Siete parques de Quito ya cuentan con iluminación LED
Enmienda o reforma: dos caminos que puede tomar la consulta
Ishpingo arrancará su producción en mayo con 45 000 …
17 cantones con mediano riesgo de contagio optaron p…
Nuevo plan
La votación judicial sobre la despenalización del ab…
Guayaquil registra 97 % de ocupación en camas UCI
Reino Unido: Hombre admitió haber esclavizado a una …

Un club para eventos y recreación

Ana Lucila Ramos desciende de padres colonos que llegaron a Santo Domingo y se dedicaron al comercio y a ofrecer alimentación a los viajeros que llegaban a esta localidad cuando todavía era un poblado de casa de madera y caña (1945). La vivienda de sus progenitores era conocida como la Casa del Pueblo.

Esos recuerdos incidieron para que decida construir la primera fase del Club del Campo en Santo Domingo. Un centro de convenciones, complejo recreacional y, a futuro, una hostería.

Esta empresaria optó por contratar a los arquitectos Maxwel Jácome y Carlos Calderón, con quienes trabajó en su proyecto.

La construcción debía cumplir una condición. A Ramos le gustan los amplios espacios y zonas verdes. “Yo me peleo con los constructores por cada árbol que me botan y tienen la obligación de reponer”, cuenta.

La inversionista hace notar que Santo Domingo no tiene un sitio en donde la familia y las instituciones puedan organizar un acto social acorde con las grandes capitales. “Necesitamos un sitio que esté fuera de la ciudad, pero muy cerca de ella”. Club del Campo está a 10 minutos del centro de Santo Domingo.

Por este motivo adquirió una propiedad de 10 hectáreas en la vía a Santa María del Toachi. Ahí se diseño y construyó la primera etapa de Club del Campo.

El buen gusto de la propietaria y el excelente diseño de los arquitectos se observa desde la fachada. Estará integrado por tres salones de recepciones. Uno para 600 personas, el mediano que lo pueden ocupar 240 personas y está terminado, y el tercero que podrá recibir a 140 invitados

Un pasillo decorado con lámparas y piletas es solo el abre boca para este sitio. Ala entrada hay dos columnas gigantes que a primera vista parecen de mármol. Los arquitectos explican que se trata de una pintura especial conocida como Monto español. El pasadizo de entrada termina en la puerta principal hecha con hierro forjado de color negro.

El ingreso al salón principal llamado San Antonio es el traslado a otra parte del lugar. El decorado del cielo raso es único. Ubicado a 4,5 m desde el piso, esta diseñado con figuras planas en forma rectangular y de rombos.

Según Jácome, “cada parte del diseño forma parte de un solo cuerpo armónico de la obra”.

Desde el cielo raso descienden lámparas colgantes de acero forjado. Esta parte de la construcción se complementa con una iluminación incidental.

Otra parte de la construcción son las columnas vistas. Calderón comenta que “se trató de enriquecer los espacios convirtiéndolas en elementos decorativos”. Todo se complementa con la pintura estucada de las paredes.

Un conjunto de escaleras decoradas con cerámica de color negro conducen a la segunda planta de Club. Los pasamanos también son de hierro forjado y se comunican con la zona verde.

En el segundo piso está el salón El Pambil. Este lugar se decoró igual que la primera planta. En el piso se usó cerámica española y un elegante porcelanato.

El mismo cuidado se puso en los baños. Los mesones son de granito. “Esta es la tendencia actual”, insiste Jácome. Los amplios espejos y el porcelanato se complementan en esta área.

Suplementos digitales