
El científico Howard Gardner identifica el contexto o marco referencial que los seres humanos afrontamos en el siglo XXI: “el creciente poder de la ciencia y la tecnología; la interconexión del mundo en términos de lo económico, cultural y social; y la incesante circulación e interrelación de los seres humanos de diversa procedencia y aspiraciones”.
Las respuestas se resumen en las cinco mentes particularmente importantes: 1) La mente disciplinada; 2) La mente sintetizante; 3) La mente creativa; 4) La mente respetuosa; y, 5) La mente ética. A continuación, un resumen.
Aplica a hábitos y técnicas de análisis adecuados, que permiten abordar problemas desde distintos caminos. La disciplina tiene dos enfoques: la primera se refiere al dominio de las artes, oficios y profesiones.
Se ha descubierto que, según estimativos generales, toma una década para que una persona aprenda una disciplina en la que pueda considerarse un experto. Pero las disciplinas cambian y también los entornos y las exigencias. La alternativa es seguir educándose a sí mismos en las décadas subsiguientes. Corresponde al segundo enfoque; es decir, continuar aprendiendo de manera disciplinada para mantenerse en la cima.
Se conoce que una mente disciplinada se adquiere en la universidad, pero pocos logran convertirse en académicos de las disciplinas. La mayoría sigue rutinas, técnicas o procedimientos que, en casos, requieren cursos de actualización a fin de “refinar” los conocimientos durante años.
Hoy en día, la situación es diferente: se valora a quienes son interdisciplinarios, multidisciplinarios o transdisciplinarios. Y estas competencias deben ser demostradas. Ser un profesional interdisciplinar es una meta razonable.
Integra información de diversas fuentes para crear un todo coherente. Murria Gell-Mann, premio Nóbel de Física, afirma que, “en el siglo XXI, la mente más valorada será la mente sintética, que equivale a la mente que puede atender una gran cantidad de fuentes, decidir qué es importante para sí misma y las de los demás”.
La información nunca ha sido escasa, pero con el advenimiento de la Internet y sus aplicaciones, gran cantidad de información -imposible de digerirlas- nos asedian. La selección de los datos es imperativa. Por lo tanto, las personas que son capaces de sintetizar por sí mismos, se ubicarán por encima de su grupo, y cuando lo logran, serán maestros, comunicadores y líderes.
Las metodologías dependen de las habilidades de las personas. Una narrativa escrita, una presentación oral, gráficos y tablas, y pros o contras de un asunto para tomar una decisión inteligente. La reflexión constante es la clave.
El experto se forma a través de la experiencia mediante el ejercicio consciente para medir sus propias capacidades, y emitir juicios valorados por sí mismos y por lo demás, sobre una disciplina o más. Para ello debe tener una mente abierta a los cambios, saber documentarse y tomar decisiones asertivas.
Estar atentos para actualizarse, organizar bien las ideas y desarrollar una inteligencia investigativa son actitudes importantes. Y utilizar -cuando amerite- una “inteligencia láser”; es decir, especializada en un tema o problema de la realidad.
Genera ideas nuevas, originales y fomenta la innovación. La innovación no es hacer más de lo mismo, sino diferente, con argumentos. La sociedad actual valora a las personas que exploran nuevas ideas y prácticas, que monitorean sus éxitos y fracasos.
Los creadores tienen pensamiento lateral; es decir, irreverente, provocador, divergente y diferente al pensamiento “normal”. Esta condición es producto de trabajo, persistencia y búsqueda de lo desconocido.
Al principio se consideraba que la creatividad era exclusivamente un reto cognitivo (conocimientos y prácticas aliadas a la cognición), pero luego se ha llegado a la conclusión que la creatividad alude también al tipo de personalidad y temperamento, y que son tanto o más importantes que la cognición.
En esa línea, ningún creador debe sentarse sobre los laureles. La creación significa, en muchos casos, riesgos y retos constantes. La motivación, en este sentido, ayuda al creador a aprender de manera constante y, sobre todo, aventurarse a lo desconocido, arriesgarse a fallar y asimilar los éxitos con sencillez.
Valora y respeta las diferencias culturales y de pensamiento. Los seres humanos tenemos la capacidad de distinguir entre individuos y tipos de individuos. Este nivel de consciencia comienza desde que nacemos. Un hecho real es que estamos conectados; somos seres relacionales. Y nuestra sobrevivencia depende de nuestra habilidad de distinguir entre los que nos ayudan y nos ofrecen alimento, y de los que pueden causarnos daño.
Estas experiencias marcan nuestras vidas. Preferimos a quienes nos aman, nos gustan y respetan. Nos distanciamos o dejamos de lado a quienes les tememos. Esa construcción de mentes respetuosas se alimenta con el paso del tiempo, en los diferentes escenarios: la familia, la escuela y el trabajo.
Una persona con mente respetuosa está en exposición ante sí misma y las demás personas y grupos. Despliega confianza y trata de formar vínculos sin juicios previos.
La sociedad actual es intolerante, llena de amenazas y cargada de prejuicios. Quien sostiene algo diferente no es malo, pero hay que comprenderlo. No es fácil aceptar personas intolerantes, pero en este mundo interconectado que vivimos, desarrollar un sentido de respeto renovado es crucial, y así potenciar nuestro crecimiento.
Considera las implicaciones morales de las decisiones y acciones. Una posición ética no es, de ninguna manera, la antítesis de una posición respetuosa. Una persona con mente ética es capaz de pensarse a sí misma, de manera abstracta. Debe preguntarse: ¿Qué clase de persona quiero ser? ¿Qué clase de trabajador quiero ser? ¿Qué clase de ciudadano quiero ser?
Estas preguntas no agotan el mapa ético, pero ayudan al reconocimiento de los derechos, y sobre todo de las responsabilidades consigo mismo y con la sociedad. Y un dato importante: las respuestas, si son sinceras, contribuyen a mejorar nuestros comportamientos, aun cuando vaya contra nuestros intereses.
¿Qué es lo ético? Es una pregunta crucial, pero es un reto aproximarnos en estos tiempos de tanta confusión. Se sabe que es más fácil desarrollar una mente ética, cuando se vive en un ambiente ético. Recordemos que generar un alto estándar ético es difícil; muchas personas fracasan en el intento, por lo que una educación de la ética es necesaria desde edades tempranas. Moliere decía: “Somos responsables no solo de lo que hacemos, sino de lo que no hacemos.
Las reflexiones de Howard Gardner son potentes. Las cinco mentes son valiosas y no excluyen a otras, de acuerdo a nuestras experiencias. La relación e integración entre estas “mentes” hay que considerarlas como un todo, y no en forma secuencial. En otros términos, no hay una jerarquía estricta, pero se puede cultivarlas en la vida diaria y profesional, en la comunidad y en el mundo
Pensarse a sí mismo es bueno. Un ejemplo claro que aprendemos desde niños es a decir la verdad. Y para muchas personas es un patrimonio moral evidente. En todo caso, en el mundo convulsionado que vivimos, es urgente estar alertas. Lo más deseable sería integrar las cinco mentes al interior de sí mismos; ser conscientes de sus repercusiones, y así convertirnos en mejores personas.
Fuentes: https://books.google.com.ec/books/about/Las_cinco_mentes_del_futuro.html?id=6y30CwAAQBAJ&redir_esc=y
Revista Internacional Magisterio/Educación y Pedagogía. Bogotá, Colombia. No. 37.