8 de octubre de 2018 00:00

El boxeo como metáfora social de una película

Jecson Preciado (derecha), formador de boxeadores en la Isla Trinitaria, es uno de los protagonistas del documental. Foto: Cortesía Andrés novillo

Jecson Preciado (derecha), formador de boxeadores en la Isla Trinitaria, es uno de los protagonistas del documental. Foto: Cortesía Andrés novillo

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Alexander García

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Ernesto Yitux, codirector del documental ‘Siguiente round’, llegó a inicios del 2015 a la Isla Trinitaria. Su objetivo era documentar los desalojos de una zona de invasión de la Cooperativa Mélida Toral. Entonces, el exboxeador afroecuatoriano Jecson ‘El Destructor’ Preciado iniciaba un semillero de boxeo en esa zona marginal del sur de Guayaquil.

‘El Destructor’ entrenaba a dos pupilos en el patio de la casa de una vecina, sobre un piso de tierra, con sus prospectos usando medias en vez de vendas.

Hoy el Trinibox cuenta con 60 alumnos -niños y niñas de 9 a 18 años-, 15 de ellos medallistas en Juegos Nacionales y un espacio otorgado por el Ministerio del Deporte, que incluyó a la escuela en el programa Semilleros por el Cambio.

El largometraje documental cuenta el camino que Preciado tuvo que recorrer desde esos inicios convulsos en una zona de familias sin techo hasta las medallas de oro. Según sus palabras lo que siempre quiso fue “sacar a niños de la calle, alejarlos de la droga, la delincuencia y las pandillas; que sean mejores boxeadores de lo que yo fui y que vivan de su trabajo”.

La película llega a las salas de cine este 12 de octubre, luego de 30 meses de filmación y un año de edición, 150 horas de filmación resumidas en 82 minutos. “Estuvimos tanto tiempo filmando para capturar momentos espontáneos, diálogos, mostrar la esencia de los personajes y del barrio, ser lo suficientemente cercanos como para alejarnos de lo informativo o periodístico”, contó Valeria Suárez, codirectora de la película. ‘Siguiente round’ es parte de un “cine directo”, con personajes y locaciones reales, una película que “sirve también para visibilizar realidades y temas sociales”, dice.

Una de las escenas favoritas de los dos directores, en su ópera prima, es la de Pachín Vivero, uno de los protagonistas de la historia, sentado en la sala de su casa y comiendo arroz con guineo mientras ve una telenovela con toda naturalidad.

“Era un reto captar ese nivel de intimidad”, dijo Yitux. En un deporte individual y de contacto en el que se vive al borde del fracaso y en el que se sufre a nivel corporal. El director destaca al boxeo como una figura metafórica y una analogía de la lucha personal de los protagonistas en un entorno casi siempre hostil. “La lógica es que no pierde el que cae sino el que ya no se levanta”.

El trasunto de la historia es la lucha de reinvindicación personal de Preciado, quien según cuenta abandonó su casa a los 8 años huyendo del maltrato, vivió en la calle, fue acogido por una familia adoptiva en Quito, se “descarriló” en el alcohol y recibió un disparo que por poco lo aleja para siempre del deporte. Sobre los 20 años llegó a Guayaquil y sostuvo una carrera como boxeador por 18 años. “Le agradezco mucho al profesor Júnior Mercado, con él me inicié como boxeador, sería una gran alegría que aunque fuera uno solo de estos niños se convirtiera también en un formador”.
 

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