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Belén Páez: ‘No voy a parar, es tiempo de actuar’

Belen Páez. Quiteña; varios estados civiles; mide 1,70 m; pesa 74 kg. Foto: María Isabel Valarezo/ EL COMERCIO

Belen Páez. Quiteña; varios estados civiles; mide 1,70 m; pesa 74 kg. Foto: María Isabel Valarezo/ EL COMERCIO

Introducción:

Su nombre, Belén Páez, ha sonado mucho desde finales del 2013, cuando el Gobierno cerró la fundación que presidía: Pachamama. Pero de ella, como ser humano, y ya no solo como activista por los derechos humanos y de la naturaleza, se sabe poco o nada. Por ejemplo, que su tono de voz es suave y que es vegetariana; que sabe achuar. O que tiene una hija de 20 años, Micaela, que estudia arquitectura. Ni que una época perdió la cabeza por la tecnocumbia y participaba en concursos de karaoke, en Zamora (donde trabajaba), con su vestido celeste y unas botas blancas. O que ha pasado por todos los estados civiles: soltera, casada, viuda, divorciada.

Testimonio:

Después de tantas historias de romances y de dramas, de casamientos y de todo… estoy en un momento muy lindo de mi vida. Por ejemplo, tener una hija que ya dejó atrás una adolescencia difícil me da mucha alegría. Puedo catalogar a mis 40 años como un momento maravilloso, porque tengo independencia emocional, espiritual y económica. Tengo relaciones consolidadas, un grupo de amigos enorme que está en todas partes del mundo, un conocimiento vasto sobre mí misma. Y tengo una pareja totalmente distinta a las anteriores; él es amazónico, es un sanador, de la nacionalidad zápara, se llama Manari, y tiene 40 años.

A veces siento que tengo 80 años, porque he hecho mucho más que otros amigos de mi misma edad. Siempre fui muy precoz. A los 14 ya estaba metida en ayuda social, en La Bota. Tenía casi 20 cuando mi primer esposo murió en un accidente; y ya había empezado a estudiar Sociología, pero justo ahí decidí que quería estudiar realmente Ecología porque eso era lo mío. Eso hice.

Una vez en el Cuyabeno, a las cinco de la tarde, mientras investigaba la calidad de agua de una de las lagunas, vi cómo salía del bosque una densidad de color verde. No era nada paranormal; es un fenómeno que se da bajo ciertas condiciones climáticas. Y eso para mí fue un llamado. Agaché la cabeza y dije: “Está bien, yo voy a salvar el bosque y a sus animales y lo voy a hacer de todo corazón”. Fue algo místico. Debo haber tenido 23 o 24 años; desde entonces tengo un compromiso muy fuerte.

Dos años más tarde me encontré con los fundadores de Pachamama Alliance y me uní a ellos como investigadora asociada; luego fui directora y al final Presidenta de la fundación.

Pachamama tuvo un rol muy importante en la declaración de los derechos de la naturaleza, durante la Constituyente del 2008; trajimos gente de Estados Unidos, de Alemania y de otros países para poder tener incidencia en el debate, para que los asambleístas entendieran que este podía ser el primer país en el mundo en considerar a la naturaleza como sujeto de derechos en la Constitución. Y lo logramos.

Aunque Pachamama haya cerrado, yo voy a seguir trabajando para que los ecuatorianos se abanderen de una causa que tiene que ver con el lugar más biodiverso del planeta (la Amazonía) y comprendan que es falso que el combate de la pobreza está atado a la extensión de la frontera petrolera.

Esta es una linda etapa de cosecha y de paz. He tenido 20 años intensos y puedo contar todo eso ahora muy fácilmente, pero el camino ha sido duro. Y estoy muy agradecida por todo, conmigo misma y con el cosmos. No voy a parar, este es el tiempo de actuar.