17 de noviembre de 2019 00:00

Monzón, un campeón que se convirtió en femicida

Monzón defendió el título mundial de los pesos medianos en 14 oportunidades.  Foto: Netflix

Monzón defendió el título mundial de los pesos medianos en 14 oportunidades. Foto: Netflix

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Gabriel Flores
gflores@elcomercio.com

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Carlos Monzón tiene la respiración agitada y un par de pequeños ojos a punto de saltar de sus órbitas. Mira con furia y lanza un jab, arremete con un gancho y continúa con una ráfaga de golpes secos. No está adentro de un ring de box sino en la sala de su casa, donde su esposa espera el sonido de una campana imaginaria para que la masacre que le está propinando termine pronto.

La escena, que no fue una excepción en su vida, es parte de ‘Monzón’, una serie que muestra los claroscuros en la existencia de uno de los deportistas más destacados de Argentina. Uno, que a su retiro tenía el récord de 100 peleas como profesional, con 87 victorias, 9 empates, una sin decisión y solo 3 derrotas, y que en 1990 fue incorporado al Salón Internacional de la Fama del Boxeo.

Round 1. Monzón es un niño que vive en la indigencia. Roba comida para sobrevivir, limpia zapatos y riñe con todo el que se cruza por su camino. En su juventud las cosas no mejoran mucho. Al poco interés que tiene por los estudios se suma un gusto desmedido por el alcohol y por las mujeres.

Hace varias décadas, Gay Talese, uno de los padres del Nuevo Periodismo, escribió ‘El perdedor’, una crónica sobre el campeón de los pesos pesados Floyd Patterson. Lo atractivo de ese texto es que ahonda en el dolor que le causó a este púgil perder el título contra Sonny Liston. Aquí la derrota arriba del ring es usada para humanizar al héroe deportivo.

En la vida de Monzón la derrota deportiva no existe. Su vida dentro del ring está poblada de triunfos. Es un boxeador que no brinda mayor espec­táculo pero que haciendo lo justo gana todo. Se convierte en campeón mundial y defiende su título de manera consecutiva por 14 ocasiones. En ninguna de ellas pierde.

'Monzón' es la serie de Netflix que cuenta la vida del boxeador argentino que asesinó a la madre de uno de sus hijos.  Foto: Netflix

'Monzón' es la serie de Netflix que cuenta la vida del boxeador argentino que asesinó a la madre de uno de sus hijos. Foto: Netflix


Round 2. Las riñas callejeras lo hacen entrar y salir de la cárcel de forma constante. Amílcar Brusa ve su potencial y se convierte en su entrenador. Descubre que por la mala alimentación que tuvo en su infancia sus dedos son frágiles. No deja el box porque está convencido que es lo único que hace bien en la vida. Se enamora y decide formar una familia.

Monzón sabía que la muerte de un hermano puede doler más que un gancho al hígado, o que padecer de desnutrición puede tener más impacto que un cross encajado en plena mandíbula. En esta serie las derrotas abajo del ring son usadas para mostrar que el héroe deportivo es un ser complejo, al que se puede detestar con la misma facilidad con la que se lo llegó a venerar.

Julio Cortázar decía que el boxeo es un deporte noble y honesto. “Son dos destinos que se juegan el uno contra el otro”. Ese otro en el sino de Monzón fue él mismo y su incapacidad para entender que sufría de manejo de ira y que las mujeres con las que estaba no eran objetos de su propiedad. No importaba que esa mujer fuera Susana Jiménez, la diva de la televisión argentina, o Alicia Muñiz, la madre de uno de sus hijos y a quien asesinó.

Round 3. Monzón tiene el mundo a sus pies. El éxito deportivo que empezó en el Luna Park se extiende por Europa. Sus peleas son épicas y su fanaticada inmensa. Años más tarde se dedica a la publicidad y al cine. Se codea con el jet set europeo y se retira lleno de reconocimientos.

La Argentina de los años ochenta aún estaba lejos de lograr que el asesinato de una mujer en manos de su pareja sea tipificado como femicidio. Monzón, como lo hizo O. J. Simpson, un lustro más tarde, utilizó todo su poder y todo su dinero para tratar de salir airoso de los cargos que se le imputaban. Usó su popularidad deportiva para poner de su parte a la opinión pública.

Las serie se enfoca en la vida de Monzón pero tiene el mérito narrativo de dedicar un capítulo completo a iluminar la vida de Alicia Muñiz y mostrar que lo sucedido en la madrugada del 14 de febrero de 1988 no fue un hecho aislado, sino el colofón de una serie de agresiones que terminaron con la vida de una mujer.

Round 4. Muñiz y Monzón han alargado por años una relación conflictiva. En aquel verano de 1988 ella viaja a Santa Fe para estar con su hijo. Una noche, luego de una serie de discusiones, él se sube a aquel cuadrilátero imaginario donde sabía que no intervendría ningún árbitro y arremete contra ella. Esta vez la violencia alcanza niveles inimaginables. La ahorca y luego la lanza por el balcón del segundo piso.

Antes de esa noche, Muñiz ya había acudido a la Policía para denunciar a Monzón. En una de los capítulos aparece sentada en una comisaría envuelta en lágrimas. El policía que la atiende le dice que si no hay testigos de la agresión, él no puede redactar la denuncia y que mejor vuelva a su casa y arregle las cosas con su pareja.

Después de esta escena es inevitable preguntarse cuántas Alicias Muñiz hay todos los días en las delegaciones de Policía pidiendo que su vida sea respetada. Como toda serie, ‘Monzón’ es un producto cultural de entretenimiento pero también es una invitación a cuestionarnos sobre el machismo y la violencia familiar.

Su juicio visibilizó por primera vez en la Argentina un caso de violencia de género doméstica. Fue sentenciado a 11 años de cárcel. Murió en 1995, en un accidente automovilístico. Un monumento a Monzón fue levantado en Santa Fe. Su placa, que hasta el 2018 decía: “Carlos Monzón, campeón mundial” fue intervenida por artistas y ahora dice: “Carlos Monzón, campeón mundial y femicida”.

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