27 de noviembre de 2019 21:41

Oso de anteojos fue avistado en bosque cercano al sector La Legarda, en el noroccidente de Quito

Imagen referencial. Un oso de anteojos joven fue visto durante este noviembre del 2019 cerca al sector La Legarda, en el noroccidente de Quito. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

Imagen referencial. Un oso de anteojos joven fue visto durante este noviembre del 2019 cerca al sector La Legarda, en el noroccidente de Quito. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

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Redacción Elcomercio.com

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Un oso de anteojos joven -conocido como oso andino- fue visto durante este mes de noviembre del 2019 en una zona boscosa cercana al sector La Legarda, en el noroccidente de Quito. La abogada Evelin Chaves, directora provincial del Ambiente de Pichincha del Ministerio del Ambiente de Ecuador, confirmó a EL COMERCIO la presencia de la especie emblemática del Distrito.

Chaves indica que el primer reporte de avistamiento del animal, especie en peligro de extinción, se registró el jueves 7 de noviembre del 2019. Pero el osezno no está solo: transita junto a su madre y su hermano. “El equipo de inspección se trasladó al área para desarrollar socializaciones con los moradores del sector para mitigar el conflicto fauna-hombre que siempre existe, además de realizar un monitoreo contínuo de la zona”, señala.

La mañana del martes 26 de noviembre, técnicos de la Unidad de Patrimonio Natural del MAE Pichincha junto con un especialista de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) realizaron una nueva inspección al área en la que se constató la presencia del osezno. Se presume que la cría y su familia buscaban alimento pero su avistamiento también evidencia el alcance de la extensión urbana en el hábitat natural de la especie.

Técnicos de la Unidad de Patrimonio Natural del MAE Pichincha junto con un especialista de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ)  constatataron la presencia del osezno en la zona. Foto: cortesía Ministerio del Ambiente

Técnicos de la Unidad de Patrimonio Natural del MAE Pichincha junto con un especialista de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) constatataron la presencia del osezno en la zona. Foto: cortesía Ministerio del Ambiente

Chaves aseguró que el oso ya se encuentra dentro de su hábitat en distribución natural y aclaró que “no representa riesgo para la comunidad ni para sus actividades diarias”. Asimismo, afirmó que se mantiene un canal de comunicación constante con los ganaderos que habitan la zona y, de esa forma, evitar el mal manejo del ganado, es decir, no cercarlo y ubicarlo en zonas de tránsito del mamífero.

La Secretaría del Ambiente del Municipio de Quito también recibió la alerta del avistamiento. Marco Romo, director de Gestión del Patrimonio Natural de la institución, plantea un llamado claro a la ciudadanía: mantener la calma, pues la presencia de oso andino se extiende a lo largo del Distrito Metropolitano de Quito y “ es una especie tímida, no ataca al ser humano; evita su contacto”, enfatiza.

Romo recuerda, además, que la protección de la especie omnívora es esencial para la vida silvestre de la capital. Los atentados contra la flora y fauna silvestre en Ecuador son un delito que está tipificado en el artículo 247 del Código Orgánico Integral Penal y contempla una pena de entre uno y tres años de prisión.

El oso andino es una especie en peligro de extinción a causa de la fragmentación, la pérdida del hábitat de su área de distribución y el conflicto fauna-gente. En el noroccidente de Quito, apenas se registra una población de 60 osos andinos, de acuerdo con información del MAE.

De acuerdo con datos del MAE Pichincha, hay 60 ejemplares de oso andino en el Distrito Metropolitano de Quito. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

De acuerdo con datos del MAE Pichincha, hay 60 ejemplares de oso andino en el Distrito Metropolitano de Quito. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

En cambio, a escala a escala regional- su estado de conservación es vulnerable de acuerdo con la Lista Roja de especies amenazadas, elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

En el 2013, el Consejo Metropolitano de Quito emitió la Resolución 431 que resolvió la creación del Corredor Ecológico del Oso Andino en el Noroccidente de Quito como un mecanismo para conservar y proteger a la especie. Actualmente, el área contempla más de 60 000 hectáreas distribuidas en las parroquias Calacalí, Nono, Nanegalito, Nanegal y San José de Minas.

Pero el esfuerzo de protección también contempla una responsabilidad ciudadana. “La idea es garantizar la seguridad de protección de las especies, pero además trabajar con las personas que viven en áreas por las que transita el mamífero para mitigar los conflictos con la especie”, explica Ofra Rodríguez, técnica de Unidad de Especies Protegidas de la Secretaría de Ambiente.

Quito Tierra de Osos
, por ejemplo, es un programa de conservación desarrollada por la Secretaría que busca, además de proteger al mamífero, la socialización de los peligros a los que está expuesto el oso andino. “Es importante que la ciudadanía conozca que un oso necesita 800 hectáreas para poder vivir y que apoyar su conservación, también incide en la protección de otras especies como el puma, el agua y los bosques”.

Rodríguez resalta que el 99% de osos andinos son vegetarianos. En Ecuador, los alimentos favoritos del animal son los aguacatillos, las bromelias, las achupallas y el maíz. Pero hay un 1% que es carnívoro, sobre todo ejemplares de edad avanzada. En ese sentido, la técnica detalla alternativas como medidas de protección.

La primera, dice, es que los propietarios de fincas, ganado y cultivo cerquen sus zonas de trabajo, para evitar la intromisión del mamífero. El ruido y la luz también ahuyentan a la especie. “Lo importante es generar un sonido fuerte porque eso los asusta. Incluso usted puede gritar para que se vaya”, dice Rodríguez.

La especialista también descarta la idea de liberar perros como método de vigilancia. “No es la forma, recordemos que es una especie en peligro de extinción y los perros pueden atacar al oso. Eso sería catastrófico. Muchas veces se le ha atribuido al oso los ataques al ganado y, hemos corroborado con el análisis de la mordida, que los responsables han sido perros ferales por su necesidad de alimentarse”, concluye.

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