3 de febrero de 2019 00:00

La escuela que creó la modernidad funcional

La sede de la Bauhaus Dessau, diseñada por Walter Gropius, acogió la escuela desde 1925. Fue declarada Patrimonio Mundial.

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Nancy Verdezoto
Editora (I)
nverdezoto@elcomercio.com

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La Bauhaus es una filosofía de vida. Una forma de comprender el mundo, desde una perspectiva universal, que abarca el arte, la construcción y el diseño, y que sigue más viva que nunca.

Hace 100 años nació la escuela de arquitectura de la mano de Walter Gropius. En Alemania, luego de la Primera Guerra Mundial, la situación social y económica era compleja, la pobreza abundaba y la vivienda de carácter social era escasa, a pesar de que las ideas socialistas gobernaban.

Gropius fue un visionario que se propuso rescatar a Alemania de la oscuridad y devolverle el arte como firma de vida. Según la historia de la escuela, el reconocido arquitecto se propuso “recuperar los métodos artesanales en la actividad constructiva, elevar la potencia artesana al mismo nivel que las bellas artes e intentar comercializar los productos que, integrados en la producción industrial, se convertirían en objetos de consumo asequibles para el gran público”.

Él combinó lo artesanal con lo artístico y lo pedagógico con lo didáctico. Cada clase era un taller en donde todos aprendían.

Con esa concepción, el arte se convirtió en parte fundamental de la Bauhaus. Grandes artistas como Paul Klee, Wassily Kandinsky y Lászlo Moholy-Nagy fueron maestros de la escuela.

Kandinsky es reconocido como uno de los que más aportó a la conceptualización del mundo funcional. Un triángulo amarillo, un cuadrado rojo y un círculo azul simbolizaron su idiosincrasia, figuras elementales y colores básicos como metáfora de su lenguaje estilístico. Y es que pertenecer a la Bauhaus suponía en muchos casos renunciar a las justificaciones artísticas en favor de la técnica constructiva.

La escuela buscaba que toda creación sea artística y pudiera plasmarse en objetos que tenían una función. El arquitecto Pedro Ordóñez explica que con la llegada de la Bauhaus se transformó el concepto que existía de la estética y se pasó hacia un proceso de construcción más funcional, sin que esto implicara eliminar la belleza. La pureza que significaba volver a los orígenes arquitectónicos determinó que se cambiara de época, del romanticismo clásico al modernismo, en donde las construcciones tenían un motivo y un por qué.

“Si se construye en la playa, por ejemplo, los arquitectos deben considerar la orientación del espacio, para recibir iluminación natural; y el viento, para que pueda refrescar el lugar, la existencia de cubresoles o pérgolas. Solo así se puede desarrollar un espacio funcional”, explica el arquitecto.

“La meta final de toda actividad artística es la construcción”, declaró en su momento Gropius, quien ideó las bases de la Bauhaus mientras luchaba como soldado en la Primera Guerra Mundial. (1914-1918).

Y esa construcción a la que se refiere Ordóñez es un concepto simbólico con el que acercaba el arte al público. Una idea que se manifestó en la práctica en la propia sede de la Bauhaus, un edificio levantado de forma colectiva con el aporte de todos los oficios integrados en ella.

La transparencia y luminosidad del edificio que acogió sus enseñanzas en la ciudad alemana de Dessau, a partir de 1925, es un ejemplo claro de su filosofía. Un lugar concebido conforme a su funcionalidad y estilizado con formas eminentemente equilibradas, que fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, en 1996.

Esta lógica de construcción se aplicó a otros objetos, como mesas, sillas y camas. De las experimentaciones hechas por la Bauhaus surgieron las primeras investigaciones sobre la estética industrial, lo que la convirtió en un ícono del diseño, de la modernidad y de la industrialización. Adquirió reputación de haber creado un estilo particular para el desarrollo de objetos de uso cotidiano, cuya práctica todavía se puede observar hoy en varios talleres del mundo.

Para el arquitecto y catedrático universitario Patricio Guerrero, los principios de la Bauhaus son universales, porque se fundamentan en la lógica y el sentido común de las cosas. Fue un volver al vanguardismo, romper con la moda y construir un arte atemporal.

En todo el mundo existe un sinnúmero de obras que representan a la Bauhaus en su máxima expresión. El Pabellón de Barcelona, diseñado por Ludwig Mies van der Rohe, el edificio del periódico Chicago Tribune diseñado por Walter Gropius y Adolf Meyer o el Palacio de la Liga de las Naciones en Ginebra son algunas muestras de la escuela.

Según Ordóñez, hoy la arquitectura combina el funcionalismo con el brutalismo, que es una técnica de construcción que sigue los parámetros de uso del espacio, pero con preponderancia de los materiales de construcción. Así aparecen edificios con ladrillos vistos, con varillas u hormigón expuestos; como una forma de diseño y decoración.

Walter Gropius

Walter Gropius

Fundó la escuela Bauhaus. Fue el pionero en el modernismo y la industrialización de la producción de objetos de uso diario.

Hannes Meyer

Hannes Meyer

Fue un arquitecto y urbanista suizo. Fue nombrado, en 1927, maestro arquitecto de la Bauhaus en Dessau y luego asumió la dirección.

Ludwig Mies van der Rohe

Ludwig Mies van der Rohe.

Ludwig Mies van der Rohe.

Fue el último director de la escuela, pues el ascenso del nazismo, que se oponía al modernismo, hizo que cerrara la Bauhaus.

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