21 de septiembre de 2019 00:00

Una aventura energética por las Siete Cascadas de El Zapanal

Si va a realizar rapel o canyoning en las cascadas, hágalo con guías certificados y verifique que sus equipos estén en buen estado. Foto: Cortesía Javier Rivera.

Si va a realizar rapel o canyoning en las cascadas, hágalo con guías certificados y verifique que sus equipos estén en buen estado. Foto: David Landeta / EL COMERCIO

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Un baño energético en medio del bosque húmedo es el principal atractivo que ofrecen las Siete Cascadas del Zapanal, destino ubicado a seis horas al sur de Quito, en el cantón Pangua, subtrópico de la provincia de Cotopaxi.

Para llegar allí se puede tomar la vía E30 desde Valencia, provincia de Los Ríos. También se puede hacer por el mismo camino desde La Maná, provincia de Cotopaxi. Antes deberá cruzar un tramo lastrado, en medio de fincas bananeras y cacaoteras, hasta llegar al sector de La Envidia.

Según relatos de los habitantes del sector, estas cascadas se originaron tras el fenómeno de El Niño de 1982, cuando se produjo un fuerte aluvión que limpió la montaña y originó las siete caídas de agua.

La temperatura promedio oscila entre los 18 y 25°C, razón por la cual ingresar en las aguas de este río hace que la decisión sea refrescante.

En la actualidad, este complejo natural es compartido por dos dueños: la familia Herrera Sanmartín (que administra desde la primera a la cuarta cascada) y Alfonso Herrera (quien administra la quinta y sexta caídas de agua). El visitante debe pagar USD 1 para ingresar en cada uno de estos territorios.

En el occidente de la provincia del Cotopaxi, en el canton La Maná se ubican las Siete Cascadas del Zapanal. En este lugar se pueden realizar deportes de aventura y caminatas. Foto: David Landeta / EL COMERCIO

En el occidente de la provincia del Cotopaxi, en el canton La Maná se ubican las Siete Cascadas del Zapanal. En este lugar se pueden realizar deportes de aventura y caminatas. Foto: David Landeta / EL COMERCIO


Cada cascada tiene su nombre. La primera se llama Sanmartín, la segunda Del amor, la tercera Del cangrejo, la cuarta -la más grande- se llama De la muerte, la quinta del Amor y la Amistad, mientras que la sexta se llama Del tobogán.

La séptima cascada aún no ha sido bautizada, ya que los turistas no suelen subir a menudo allí. De hecho, no se han trazado senderos todavía en ese sector, ya que demanda de 30 minutos adicionales de caminata continua.

Ninguna caída de agua es igual a otra. A las cascadas Del amor acuden más las parejas de enamorados, mientras que a la cascada Del tobogán van por la resbaladera de piedra de 10 metros de extensión y por la piscina natural de 5 m de profundidad, en donde los más arriesgados ensayan clavados, descenso en rapel o practican canyoning.

Los caminos para llegar a cada cascada se pueden realizar en menos de una hora de caminata. Se recomienda usar la  indumentaria adecuada. Foto: David Landeta / EL COMERCIO

Los caminos para llegar a cada cascada se pueden realizar en menos de una hora de caminata. Se recomienda usar la indumentaria adecuada. Foto: David Landeta / EL COMERCIO


La cascada De la muerte es la más imponente de todas, en este sector de clima subtropical. Mide 95 metros de alto y su caída de agua esboza un color similar a la leche derramada. Esta es la cascada más peligrosa, por eso si acude con niños, no los descuide ni un solo momento, ya que las piedras de sus pendientes son muy resbalosas.

Este destino se encuentra en medio de una vegetación en donde se destacan la caña guadúa, paja toquilla, palmito, bromelias, heliconias, entre otras especies. Allí se posan mariposas, libélulas y abejas; además que anidan colibríes, papagayos, tucanes, pájaros carpinteros y tangaras multicolores.

En las zonas aledañas hay lugares para probar la gastronomía local. Un almuerzo con productos típicos oscila entre los USD 5 y 7.

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