13 de diciembre de 2018 11:00

El combate de un ecologista por salvar los árboles, uno a uno, en Bangladés

A sus 53 años, Ohid Sarder recorre las calles de Bangladés retirando los clavos que se colocan en los árboles para pegar sobre ellos publicidad. Foto: AFP.

A sus 53 años, Ohid Sarder recorre las calles de Bangladés retirando los clavos que se colocan en los árboles para pegar sobre ellos publicidad. Foto: AFP.

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Agencia AFP

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Tiene 53 años y recorre Bangladés en bicicleta para arranccar de los troncos de los árboles los miles de clavos utilizados para fijar carteles de publicidad.

Defensor convencido del medio ambiente, Ohid Sarder va despojando, uno por uno, a los árboles del país de clavos oxidados y restos de carteles.

En Bangladés, es habitual que los árboles sean utilizados como espacios publicitarios gratuitos. Algunos árboles tienen prácticamente cada centímetro de su corteza cubierto de carteles.

Con el tiempo, el papel se desintegra o acaba cayendo, pero el clavo se queda ahí, fijado en la madera, lo que ha llevado a Ohid Sarder a cerrar todas las heridas de los árboles.

“Viven y sienten el dolor como nosotros”, declara a la AFP , en un alto de su periplo por Jessore, en el suroeste del país."Vi árboles que murieron por los clavos, vi cuánto sufren a causa de esto”.

Este albañil creció admirando a Jagdish Chandra Bose, un botánico bengalí de primer orden que escribía sobre las emociones de las plantas en las primeras décadas del siglo XX.

Fue inspirándose en él que Sarder decidió empezar a plantar árboles en su casa, en el distrito central de Jhenaidag, y en el distrito vecino de Jessore, una práctica que sigue conservando.

Pero hace poco se dijo a sí mismo que eso no era suficiente, que había que proteger a los vegetales ya existentes.

Así, recorre las carreteras de Bangladés -en general, en muy mal estado- armado de su bicicleta, un cubo y una vara de metal con una suerte de dientes en el extremo para poder arrancar las estacas de los troncos.

Desde el inicio de su campaña, en julio, ha recogido más de 80 kilos de clavos.

“Parece fácil pero no lo es. Hace falta mucho esfuerzo para arrancar un clavo oxidado que lleva años ahí”, afirma Sarder, cuya esposa se queja de que pase más tiempo con esa labor de voluntario que ganando dinero trabajando de albañil.

A menudo, vuelve por donde ha pasado y se da cuenta de que sus troncos, tan queridos, han sido de nuevo usurpados por los clavos y los carteles.

“¿Sabe lo que más me duele? Que la mayor parte de los carteles hacen publicidad de médicos, abogados, profesores. Todos están bien formados, ¿porqué diablos no pueden abstenerse de destruir los árboles?”, lanza Ohid Sarder.

Su trabajo atrae a multitud de curiosos."Nadie hace verdaderamente este tipo de trabajo. Creen que estoy loco”, comenta.

Por ello, ha colgado de su bici un cartel explicando las virtudes de los árboles y las razones que hay para proteger la naturaleza.

“Hago cuanto puedo para explicar la importancia de tener más árboles, para incitar a la gente a plantar y salvar más”.

Le ha pedido a las autoridades que prohíban esa práctica, en vano de momento, y promete continuar luchando, convencido de que la gente cada vez es más consciente del cambio climático y de la necesidad de proteger el medio ambiente.

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