20 de diciembre de 2020 00:00

El genio que hizo de la música un triunfo de la humanidad

El músico alemán, nacido hace 250 años, transformó la música y su influjo persiste hasta la actualidad. La pandemia obligó a cancelar varios de los eventos para recordar su legado. Foto: Archivo particular

El músico alemán, nacido hace 250 años, transformó la música y su influjo persiste hasta la actualidad. La pandemia obligó a cancelar varios de los eventos para recordar su legado. Foto: Archivo particular

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Alejandro Ribadeneira
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Johann Sebastian Bach siempre será considerado el mejor músico del mundo. Es el premio por ser, justamente, el padre de la música tal y como la conocemos. Pero Ludwig van Beethoven siempre será el más querido, porque creó obras que podían ser comprendidas por la gente normal, melodías que llegaron a masificarse y tararearse por decenios y siglos.

Ahí está la Quinta Sinfonía, cuya entrada es el inconfundible “ta–ta–ta–taaaan”, el fragmento sinfónico más conocido de todos los tiempos. SiBeethoven siguiera vivo y hubiera cobrado por cada reproducción de esta entrada en la era de la industria del entretenimiento, su fortuna haría palidecer a la de Elon Musk.

Beethoven sería todavía más rico por cada uso que se ha hecho de su Novena Sinfonía, llamada también Coral, pero conocida erradamente como Himno a la Alegría, por las adaptaciones pop realizadas al cuarto movimiento de la composición. Quizás le habría conmovido ver que los niños del mundo aprenden ese último movimiento en la materia de música en flautas dulces, marimbas o melódicas.

Sería más interesante su opinión sobre los diversos usos de la Novena Sinfonía en el cine. En ‘La naranja mecánica’, por ejemplo, la célebre partitura fue distorsionada electrónicamente para volverla grotesca y adecuarla a las malvadas acciones de Malcolm McDowell y sus secuaces. En ‘Help!’, los Beatles la tararean. En ‘La sociedad de los poetas muertos’, el personaje que interpreta Robin Williams arbitra un partido de fútbol con los alumnos y sale cargado en hombros.

Beethoven, por supuesto, es mucho, muchísimo más. Compuso nueve sinfonías, una ópera, dos misas, tres cantatas, 32 sonatas para piano, cinco conciertos para piano y un concierto para violín. También firmó un triple concierto para violín, violonchelo, piano y orquesta; 10 sonatas para violín y piano; cinco sonatas para violonchelo y piano e innumerables oberturas y obras de cámara. Incluso arregló canciones populares.

No hay espacio para enumerar los ejemplos del poderoso vínculo de la música de Beethoven con la cultura de masas ni con la Cultura, con mayúscula. Este 2020 es oficialmente el Año de Beethoven, en conmemoración del 250º aniversario del natalicio del músico alemán, el 16 de diciembre de 1770, en Bonn. Debido a la pandemia se cancelaran varios de los eventos, pero de todos modos se ha remarcado el legado de este creador, sobre el cual pesa lo que su biógrafo Jan Swafford define como un gran “cliché cultural”.

Swafford, autor de ‘Beethoven. Tormento y triunfo’, considera que la obra del músico alemán debe ser vista como un “trabajo apabullante, una conquista individual y humana”. Si la genialidad puede definirse como estar más allá del talento, Beethoven lo fue porque tuvo la capacidad de trascender sus propias circunstancias y generar una revolución en la música que perdura hasta hoy.

¿Y cuáles eran las propias circunstancias que Beethoven afrontó? El consenso es que la sordera fue la mayor adversidades que sufrió. En 1798 comenzó a notar que estaba perdiendo el oído. Tenía 28 años y ya llevaba seis viviendo en Viena, donde se había ganado reputación de duelista de pianos, instrumento que dominaba a la perfección. Ya había compuesto su primera obra importante, el Opus 1, y había realizado su primer concierto público en Viena, como compositor profesional.

En 1800, Beethoven presentó en Viena su Primera Sinfonía, que evidenciaba que comenzaba a empujar los límites de las posibilidades de la música y llegaría, en efecto, a causar una revolución. Por eso, el pianista inglés James Rhodes, en su libro ‘Playlist. Rebeldes y revolucionarios de la música’, considera a Beethoven “la primera estrella de rock”, pues en vida era admirado tanto por los aristócratas, con los que a veces se peleaba, como por la gente común.

En 1802 se dio cuenta de que la sordera avanzaba y escribió el famoso texto en que descargó su ira y su desesperación: ¿cómo era posible que un músico de su talla perdiera la audición? Los biógrafos afirman que contempló la opción del suicidio, pero luego recapacitó y se lanzó de lleno al trabajo hasta su muerte, el 26 de marzo de 1827. Hoy se lo calificaría como un ‘workalcoholic’ de cepa.

Beethoven está considerado como el primer artista libre, pues sus aristocráticos mecenas -aunque le pagaban una pensión- no podían decidir sobre las creaciones del maestro. Ahí está otro de sus aportes, pues antes los compositores eran parte del personal doméstico de las cortes.

La sordera, que era total cuando compuso la Novena Sinfonía, no fue el único suceso que le causó sufrimiento. El español José Antonio Rosell Antón, en su análisis sobre el músico alemán, divide su vida según las tragedias que afrontó. La familiar, por la temprana muerte de su madre y por el alcoholismo de su padre.

Está la tragedia amorosa, por su colección de fracasos sentimentales. Nunca tuvo hijos. De esos enamoramientos nacieron obras como, por citar solo una, Sonata para piano Nº 14, conocida como Claro de luna, dedicada a Giulietta Guicciardi, quien era 14 años menor que Beethoven.

Está la tragedia política, por su admiración a Napoleón Bonaparte y su posterior decepción, cuando el general francés se autoproclamó Emperador. Beethoven, que prefería el republicanismo, se sintió traicionado y se abstuvo de dedicarle su Tercera Sinfonía, que en un principio iba a llamarse Sinfonía Bonaparte. El nombre quedó como Sinfonía Heroica.

Finalmente, está su tragedia médica de los últimos años de vida. Totalmente sordo desde 1820, fue agobiado por una serie de males hepáticos, digestivos y cuadros febriles con tos, aunque también le pesaba la pobreza, pues las dificultades económicas fueron constantes, en especial tras las muertes de sus mecenas.

El funeral de Beethoven también impactó pues tuvo las pompas propias de un Emperador y, podría decirse, también de una estrella de rock.

Algunas obras

Quinta Sinfonía, también conocida como La llamada del destino, consta de cuatro movimientos.

1808

Sexta Sinfonía, o Pastoral. Cada uno de los cinco movimientos lleva un nombre dedicado a la naturaleza.

1811
Concierto para piano Nº 5, llamado Concierto del Emperador, fue dividido en tres movimientos.

1824
Novena Sinfonía, también llamada Coral, se estrenó tres años antes de su muerte y fue su última sinfonía.

1825

La gran fuga, un cuarteto de cuerdas para el que Beethoven escribió dos movimientos finales alternativos.

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