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Una opción hindú en Guayaquil

La puerta principal del restaurante Tantra, ubicado en la planta baja del Riocentro Entre Ríos, se abrió por primera vez el 27 de octubre del 2009. Su diseño no posee agarraderas, es un gran vidrio que sirve de fondo transparente para la imagen de una de las reencarnaciones de Buda. Para conseguir el dibujo blanco se utilizó la técnica conocida como serigrafía sobre vidrio.

Una vez dentro del lugar, el cliente debe decidir qué espacio se adapta más a sus deseos. Según Alexandra de Castro, responsable de ventas y eventos, el espíritu de la comida es una fusión asiática-latina, lo que también contagia su decoración.

Tantra está dividido en cuatro espacios: comedor, sushi bar, lounge y área de fumadores.

El mobiliario separa claramente cada una de las áreas del restaurante. Al lado izquierdo de la entrada está el sushi bar. Allí destacan unas butacas bajas de madera alrededor de mesas del mismo alto. El espaldar curvo abraza al visitante, está cubierto por una tela color fucsia con detalles en altorrelieve que evoca la cultura del budismo en la India.

En el comedor las mesas rectangulares de madera recuerdan las de cualquier casa latina, aunque tengan el toque Tantra. En el borde del tablero hay una línea turquesa pintada.

Las sillas van a juego, la ilusión de una casa tradicional se rompe por el textil a rayas que las recubre. La tela junta líneas verticales de tonos fucsia, turquesa, morado y dorado opaco. El espacio se aprovecha al máximo, algunas mesas cuentan con sillones empotrados a las paredes, donde se pueden sentar cuatro personas.

Cada espacio está separado por un arco de formas irregulares. Una de sus caras es morada, la otra fucsia. Los marcos están colocados sobre los pilares de la estructura original del local.

Del lado fucsia está el área de fumadores. En ese espacio resalta el mesón del bar. Su base fue decorada con ilustraciones de hojas y tulipanes al estilo hindú. Una vez más usaron la técnica de la serigrafía sobre vidrio. Pero ahora, se instalaron luces turquesas y azules para darle la ilusión de profundidad.

Otro detalle particular es el grupo de círculos blancos de plástico colgados del tumbado, como si fueran las nubes del paisaje que se construye en el interior de Tantra. Con las luces encendidas se forman reflejos brillantes y sombras que se mueven por las paredes del restaurante.

Una vez más los muebles se llevaron el protagonismo. Sillones individuales que alternan los colores fucsia y salmón rodean las mesas circulares de vidrio. En el bar las butacas sin espaldar conjugan la fuerza de un armazón metálico con la vitalidad de un tapizado rojo brillante.

También en el lounge el mobiliario llama la atención. Los sofás tapizados con telas donde prima el café, con delicadas rayas verticales en verde y fucsia, son los más largos de todo el restaurante. En estos se pueden sentar hasta siete personas. Ahí mismo, hay asientos más pequeños, para tres visitantes, que están forrados con gamuza naranja.

En una pared hay ilustraciones de árboles, esta vez con diferentes tonalidades de morado. Junto a esta hay un Buda, que sirve de logotipo de Tantra, plasmado en la pared con pintura blanca y lila. Junto al lounge está una cortina blanca, a través de esta se observa un pasillo que lleva a la puerta posterior del restaurante. Los reflejos de los círculos llegan hasta el centro comercial cuando alguien sale por esa puerta.

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