28 de octubre de 2019 12:31

Científicos identifican el norte de Botsuana, como el hogar ancestral del hombre moderno

Antropólogos sostienen los restos de un Homo Sapiens descubierto en Marruecos. Los restos datan desde hace 300 000 años lo que llevó a los investigadores a concluir que la especie es, por lo menos, 100 000 años más antigua de lo que se creía. Foto: AFP.

Imagen referencial. Un estudio genético determinó que el actual norte de Botsuana fue hace 200 000 la primera casa del hombre moderno. Foto: AFP.

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Agencia AFP

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El hogar ancestral del hombre moderno acaba de ser ubicado: hace 200 000 años poblaba una región africana en el norte de la actual Botsuana, donde permaneció 70 000 años antes de dispersarse por el mundo, reveló este lunes 28 de octubre del 2019 la revista Nature.

Rastreando en las raíces del árbol genético, el estudio afirma haber localizado por primera vez el “hogar ancestral” del hombre moderno, el Homo sapiens sapiens: fue en el hoy desierto de Kalahari, entonces una sabana exhuberante

“Sabemos desde hace tiempo que el hombre moderno había aparecido en África hace unos 200 000 años. Pero ignorábamos hasta ahora dónde se encontraba exactamente esta patria”, declaró Vanessa Hayes, autora principal, en una conferencia de prensa.

El equipo de investigadores basó sus trabajos en la genealogía genética, que permite trazar modelos de migración.

El grupo analizó 200 genomas mitocondriales, marcadores genéticos de la genealogía materna, tomados de poblaciones que viven actualmente en Namibia y en Sudáfrica, una región de África considerada desde hace tiempo como una de las cunas del hombre moderno.

Las pruebas de ADN revelaron la rara presencia del linaje genético materno más antiguo, denominado 'L0', que aún se conserva en estas poblaciones.

“Al observar ese linaje, nos preguntamos de dónde venían estas personas, ¿dónde vivían?. Hemos pues estudiado la dispersión geográfica de ese linaje”, explicó Hayes.

“ Hicimos análisis espaciales para retroceder en el tiempo, porque cada vez que una migración ocurre, se registra en nuestro ADN, que cambia. Es como un reloj de nuestra historia”, explica la genetista.

Al comparar los genomas, los investigadores lograron aislar a un ancestro común que era un joisán, un pueblo cazador-recolector que todavía vive hoy.

Según el estudio, todos los hombres que viven actualmente en África y fuera de África comparten el mismo ancestro. “Creo que todos éramos joisán en un momento dado”, afirmó Hayes.

Esos joisán, primera comunidad humana moderna, habían vivido en la misma región durante 70.000 años, sin moverse. ¿Cómo lo sabemos? Porque el genoma sigue siendo idéntico, sin divergir, desde hace 200 000 años hasta hace 130 000.

La comunidad había prosperado en esta región (tan grande como Nueva Zelanda) , ubicada al sur del río Zambeze, en el norte de la actual Botsuana. Hoy desértica, el Kalahari era en esa época húmeda, verde y exuberante.

Los análisis geológicos, combinados con modelos climáticos, demostraron que albergaba un enorme lago, dos veces el lago Victoria, llamado Makgadikgadi, desaparecido desde entonces.

El clima luego comenzó a cambiar debido a una “modificación de la órbita terrestre”, detalló Axel Timmermann, oceanógrafo coautor del estudio.

El lago desapareció, la región poco a poco se secó, y las poblaciones comenzaron a migrar a través de “corredores verdes”, en dirección noreste, luego suroeste.

Esas primeras salidas abrieron el camino a la futura migración de los hombres modernos fuera de África.

Pero algunos se quedaron y se adaptaron a la sequía. Sus descendientes viven allí, y siguen siendo cazadores-recolectores.

A causa de este modo de vida ancestral, Hayes sospechaba que esos joisán llevaban el antiguo linaje. Otro signo: hablan un lenguaje que hace chasquear algunas consonantes con la lengua.

“Tenemos que el lenguaje con chasquido es el más antiguo”, subrayó la investigadora.

“Los joisán que viven aquí nunca dejaron la patria ancestral. Ellos saben que siempre han estado aquí, se lo cuentan de generación en generación. Yo tenía que demostrarlo científicamente al resto del mundo”, celebra Hayes, a quien le llevó diez años descubrir esta genealogía genética.

“Es como si se mirara un gran árbol, en el cual los europeos y los asiáticos serían pequeñas ramas en la cima”, concluyó.

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