22 de septiembre de 2019 00:00

La casa del Inca en Caranqui continúa abandonada

La magnitud de este asentamiento fue tal que se presume que Atahualpa tomó posesión del mando en este sitio. Foto: Andrea Rodríguez / EL COMERCIO

La magnitud de este asentamiento fue tal que se presume que Atahualpa tomó posesión del mando en este sitio. Foto: Andrea Rodríguez / EL COMERCIO

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Andrea Rodríguez
Redactora arodriguez@elcomercio.com
(F-Contenido intercultural)

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En el sur oriente de la ciudad de Ibarra, en las faldas del volcán Imbabura, se ubica la parroquia de Caranqui.

No es coincidencia que en una de sus plazas se ubique el monumento a Atahualpa, y que en el sitio esté un museo, ahora cerrado, que lleva también el nombre del último Inca. Hay una vertiente histórica que asegura, basada en una crónica antigua y en hallazgos arqueológicos, que Atahualpa nació en Caranqui.

En este lugar está el Inca Huasi que en kichwa significa ‘casa del Inca’, un sitio arqueológico.

Según los historiadores, en Caranqui estaban el Templo del Sol, además del palacio y piscinas del Inca. Esto lo relata el cronista español Pedro Cieza de León, que recorrió la zona en 1546, 60 años antes de la fundación española de la ciudad de Ibarra y cuyos textos se pueden consultar en bibliotecas públicas.

En sus anotaciones destaca: “un estanque hecho de piedra fina, la cual fue construida como los otros palacios y moradas de los Incas encontrados allí”. La descripción del estanque calza con la estructura, hoy visible y semiabandonada, de 10 por 16 metros, hecha de piedras unidas a la perfección y sin argamasa, como acostumbraban los Incas.

El sitio está localizado a una cuadra al oriente de la Plaza Atahualpa; se llega por la calle Princesa Paccha.

El historiador Ramiro Andrade, quien ha realizado investigaciones sobre este lugar, destaca que es un sitio significativo del complejo de templos, plazas y palacios de Caranqui arrasados por los españoles.

La piscina del Inca es un sitio investigado, pero ahora casi abandonado, separado de la calle apenas por una reja, un muro de adobe y alambre de púas. La arqueóloga Tamara Bray, investigadora de la Universidad de Michigan, Estados Unidos, trabajó durante cinco años, de 2008 a 2013 en el sitio, pero una vez terminado su proyecto de investigación, este lugar fue prácticamente abandonado. El propósito de esta investigadora era al menos cubrir el área donde se encontraron vasijas ceremoniales y osamentas, pero nunca lo logró, por diferentes circunstancias que hoy se desconocen.

La arqueóloga estadounidense considera que la construcción de la piscina por los incas pudo tener como objetivo controlar el agua de las vertientes de las faldas del volcán Imbabura, como estrategia de dominación de los Incas frente a los derrotados, pero siempre rebeldes Caranquis.

El historiador Ramiro Andrade recuerda también que el agua es parte principal de los rituales de purificación en nuestros pueblos indígenas.

Hubo otros estanques como este en el Tahuantinsuyo, pero ninguno tan grande, recuerda el historiador. El Inca Huasi de Caranqui fue el complejo arquitectónico inca ubicado más al norte del Imperio.

El sitio en el que están los vestigios arqueológicos de la piscina del Inca estuvo hasta fines del siglo XX cubierto de tierra y ahí funcionaba incluso una fábrica de ladrillos.

Las piedras que quedan de la piscina del Inca se erosionan ahora a la intemperie.

Caranqui fue tan importante para el incario como los asentamientos de Quito o Tomebamba, solo superados en importancia por el Cuzco, la capital del Imperio Inca.

Los pueblos rebeldes originarios: Cayambis, Otavalos, Atuntaquis, Caranquis, Quillasingas, Pastos, eran controlados y administrados desde el Inca Huasi de Caranqui, un verdadero centro de organización regional.

Para ello funcionaba un tianguez (mercado), tambos (lugares para descanso de los viajeros y los correos del Inca), palacios, viviendas, lugares ceremoniales como templos y piscinas de purificación.

Todo eso incluía el Inca Huasi de Caranqui, según la crónica de Cieza de León, afirma el historiador Andrade.

La magnitud de este asentamiento fue tal que se presume que el Inca Atahualpa no solo nació ahí, sino que tomó posesión del mando del Imperio en este sitio, luego de derrotar a su hermano Huáscar.

Se pensó, cuando la arqueóloga estadounidense Tamara Bray trabajaba en el sitio, en protegerlo, dotarle de infraestructura para atraer a los turistas. Incluso se construyó una gran estructura metálica que sería parte de un Centro de Interpretación Histórica en el lugar en el que está la piscina del Inca. Sin embargo, los proyectos de protección han avanzado lentamente a lo largo de estos últimos años.

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