16 de septiembre de 2018 00:00

Caza comercial de ballenas no se reanudará

Tras el pago de la deuda a la CBI, Ecuador pudo ser parte del bloque de países que votaron en contra de la pesca comercial de cetáceos.

Tras el pago de la deuda a la CBI, Ecuador pudo ser parte del bloque de países que votaron en contra de la pesca comercial de cetáceos.

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Isabel Alarcón
Redactora (I)
ialarcon@elcomercio.com

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La palabra conservación tiene distintos significados tanto para los países procaza de ballenas, como para quienes se oponen a esta práctica. Los primeros defienden que pueda haber una coexistencia entre la pesca comercial y la preservación de estos animales; mientras los segundos continúan con sus esfuerzos para evitar que se reanude esta actividad, prohibida hace 32 años.

Estas posturas marcaron el evento de la Comisión Ballenera Internacional, que reunió a 89 países en Brasil para discutir temas como la reactivación de la caza comercial, las cuotas para la pesca de subsistencia y la creación de un santuario de protección en el océano Atlántico.

Esta última propuesta, que ha sido rechazada desde el 2001, no alcanzó los votos de las tres cuartas partes de los miembros de la comisión, que era el requisito necesario para que sea aprobada.

Para Cristina Cely, delegada de la comisión de fauna marina del Movimiento Animalista Nacional (MAN), este fue uno de los “sinsabores” que dejó este evento, que en términos generales logró avances positivos para los cetáceos.

En el Atlántico Sur se encuentran más de 50 especies de ballenas; seis de estas son consideradas “altamente migratorias”. La creación de un santuario representaría una de las principales formas de protección para los cetáceos amenazados de extinción.

La iniciativa logró reunir el 58,2% de los votos. Japón fue uno de los países que se manifestó en contra del santuario pero, al mismo tiempo, defendió la idea de que las propuestas sean aceptadas a través de la votación de la mayoría y no necesariamente con el 75% de los votos de los presentes.

Aunque de esta forma la propuesta del santuario hubiese sido finalmente aceptada, esta reforma también hubiese dado paso en el futuro a la posible reanudación de la caza comercial de ballenas, que es lo que buscan los nipones y por lo que lucharon durante la reunión.

Este punto, que finalmente no logró la mayoría necesaria, fue uno de los que causó mayores temores y debates, antes y durante las jornadas en Brasil.
Actualmente solo está permitida la pesca bajo fines científicos. Según la Comisión Ballenera Internacional, durante el 2017 se cazaron 1 380 ballenas en el mundo. De estas, 1 028 fueron cazadas por Japón y Noruega, que son los que defienden el regreso de la caza comercial y la creación de un Comité de Caza de Ballenas Sostenible dentro de la CBI.

Japón mantiene programas de captura de ballenas con fines comerciales en el Pacífico Norte y en la Antártida, actividad considerada ilegal en el 2014.


La decisión de no permitir este tipo de capturas desde hace 32 años se realizó con la intención de que se recuperen las poblaciones de cetáceos. Para Japón, ballenas como la minke ya tienen una cantidad de ejemplares que permitiría que fueran cazadas. Esta especie fue la más capturada el año pasado, con 1 056 ejemplares, seguida de las rorcuales boreales (134), que están catalogadas “en peligro”.

La reanudación de esta caza tendría efectos en todo el mundo, incluyendo Ecuador. Según Cely, el retiro de la moratoria sobre la caza comercial de ballenas afectaría al país, ya que nuestras especies son migratorias. Las que nacen en aguas ecuatorianas migran hacia la zona de la Antártida para poder alimentarse. Después, cuando empieza el invierno, estos animales migran a las costas de diferentes países para tener a sus crías.

Un mes antes del inicio de las jornadas, organizaciones animalistas y de conservación emprendieron una campaña para que el país se involucrara en la problemática y pudiera retomar su derecho al voto en las reuniones.  Ecuador no estaba apto para participar en las votaciones, ya que mantenía una deuda de alrededor de USD 35 000 desde el 2015 con la CBI.

Organizaciones como MAN lanzaron una iniciativa para recolectar dinero a través de la Internet y aportar con el pago de lo adeudado. “Era algo representativo, para que el Gobierno sienta la presión”, dice Cely. Este aporte ya no fue necesario: días antes del inicio de los debates, el país anunció la cancelación de los pagos.

Según el Ministerio del Ambiente (MAE), esta fue una forma de ratificar el compromiso con la vida marina y su conservación. Esto permitió que Ecuador fuese parte de la mayoría que no aceptó la reanudación de la caza comercial.

“La CBI ha respondido a la urgencia de impedir que no regresemos a los días en que las operaciones balleneras no eran sostenibles”, dice Aimée Leslie, líder Mundial de Captura Incidental de Cetáceos del Fondo Mundial de la Natura­leza (WWF) y señala a la captura incidental como la mayor amenaza para las ballenas.

Ecuador también se pronunció en contra de otras iniciativas procaza y respaldo las propuestas de conservación como la creación del santuario marino y la Declaración de Florianopolis. Esta última, que obtuvo los votos necesarios, con­sidera que la caza de ballenas ya no es una actividad económica necesaria.

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