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‘Halloween’ sobrevive como terror de culto

El actor Nick Castle es el actor detrás de Michael Mayer en la película 'Halloween' de 1978. Foto: imdb.com

Michael Myers es un silencioso asesino serial que se ha cobrado más sustos que víctimas, pero también ha ganado millones de seguidores en todo el mundo fascinados por el inexpresivo y cruel enmascarado que apareció por primera vez en la película ‘Halloween’ de 1978.  

Más de cuatro décadas después, la historia creada por John Carpenter sigue vigente como una película de culto que le dio un giro al género del terror y al ‘slasher’ en particular e inició una extensa franquicia. 

Abrazado por la cultura popular, Michael Myers se niega a morir y hace una semana volvió a sus andadas en ‘Halloween Kills’ (2021). Esta es la última de 11 películas que forman parte de esta saga cinematográfica entre secuelas, ‘remakes’ y ‘reboots’. 

La película de Carpenter trascendió su propio tiempo no solo porque se volvía a proyectar cada año durante la celebración de la Noche de brujas en Estados Unidos, sino también por la forma en que el director plasmó la historia en la pantalla. 

En la década de los 70, el terror más taquillero llegaba al cine en forma de monstruos como ‘King Kong’ o ‘Tiburón’ y fuerzas sobrenaturales como en ‘El exorcista’ o ‘La profecía’. 

En ese contexto, un joven director neoyorquino que había estado experimentando con el suspenso y la ciencia ficción en sus cortometrajes aceptó dirigir una película de bajo presupuesto sobre un asesino en serie que atacaba en la noche de Halloween. 

Junto con Debra Hill, Carpenter escribió un guion que marcó distancias con otras cintas del género al apartarse de la fórmula del horror de las explícitas y sangrientas escenas de asesinatos, para darle fuerza a la tensión creada por un irremediable y constante estado de peligro, que terminaba por involucrar y absorber la atención del espectador. Carpenter puso esta lección aprendida del maestro del suspenso Alfred Hitchcock al servicio de su propio filme. 

El efecto se siente desde la primera escena, un largo plano secuencia y una cámara subjetiva que pone al espectador en los zapatos de un personaje que merodea y se escabulle al interior de una casa hasta encontrarse con una mujer a la que asesina despiadadamente. 

Luego el director cambia de punto de vista para crear escenas en las que intencionalmente dejaba grandes espacios ‘muertos’ y en penumbra de los que podía surgir o no alguna inesperada amenaza. Esa incertidumbre rebota en la sala de cine como un estado de paranoia colectiva.  

Estos ‘trucos’ amplifican su efecto con los sencillos pero punzantes y repetitivos acordes de sintetizador que el propio Carpenter compuso para la película y que donde quiera que se escuchen han quedado asociados a la figura del enmascarado. 

Frente a la cámara, es el factor humano el que termina de cohesionar y darle sentido a toda esta operación creativa. Donald Pleasence, unas entonces desconocidas PJ Soles, Nancy Loomis y Jamie Lee Curtis más un silencioso Nick Castle que acechaba detrás de la máscara fueron los actores que llenaron de emoción este siniestro juego del gato y el ratón. 

La particular configuración de estos elementos se convirtió en la firma autoral en la cinematografía de Carpenter. Ese estilo se percibe en filmes modernos de terror como ‘La purga’, ‘Cold in July’, ‘It Follows’ y en directores que van desde Quentin Tarantino hasta David Gordon Green, empeñado en completar una trilogía que le haga justicia al canon cinematográfico de Carpenter.