18 de mayo de 2018 11:21

Campamentos y buen humor en Windsor a la espera de la gran boda

Entusiastas de la Casa Real británica hacen guardia en una calle para guardar sitio para asistir a la boda del príncipe Enrique y su prometida Meghan Markle en Windsor. Foto: EFE.

Entusiastas de la Casa Real británica hacen guardia en una calle para guardar sitio para asistir a la boda del príncipe Enrique y su prometida Meghan Markle en Windsor. Foto: EFE.

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Agencia AFP

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Equipada de su silla de camping, su manta y sus guantes blancos, Peggy Desmond, de 49 años, pasará la noche ante el castillo de Windsor para estar en primera fila, el sábado 19 de mayo del 2018, en el momento de la boda real.

Acompañada por su hermana, esta fan irreductible de la familia real británica vino especialmente de Wisconsin (norte de Estados Unidos) para asistir a la boda del príncipe Enrique, de 33 años, y la actriz norteamericana Meghan Markle, de 36.

“Llevamos aquí desde las 08:00 de la mañana (...) Creo que vamos a tener una buena vista”, explica esta mujer de pelo largo y rubio, sentada en una silla de lona y rodeada de pequeñas banderas británicas y estadounidenses.

Las dos hermanas acamparon en la verdura de Long Walk, la larga y majestuosa avenida bordeada de grandes árboles que Enrique y Markle recorrerán en un carruaje descubierto justo después de la boda real, en el que será su gran baño de masas.

“Trajimos sillas, una lona, en caso de que llueva, pero también crucigramas, sudokus, y mantas para mantenernos calientes”, agregó. “Y, por supuesto, guantes blancos y una tiara para usar en el momento de la boda”, bromeó.

Al igual que Peggy, muchos fans de la familia real han planeado acampar la próxima noche cerca del castillo para no perderse nada, dándole a esta ciudad de postal los aires de un festival de rock veraniego.

Shirley Messinger, una británica de 72 años, había pasado este viernes ya su primera noche de acampada acompañada de sus amigas. Las condiciones son espartanas, pero por nada en el mundo se perdería el gran día.

“Una boda es una cosa maravillosa, la familia real es maravillosa, así que cuando las dos cosas se unen...”, suspiró, con un sombrero adornado con flores de los colores de la Unión Jack, la bandera británica.

Un poco más lejos, un hombre llama la atención de los turistas, porque su indumentaria, empezando por el traje, y acabando con sus zapatos, sombrero y gafas, está hecha de banderas británicas.

Este londinense originario de Ghana, llamado Joseph Afrane, pasará la noche ahí, pero sin ningún equipo de acampada.

De todos, modos, no tiene intención de dormir. “Voy a divertirme, charlar con la gente” y disfrutar de las “furgonetas de comida” estacionadas cerca de Long Walk.

“Soy un admirador de la familia real”, explicó este hombre de 55 años de apariencia atlética. “Asistí al Jubileo de diamante, a la boda de Catalina y Guillermo, y ahora es el turno de Enrique y Meghan”.

En plena calle en Windsor, en el asfalto, y cerca de un cruce, se ha instalado María Scott, una británica de 56 años, que lleva ahí desde el martes, pegada a las barreras metálicas que prohíben el acceso a la calzada.

“Es muy difícil, hace frío por la noche (...) pero tienes que estar dispuesto a vivir este tipo de cosas si quieres tener un buen lugar”, explicó, insistiendo en que los que lleguen el sábado -unas 100 000 personas- se quedarán con las migas.

¿Por qué ahí, en una cerca cerca de un cruce, y no en una zona verde? Porqué “el carruaje tendrá que reducir la velocidad y tendré una vista fantástica de la pareja”, aseguró, astutamente.

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