21 de diciembre de 2019 00:00

Las comunas Chumillos Central y Chumillos Alto muestran su cultura

Carolina Iguamba es la encargada de recibir a los visitantes. En la zona se elaboran artesanías de paja de páramo. Foto: Álvaro Pineda para EL COMERCIO

Carolina Iguamba es la encargada de recibir a los visitantes. En la zona se elaboran artesanías de paja de páramo. Foto: Álvaro Pineda para EL COMERCIO

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José Luis Rosales
Redactor
jlrosales@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

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El valor cultural y los paisajes son los atractivos notables de Quito Loma. Este es uno de los 23 pucarás identificados en el macizo de Pambamarca, situado el cantón Cayambe, norte de Pichincha.

Otra de las potencialidades de esta área de la parroquia Cangahua es el Qhapaq Ñan o Camino del Inca, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, en el 2014. El tramo Campana Pucará-Quito Loma mide 4,01 km.
Desde la cima de Quito Loma, a 3 780 metros de altura, se divisa el aeropuerto Mariscal Sucre y al fondo, Quito.

Los habitantes de las comunas vecinas Chumillos Central y Chumillos Alto tienen interés en desarrollar el turismo comunitario, en torno al complejo arqueológico local, en donde hay una edificación de piedra. Se cree que en la época preincásica este monumento fue utilizado para vigilar el movimiento de tropas y del comercio.

Ese es el relato que Carolina Iguamba, comunera de Chumillos Central, narra a quienes visitan estas ruinas. La mujer, de 33 años, es una de las encargadas de dar la bienvenida a los turistas.

En la localidad habitan 38 familias y la mayoría es indígena Kayambi. Hay vecinos que se dedican a la agricultura y ganadería. Pero en ocasiones se han perdido los cultivos por el exceso de lluvias o las heladas. Otros vecinos, en cambio, emigran ante la falta de trabajo.

Los habitantes de las dos comunidades realizaron la última semana una minga de limpieza para mostrar las ruinas que quedaron del imperio Inca. Foto: Álvaro Pineda para EL COMERCIO

Los habitantes de las dos comunidades realizaron la última semana una minga de limpieza para mostrar las ruinas que quedaron del imperio Inca. Foto: Álvaro Pineda para EL COMERCIO

Por eso, Iguamba anhela que la actividad turística empiece a generar ingresos permanentes. En el lugar hay una edificación moderna, de un piso, que fue levantada para que funcione un centro de interpretación.

También disponen de dos telescopios con los que los visitantes pueden observar el cielo. Hace tres años, personal del Observatorio Astronómico de Quito capacitó a los campesinos en su manejo.

Las caminatas por senderos, cabalgatas y paseos en bicicleta son otras de las ofertas para los excursionistas. Los senderos flanqueados por pajonales y plantas arbustivas del páramo matizan los recorridos.

José Manuel Cobacango, vecino de Chumillos Alto, es uno de los guías nativos más experimentados en Pambamarca. Explica, por ejemplo, que del pucará de Quito Loma al de Pambamarca hay una hora de caminata. El campesino, de 62 de años, se entusiasma cuando llegan los visitantes.

Chumillos Alto cuenta con una edificación en la que se proyecta instalar un sitio para alojamiento y un comedor. A los viajeros les ofrecen platillos como caldo de gallina, habas, melloco y mashua, agua aromática de zunfo y tortillas de tiesto, comenta Rosa Guaras, responsable de la cocina.

Desde el lunes último, el Municipio de Cayambe realiza el mantenimiento preventivo y de interpretación del Qhapaq Ñan-Quito Loma. La obra incluye la señalización y senderización, explica Eduardo Castro, funcionario del Cabildo.

Según Jaime Pallares, presidente de la Cámara de Turismo de Cayambe, la zona tiene un alto potencial.

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