importantes empresas del país. Su experiencia es amplia.

Desde 1985 diseña y elabora mobiliario de vidrio y aluminio para casas y empresas.

Torres, de 45 años y nacido en El Oro, es conocido en la zona donde trabaja. La vidriería Aeropuerto permanece en el mismo sector donde se originó y que le otorga su nombre: el aeropuerto Mariscal Sucre, en Quito.

En 1996, sin embargo, el local, ubicado en la avenida De la Prensa se trasladó a la acera de enfrente. Esto sucedió cuando Torres decidió dirigir individualmente el negocio. Antes trabajaba con un amigo.

Su afición por trabajar con vidrio se inició en 1983, con apenas 17 años. El padre de su colega, dueño de una vidriería, le hizo conocer el oficio. Regularmente, Torres lo acompañaba a colocar vidrios en viviendas y locales comerciales.

En 1985, no obstante, un doloroso acontecimiento le llevó a tomar más en serio esta actividad y a fundar la vidriería en sociedad con su colega.

Su progenitor contrajo una grave enfermedad, lo que le obligó a asumir la manutención de su familia. “En ese entonces, mis mayores conocimientos eran sobre vidriería”, relata.

Torres comenzó vendiendo vidrios y espejos. Actualmente, les otorga acabados y diseña estructuras constituidas de varias piezas. Los distintos espesores y colores de los vidrios le permiten enriquecer aún más los diseños.

El especialista es un autodidacto. Sus conocimientos se basan en la experimentación. Ninguna persona le enseñó a diseñar y tampoco ha recibido clases de vidriería. “No hay institutos que enseñen eso en el país”, señala. Como ejemplo de acabados están el pulido y el grabado. El primero se refiere a dar diferentes terminados a los bordes de los vidrios, como el recto brillante, el recto opaco, la media caña y el pecho paloma.

En lo que respecta a los grabados, los diseños más comunes son los corazones, animales y paisajes. Precisamente en la entrada del taller, una pareja junto a una gran palmera adorna un vidrio para ducha.

En cuanto a las estructuras, Torres fabrica, además de cortinas de vidrio, puertas corredizas, puertas batientes o fijas, ventanas, protectores de balcones y terrazas, cubículos, mesas, espejos, gabinetes de baño…

Piezas de aluminio conforman la estructura de objetos. Los fragmentos de vidrio son unidos entre sí y fijados al piso a través de puntos fijos de acero.

En el taller de Torres se destaca una mesa redonda de vidrio con pulido recto brillante. A Torres le tomó solo tres días realizarla.

Torres también elabora marcos para espejos, cuadros y fotografías. Además de vidrio y aluminio, también trabaja con madera. Varios diseños geométricos de distintos tamaños adornan las paredes de su local.

Si bien Torres vende diseños de su autoría, los clientes también pueden solicitar que estos sean hechos a su gusto. Por ejemplo, el artesano cuenta que recientemente un cliente le solicitó un espejo en forma de pez.

El artesano cree que, en los últimos años, las ganancias han disminuido. Atribuye esto al crecimiento de la competencia.

Sin embargo, Torres conserva una clientela fiel. Considera que la minuciosidad con la que trabaja y el cumplimiento de los plazos de entrega de los pedidos han hecho esto posible. También cree que es importante atender con amabilidad a los clientes que acuden a su taller.

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