Con el confinamiento, el silencio del metal se apodera de la Bahía

Los toldos contrastan con el metal de los locales de la zona de la calle Manabí. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

Los toldos contrastan con el metal de los locales de la zona de la calle Manabí. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

Un solitario peatón camina por la calle Calixto Tutivén, debajo del puente a desnivel de la av. Chimborazo, que atraviesa el corazón de la Bahía. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

El confinamiento total convierte en un lugar fantasmal a la Bahía, la zona comercial más popular y bulliciosa de Guayaquil. Es un cuadrante de 40 manzanas en el centro de la ciudad. En diciembre pasado registró, quizás, las mayores aglomeraciones en el país, en pandemia.

A diario se mueven por sus calles y pasillos miles de personas y los vendedores ambulantes estrechan el ancho de las aceras, gritando a viva voz sus ofertas.

Pero en el primer domingo de encierro total, el 25 de abril, los locales lucían vacíos y lúgubres.

Los toldos contrastan con el metal de los locales de la zona de la calle Manabí. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

En lugar de las coloridas mercancías que cuelgan de las perchas, se veían las puertas metálicas cerradas a la fuerza, por el estado de excepción. El silencio lo dominaba todo, desde el metal de las paredes de los pequeños locales con candado hasta las sillas encadenadas y pasillos que parecían no tener fin.

Los bancos quedaron afuera de los puestos, bajo el puente de la calle Eloy Alfaro. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

Solo los guardias y barrenderos se aventuraron en las entrañas de la Bahía. Y algún ciclista urbano recorrió los callejones como si disfrutara de la soledad.

Un recolector de basura atraviesa el pasaje de la calle Villamil, frente a locales cerrados, mientras un ciclista pasea despreocupado por el lugar. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

Las percha de gorras están vacías en los locales bajo del puente a desnivel de la E. Alfaro. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO