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El carpintero as en puertas y ventanas

El maestro y sus obras.  Luis Chalco posa con dos puertas, en su taller.

El maestro y sus obras. Luis Chalco posa con dos puertas, en su taller.

La tarde desparrama sus últimos jirones escarlatas sobre el entorno. Las nubes, que no salieron completamente, se retiran despacio dejando al descubierto una luna clara y gorda, que se apodera rápidamente del escenario.

En la intersección de las calles Luis Cordero y Pichincha, una de las esquinas más populares del viejo Sangolquí, Luis Chalco también apaga su ímpetu y rebaja sus revoluciones casi a cero.

El hombre de 57 años, pequeño, moreno y robusto –como un viejo árbol de capulí- revive un ritual que ya tiene 40 años. Junto a sus tres ayudantes -Luis Pachacámac, Manuel Araujo, alias ‘El Costeño’, y Carlos Griñán- apagan las máquinas, guardan las herramientas y realizan la limpieza minuciosa de la carpintería.

Son casi las 19:00 y termina la larga jornada que empezó, para Chalco, a las 06:30.

El negocio, llamado pomposamente Carpintería del Valle, ocupa un amplio lote esquinero donde se acomodan sin orden ni concierto las máquinas-herramientas (cortadoras, cepilladoras, sierras…), las herramientas manuales y los trabajos que quedaron a medio hacer.

Una larga e intrincada columna de tablas de laurel sin pulir da sombra a una descuadrada construcción, hecha también de tablas, que funge de oficina.

En esa estrecha covacha, Chalco realiza sus contratos, cobra a los clientes y paga a sus ayudantes. Religiosamente, porque es muy cumplido, afirma Araujo.

Ese recinto que huele a madera, lacas y tiñer es el búnker de Chalco desde hace 30 años. Antes tenía la carpintería un poco más al sur, cerca del estadio de la Liga Cantonal de Rumiñahui.

No es carpintero de vocación, pero después de tantos años de oficio ya conoce todos los secretos que tienen las maderas. “Aprendí la chamba con el maestro Rafael Campaña. Él me enseñó casi todo. Era un buen profesional, recto y bravo”.

Al principio, Chalco fabricaba muebles. De sala, de comedor… de dormitorio. “Luego me especialicé en puertas y ventanas. Estas representan el 80% de mi labor actual. Aunque también fabrico cómodas, veladores, camas…”.

La carpintería es su verdadero hogar porque, como es viudo, vive solo. De sus tres hijos, el varón reside en España y las dos mujeres tienen sus propios hogares.

Su casa, ubicada en el barrio San Jorge, solo le sirve para dormir porque sus relaciones sociales las hace en el taller.

A diferencia de otros artesanos, confiesa una cliente anónima, no es plantilla y entrega los trabajos ‘casi a tiempo’.

Trabajos con valores cómodos, piensa Chalco. Una ventana cuesta USD 45, una cómoda 480, un armario 560, un velador USD 80… y así…

LA CIFRA: 180 dólares es el valor promedio de una puerta elaborada en  laurel de la Costa por Chalco.

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