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El desierto de Chile se ha transformado en el Silicon Valley de la astronomía

El astrónomo francés Christian Nitschelm observa el cielo con su telescopio en Yungay, desierto de Atacama, a unos 80 kilómetros al sur de Antofagasta, Chile, el 7 de marzo de 2017. Foto: AFP

El astrónomo francés Christian Nitschelm observa el cielo con su telescopio en Yungay, desierto de Atacama, a unos 80 kilómetros al sur de Antofagasta, Chile, el 7 de marzo de 2017. Foto: AFP

El astrónomo francés Christian Nitschelm observa el cielo con su telescopio en Yungay, desierto de Atacama, a unos 80 kilómetros al sur de Antofagasta, Chile, el 7 de marzo de 2017. Foto: AFP

“Chile ha dado un enorme salto cualitativo y lleva camino de transformarse en una especie de Silicon Valley de la ciencia, en el centro mundial de la astronomía”, asegura Jorge Ibsen, el físico chileno que desde 2010 dirige el departamento de computación e informática del observatorio ALMA, en el desierto de Atacama.

Ibsen, que trabajó durante veinte años para el Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés), se muestra optimista acerca de las posibilidades de desarrollo que abre la astroinformática, no solo en el ámbito científico, sino también en el área tecnológica.

Los biólogos chilenos Cristiana Dorador y Jonathan García buscan muestras de rocas para analizarlos en Yungay, desierto de Atacama, a unos 80 kilómetros al sur de Antofagasta, Chile, el pasado 7 de marzo de 2017. Foto: AFP

El inmenso flujo de datos que genera la observación del firmamento, que para 2020 supondrá el 70 % del total generado en todo el mundo, “va a transformar a Chile en el Silicon Valley del Data Science”, asegura este físico chileno.

Pero aunque Chile puede liderar la ciencia del análisis de datos en América Latina, existe un déficit de profesionales en esta materia.

“Por cada astrónomo que trabaja en un observatorio, hay otros cinco profesionales, entre matemáticos, físicos e informáticos”, explicó Ibsen durante la charla sobre “El big data cósmico: astronomía e innovación” que dio este sábado durante el festival de ciencia Puerto de Ideas Antofagasta 2017.

Este es uno de los desafíos a los que se enfrenta este país, pero no es el único. Según este científico, hay poca conciencia entre las autoridades locales sobre el daño que supone para la observación astronómica la contaminación lumínica.

Los científicos creen que algunos modos de vida que se han desarrollado allí podrían ocultar los secretos de la evolución y la supervivencia en otros planetas, ya que estos microorganismos se han adaptado a condiciones extremas de vida como la escasez de agua, radiación solar fuerte y casi ausencia de nutrientes. Foto: AFP

“Las ciudades deben desarrollarle, pero hay que proteger el cielo, porque las señales que nosotros captamos son muy débiles y necesitamos que estén libres de radiación lumínica. Estamos hablando de potencias de 10 elevado a -26 watts”, explica.

Tradicionalmente, los astrónomos observaban el firmamento con sus aparatos, pero hoy ni siquiera tienen que desplazarse hasta los observatorios. Son los científicos que trabajan ahí quienes las hacen por ellos.

“De hecho, el 75 % de los usuarios de ALMA usan los datos que son públicos. Observatorios como el nuestro guardan indefinidamente los datos que recogen”, detalla Jorge Ibsen.

Por lo tanto, es necesario crear una infraestructura para el almacenamiento, procesamiento y transmisión de este gigantesco big data “y resulta pernicioso que estos centros se hagan solo si existe una rentabilidad económica”, recalca Ibsen.

Y si todos estos proyectos se hacen realidad, el norte de Chile vivirá una nueva revolución, la de la minería de los datos, una industria muchos más poderosa que la minería del cobre, el salitre o el guano que han hecho del desierto atacameño un polo de desarrollo industrial desde el siglo XX.

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